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De opositora a modelo del régimen: Berenice Quezada regresó a Nicaragua Diseña

La ex Miss Nicaragua y excandidata a la vicepresidencia, Berenice Quezada, sorprendió este fin de semana al reaparecer en la pasarela de Nicaragua Diseña, un evento de moda dirigido por Camila Ortega Murillo, hija de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo.

La participación de Quezada sorprende, pues en julio de 2021, aseguró que “no volvería a participar en ninguna actividad” del régimen, tras presentarse como opositora y candidata a la vicepresidencia de Nicaragua por el extinto partido Ciudadanos por la Libertad (CxL).

En esa ocasión, Quezada aseguró que no tenía vínculos con Camila Ortega —directora de Nicaragua Diseña— y prometió que “no volvería a participar en ninguna actividad del gobierno”.

En el año 2017 cuando yo fui Miss Nicaragua, participé en Nicaragua Diseña y por obvias razones conozco a la familia Ortega, nos relacionamos con la familia Ortega en el año de Miss Nicaragua y esas son las relaciones que tenemos con ellos hasta el momento, de ahí no hay nada, ni siquiera amistad con ella (Camila), me vieran en sus fiestas, en sus cumpleaños, modelar en Nicaragua Diseña y hasta la fecha después de lo que pasó en 2018 que no participo en ninguna actividad del gobierno, en ninguna, y no lo voy a seguir haciendo”, respondió entonces Quezada al ser preguntada sobre una supuesta cercanía con Camila Ortega.

Berenice Quezada saltó a la fama al coronarse Miss Nicaragua 2017. Pero su trayectoria cambió drásticamente en 2021, cuando decidió dar un salto a la política como fórmula vicepresidencial del opositor Óscar Sobalvarro, bajo la bandera del extinto partido CxL.

Apenas un día después de inscribirse oficialmente ante el Consejo Supremo Electoral (CSE), Quezada fue inhabilitada y puesta bajo arresto domiciliario, acusada por el Ministerio Público del delito de “provocación, proposición y conspiración para cometer actos terroristas”.

Su “delito” fue haber llamado a los nicaragüenses a “salir a votar” y afirmar que el país “no quería más dictaduras”.

CxL denunció en aquel momento que su candidata fue notificada por la Policía y la Fiscalía de que quedaba bajo retención domiciliaria, sin acceso a comunicación ni posibilidad de postularse a cargos públicos.

El régimen la inhabilitó para competir, y pocos días después el CxL fue cancelado por el CSE, sellando la eliminación total de la competencia electoral frente a Ortega.

Incluso el Departamento de Estado de Estados Unidos condenó su arresto, asegurando que el matrimonio Ortega-Murillo “tocó un nuevo fondo” al criminalizar sus declaraciones.

Símbolo opositor y contradicción pública

Antes de su incursión política, Quezada se había mostrado cercana a las causas ciudadanas. En 2018 participó en marchas antigubernamentales y promovió una campaña para ayudar a “Doña Coquito”, una vendedora ambulante convertida en símbolo de las protestas por regalar agua a los manifestantes. “Doña Coquito”, falleció el 21 de febrero de 2024.

Durante esos años, Berenice se desmarcó públicamente del régimen y de cualquier vínculo con Nicaragua Diseña, la plataforma estatal donde modeló en 2017, antes del estallido social.

Por eso, su regreso al mismo evento, ocho años después, ha causado sorpresa, pues era considerada víctima de la represión y ejemplo de resistencia cívica.

Nicaragua Diseña, vitrina del poder

El evento Nicaragua Diseña fue fundado en 2012 y es dirigido por Camila Ortega Murillo, hija de los dictadores, sancionada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

 A lo largo de los años se ha convertido en una vitrina propagandística del régimen, con recursos públicos y apoyo de instituciones del Estado.

La trayectoria de Quezada ilustra el ciclo de cooptación y control con el que el régimen Ortega-Murillo intenta desactivar figuras públicas incómodas. Lo que comenzó como un arresto político en 2021 podría ahora transformarse en una narrativa de “retorno y normalización” dentro del aparato cultural del poder.

Entre la memoria y la pasarela, Berenice Quezada vuelve a ser noticia. Pero esta vez, no por su voz crítica o su activismo, sino por un desfile que revive viejas heridas en un país donde la moda, la política y la represión se cruzan bajo los reflectores del autoritarismo.