Análisis de Vladimir de la Cruz en La Mesa Redonda: el impacto global del encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, el rol de los BRICS y las tensiones en Venezuela y Costa Rica.
El más reciente encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping, realizado en Corea del Sur durante la cumbre del APEC, marcó un nuevo capítulo en la compleja relación entre Estados Unidos y China. Según el historiador y analista político Vladimir de la Cruz, invitado de La Mesa Redonda, esta “tregua comercial” podría reconfigurar el equilibrio de poder mundial y tener consecuencias directas en América Latina.
Durante la entrevista, el periodista Sergio Marín y el exembajador costarricense analizaron los acuerdos alcanzados entre las dos potencias, los efectos de la expansión china, las tensiones militares en el Caribe y el incierto panorama político en Costa Rica de cara a las elecciones de 2026.
Una tregua frágil entre gigantes
El acuerdo alcanzado entre Trump y Xi incluye la reducción del 10% de los aranceles estadounidenses sobre productos chinos y la eliminación de limitaciones a las exportaciones de tierras raras, esenciales para la industria tecnológica. Sin embargo, Vladimir de la Cruz advirtió que la durabilidad de estos pactos dependerá de la voluntad política de ambas partes.
“Con Trump no hay nada seguro —explicó—. Es un presidente impredecible, que rompe acuerdos cuando le conviene. Pero esta vez enfrenta a una potencia consolidada en lo económico, financiero y militar”.
Para el analista, China aprovecha este contexto para reforzar su atractivo como destino de inversiones y consolidar su liderazgo rumbo a 2030, cuando se proyecta que será la principal potencia comercial del planeta.
China, Rusia y los BRICS: un bloque en ascenso
El experto recordó que China y Rusia, lejos de competir, fortalecen su alianza dentro del bloque BRICS, al que ya se han sumado más de 60 países. Este eje económico y político supera en influencia a la Unión Europea y desafía la hegemonía estadounidense.
Además, la Iniciativa de la Franja y la Ruta extiende la presencia china por África, Asia y América Latina. Desde el puerto del Callao en Perú hasta las inversiones en telecomunicaciones y energía en Centroamérica, Pekín teje una red estratégica que combina comercio, infraestructura y diplomacia sin recurrir a la confrontación militar.
Venezuela: la pieza latinoamericana del tablero
El diálogo también abordó la creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela. Trump ha declarado que los “días de Maduro están contados”, mientras mantiene un despliegue militar en el Caribe sin precedentes en décadas.
Según De la Cruz, Washington intenta justificar una posible intervención bajo el argumento del narcotráfico y el terrorismo internacional, pero carece de legitimidad y apoyo global.
“Nadie acepta hoy que un país se meta militarmente a cambiar gobiernos”, afirmó, recordando que Venezuela conserva vínculos diplomáticos con más de 100 países y apoyo dentro de organismos internacionales.
El analista subrayó además el papel de Chevron, que opera en la Faja del Orinoco, como factor de presión interna para evitar un conflicto que podría afectar los intereses energéticos estadounidenses.
Costa Rica: elecciones entre fragmentación e incertidumbre
En la parte final, el análisis giró su mirada hacia Costa Rica, donde el proceso electoral de 2026 se desarrolla en un clima de descontento y fragmentación.
Más del 50% del electorado se declara indeciso, mientras 20 partidos presidenciales y 23 provinciales compiten sin un liderazgo claro. De la Cruz advirtió que el país vive una “somnolencia política”, donde los debates carecen de propuestas y los escándalos sustituyen la discusión de fondo.
El historiador también destacó la fortaleza del Tribunal Supremo de Elecciones, que goza de independencia y legitimidad desde su creación en 1949, a pesar de los ataques recientes del presidente Rodrigo Chaves, acusado de beligerancia política.
El episodio de La Mesa Redonda evidenció que el mundo atraviesa un reacomodo de poder: China y Rusia consolidan su influencia global, mientras Estados Unidos enfrenta sus propios límites en política exterior. América Latina, en medio de estos movimientos, se convierte en un campo estratégico de disputa económica y diplomática.
“Estamos viendo una nueva distribución del poder mundial —concluyó De la Cruz—. Y América Latina debe entender que su papel ya no es el de espectadora, sino el de participante activo en este cambio de época”.
