La fundación Puentes para el Desarrollo alerta sobre la feminización de la vejez y la exclusión de más de medio millón de adultos mayores del sistema de pensiones
La fundación Puentes para el Desarrollo de Centroamérica presentó este jueves 30 de octubre, el estudio El precio de envejecer en Nicaragua: ¿Quién cuida a quienes nos cuidaron?, un análisis que expone las duras condiciones en que viven miles de adultos mayores en el país.
El documento busca sensibilizar y visibilizar las carencias estructurales que enfrentan las personas de la tercera edad, especialmente en los ámbitos de empleo, salud y seguridad social.
Basado en datos oficiales, el informe deja en evidencia la distancia entre el discurso triunfalista del régimen Ortega-Murillo —que presume de estabilidad y prosperidad— y la realidad de empobrecimiento y abandono que vive la población, en particular los sectores más vulnerables.
Una población que envejece sin red de protección
Nicaragua está envejeciendo a un ritmo acelerado. Hace dos décadas, solo el 4.77% de la población tenía más de 60 años; en 2014, el porcentaje subió al 7%, y para 2024 alcanzó el 9.77%, equivalente a 671,724 personas adultas mayores.
La tendencia, advierte el estudio, continuará en aumento en los próximos años.
Este proceso de envejecimiento impacta directamente en la economía nacional: presiona el sistema de pensiones y de salud, reduce la productividad, incrementa los gastos familiares y profundiza la pobreza y la desigualdad.
Pensiones de hambre: solo 1 de cada 5 recibe una jubilación completa
El estudio subraya que solo el 20% de los adultos mayores recibe una pensión de vejez completa del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Esto significa que más de medio millón de personas mayores están excluidas del sistema.
Sin redes familiares ni oportunidades de empleo digno, muchos sobreviven en el desamparo.
“La realidad de las pensiones es la del hambre al acecho”, resume el informe.
La pobreza con rostro de mujer
La investigación destaca que la vejez en Nicaragua tiene rostro femenino. Las mujeres representan el 54.3% de la población mayor de 60 años, frente al 45.7% de hombres.
Además, solo el 16% de las mujeres adultas mayores recibe una pensión completa, mientras que apenas el 8.6% accede a una pensión de viudez, con un monto promedio de C$3,730.72, una cantidad insuficiente para cubrir sus necesidades básicas.
“La vejez tiene rostro de mujer, y también la desigualdad”, señala la fundación, al advertir que las mujeres mayores suelen enfrentar mayores niveles de dependencia económica, precariedad y soledad.

“Ahorro” a costa del sufrimiento
Los datos del estudio revelan una reducción alarmante en los apoyos del INSS a las personas mayores. Entre 2015 y 2023, la entrega de medios auxiliares como sillas de ruedas, muletas y bastones se desplomó de cientos de unidades a apenas unas pocas por año.
“¿Se volvieron los jubilados atletas de la noche a la mañana, o el INSS está ahorrando a expensas del calvario de quienes apenas pueden moverse?”, cuestiona el informe.

Incluso el subsidio para gastos funerarios ha sido recortado: de 8,428 en 2021 a solo 6,013 en 2023, lo que los autores califican como “ahorro a costillas de los fallecidos”.
Pérdida del poder adquisitivo: cada vez menos comida en la mesa
El poder adquisitivo de las pensiones se ha erosionado drásticamente. En 2020, una pensión promedio cubría el 62.5% del costo de los alimentos de la canasta básica. En 2024, esa cobertura cayó al 44.5%.
En términos simples, los pensionados han perdido el 18% de su capacidad para alimentarse en los últimos cinco años.
“Este deterioro se traduce en menos frijoles, menos queso, menos tortillas”, apunta el estudio.
Un llamado urgente
Puentes para el Desarrollo concluye que la crisis del sistema previsional —producto de corrupción, incompetencia y despilfarro— se refleja hoy en miles de ancianos que enfrentan hambre, dolor y abandono.
“El envejecimiento no debería ser una condena, pero en Nicaragua lo es”, sentencia el informe, que llama a adoptar políticas públicas urgentes para garantizar una vejez digna, especialmente para las mujeres.
