Ezequiel Molina | Septiembre 29, 2025
El impredecible final de los dictadores latinoamericanos está en la palestra de los análisis, incluyendo la de plumíferos, agitadores y propagandistas profesionales al servicio de la triada dictatorial sobreviviente del naufragio izquierdista en América Latina, cada una con sus particulares estilos de ejercer la represión, la rapiña y el afán de atornillarse al poder. El Socialismo Siglo XXI, respaldado por los petrodólares expoliados al pueblo venezolano por el nefasto y extinto Hugo Chávez, sólo sirvieron a las dictaduras tropicales para crear una neo burguesía un poco alejada de la “explotación del hombre por el hombre”, y más cercana a los tiempos globales del narcotráfico, el tráfico de personas y el blanqueo de capitales.
El escenario bélico montado por la administración Trump frente a las costas venezolanas, más la acumulación de medios y personal militar en Panamá y Puerto Rico, de acuerdo con analistas geopolíticos y especialistas en temas militares, sólo puede significar la posibilidad real, se habla de semanas, de golpear militarmente a la dictadura chavista de Maduro bajo diferentes alternativas de ataque.
Y es que una vez expulsado Maduro del poder, la oposición venezolana se encuentra preparada, dentro de las condiciones existentes de un escenario de vacío de poder, para que el electo presidente, González Urrutia y su equipo de trabajo tomen las riendas de la conducción del país y enrumben a Venezuela hacia la estabilidad, la libertad, la prosperidad y la democracia.
Lo descrito es creíble, y ojalá se haga realidad para así terminar el sufrimiento vivido por millones de venezolanos que siguen resistiendo a lo interno, así como aquellos que lograron escapar del país y hoy se encuentran bajo difíciles condiciones en los países de acogida. Se estima que unos 8 millones de venezolanos escaparon del país, producto del colapso económico, la crisis humanitaria y la represión gubernamental; de ellos unos 2.5 millones se encuentran en Colombia, lo que significa que un fenómeno de repatriación masiva podría estar a las puertas, lo que comprometería a la nueva administración a crear la estabilidad económica, política y social que incentive la repatriación de los desplazados.
El caso Nicaragua, parece ser menos agudo que el venezolano por ser una economía más pequeña y tener establecida sus relaciones económicas dentro de la funcionalidad del DR-CAFTA, además de poseer una producción estable para el autoconsumo y una infraestructura productiva moderadamente adecuada al actual nivel de desarrollo. Pero eso no parece ser suficiente para enfrentar el reto de la caída de la dictadura, que podría estar cercana una vez caiga Maduro, ya que dicha caída podría significar el acceso a la “contabilidad paralela” de las cuentas nacionales venezolanas, referidas al derroche millonario de petrodólares entregado a la dictadura sandinista y muy seguramente las cuentas ocultas del tráfico de personas, tráfico de drogas y los envíos de oro hacia Nicaragua.
Lo anterior pondría a la dictadura sandinista en condiciones de absoluta ilegalidad internacional, y su permanencia en el poder alcanzar un nivel de fragilidad extremo; pero su caída nos enfrenta a un reto que reducido a una pregunta, es más que preocupante: ¿tiene la oposición nicaragüense la organización, los planes iniciales y las estrategias definidas para asumir la responsabilidad de la conducción del país en una condición post dictatorial de casi 20 años?
