Ariel Montoya | 30 octubre 2025
Mientras Estados Unidos mantiene la presión a la tiranía de Daniel Ortega, fuerzas políticas liberales se desplazan dentro del territorio nacional, viajando de manera sigilosa por pueblos, valles y ciudades y reuniéndose con pocas personas debido a la feroz persecución a todo aquel que se oponga a los mandatos totalitarios de la pareja Ortega-Murillo, para enarbolar la bandera de la unidad política opositora, y ser en su momento una opción de cambio desde el relevo generacional y la conjunción de corrientes democráticas provenientes del liberalismo, el conservatismo, contras, independientes y otros pertenecientes a los partidos socialcristianos, socialdemócratas y antisandinistas.
Estos esfuerzos, bajo otras estrategias y siempre bajo condiciones muy difíciles, ya se habían echado a andar desde el año 2023, pero fueron abortados y dos de sus dirigentes, Valmore Valladares y Alejandro Hurtado, están encarcelados (por quienes seguimos pidiendo su libertad inmediata junto al resto que se encuentra injusta y cobardemente tras las rejas), siendo ellos reclamantes históricos del viejo Partido Liberal Independiente (PLI), quienes incluso habían elaborado un documento conocido como “La ruta hacia la democracia” con una propuesta confiable y certera para iniciar un proceso de diálogo entre el régimen sandinista, Estados Unidos y la naciente oposición política de cara a una salida a la crisis institucional y política; pero Ortega y el sandinismo, en vez de mostrar interés a lo escasamente preestablecido, echó todo por la borda, dejando clara una vez más su incivilizada propensión al diálogo político transparente, subestimando a opositores nicaragüenses y a la propia potencia estadounidense.
Al menos en esa agenda de trabajo se logró que «La ruta hacia la democracia» la conocieran ciertos sectores políticos, el cuerpo diplomático acreditado en Managua, un sector de la comunidad internacional a través de filtros periodísticos y el Departamento de Estado de Estados Unidos, con el cual existe ahora una comunicación mucho más estrecha, al igual que con fuerzas democráticas de Latinoamérica, Europa y Asia.
Esta vez las cosas han cambiado y el panorama político no es el mismo ni siquiera de hace un año. La dictadura ahora no está en su mejor momento y las circunstancias están generando grandes oportunidades para que surja una verdadera oposición política, que sea capaz de lograr un cambio de sistema, lejos del empantanado «socialismo del siglo XXI», respetuoso de la división de poderes del Estado y abierto plenamente a la libre empresa y a la inversión extranjera.
La suspensión del Cafta debe darse y mientras más pronto mejor, petición que junto al partido OPA muchos nicaragüenses, aún conscientes de que el pueblo más sufrido correrá mayormente las consecuencias, están de acuerdo en que se aplique y que incluso se den otras sanciones contra la tiranía sandinista.
Por cierto, sobre la suspensión del Cafta, somos conscientes de que el mayor sacrificio lo cargarán en carne propia aquellos que pierdan sus empleos, pero también veamos que sobre esta variante está además todo un pueblo sojuzgado, acosado y asfixiado por la carestía de la vida en un país donde sólo la casta gobernante —ahora junto a la cúpula empresarial de la cual conversaremos más adelante— es la única beneficiada económicamente hablando. Para nadie es un secreto que aquí el único culpable de que se suspenda este acuerdo comercial es el régimen dictatorial de Daniel Ortega.
En cuanto a la unidad política, de la cual ya existen acuerdos contundentes entre el movimiento “Liberalismo Puro”, los reclamantes del PLI histórico y el partido OPA, hay buenos indicios de que las bases de los partidos tradicionales, los de tendencia liberal sobre todo, que componen la reserva electoral política más importante, están de acuerdo en reorganizarse, apartados evidentemente de las cúpulas de antaño, y conscientes de dar este paso, pues el deterioro en que vive el país está por hacerlo colapsar en cualquier momento.
Pero también esperan más de la comunidad internacional, sobre todo de la administración del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio, conscientes de que de llegar a darse un entendimiento político con Estados Unidos y la unidad política liberal, este deberá darse después de que sean liberados todos los presos políticos (y restituidos en sus derechos y su permanencia en el territorio nacional y no desterrados y desnacionalizados), poner fin a las confiscaciones, a las persecuciones religiosas y políticas y al periodismo independiente; estando de acuerdo con las declaraciones recientes del congresista republicano Carlos Jiménez de la Florida, de que cese la represión y se den elecciones libres con observación internacional.
De este primer intento de unidad política liberal desde marcados relevos generacionales y sin exclusiones a lo interno y externo de la familia democrática, junto a las presiones y sanciones que vendrán contra Ortega de parte de Estados Unidos y otros países, se marca un antes y un después en favor de la libertad de Nicaragua, y merece el respaldo unánime de todos, en bien de todos. A fin de cuentas, la democracia y la libertad son una verdadera fiesta para los pueblos libres.
El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional y fundador del Partido Liberal Conservador Clásico (OPA).
*Artículo de opinión publicado originalmente en El Nacional
