El presidente de Rusia, Vladimir Putin, regresó esta semana a China en una visita que marca un cambio en su posición internacional. Ya no llega como un líder aislado y dependiente de Pekín, sino fortalecido tras su cumbre del 15 de agosto en Alaska, donde fue recibido con honores por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Putin logró que Washington moderara su presión: Trump desistió de exigirle el fin de los bombardeos en Ucrania y de amenazar con nuevas sanciones contra Moscú. Ese gesto ha permitido al mandatario ruso presentarse en Tianjin como un actor global que dialoga “de tú a tú” tanto con Estados Unidos como con China.
En el gigante asiático, Putin participa en la cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), junto a más de una decena de líderes regionales, entre ellos Kim Jong-un y el primer ministro indio, Narendra Modi.
El encuentro incluye un desfile militar en Pekín este 3 de septiembre, conmemorando los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, al que también asisten los presidentes de Irán y Corea del Norte.

Un bloque en construcción
Analistas internacionales consideran que esta visita busca enviar un mensaje claro a Occidente: la alianza entre Moscú y Pekín se consolida. Rusia se ha convertido en proveedor clave de recursos energéticos para China, mientras que el país asiático es hoy su principal socio comercial tras la salida de empresas occidentales.
“Ambos países desafían la hegemonía de EE.UU., son potencias nucleares y miembros del Consejo de Seguridad de la ONU. Sus intereses estratégicos coinciden”, señaló al medio BBC el diplomático Pierre Andrieu al analizar la creciente cooperación.
La posible reactivación del bloque Rusia-India-China (RIC), tras años de inactividad, se suma a los movimientos de Moscú y Pekín para proyectar una alternativa al dominio occidental en los asuntos globales. Aunque India mantiene tensiones con ambos y busca un delicado equilibrio, la presencia de Modi en la cumbre es interpretada como un acercamiento estratégico.

China, el centro del tablero
Los expertos advierten que, más allá de la fuerza de estas alianzas, lo que muestran los acontecimientos en Pekín es el fortalecimiento del papel de China como epicentro de la diplomacia autoritaria.
“Será difícil que esta unión perdure, porque sus participantes tienen intereses divergentes”, explicó Neil Thomas, especialista en política china. “Pero la imagen de Putin, Kim y el presidente iraní marchando juntos en la plaza de Tiananmén consolida la posición de China como la potencia autoritaria líder en el mundo”.
En un escenario marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones comerciales entre Trump y Pekín, la visita de Putin y la cumbre de Tianjin confirman un reacomodo de fuerzas que desafía la estrategia estadounidense de aislar a Rusia y contener a China.
*Con BBC
