Adrián Meza Soza | 24 noviembre 2025
Con este artículo, no pretendemos darle prolongación a la larga guerra de los “ismos” que agobia la discusión y la práctica política de la oposición nicaragüense en el exilio. El debate sobre “el sandinismo “, “ el somocismo “, “ el izquierdismo “, “la derecha”, “ el progresismo” etc, viene conformándose en lo que pareciera ser, una excusa eterna para seguir esperando que otros hagan, lo que nos corresponde hacer a los nicaragüenses comprometidos con la restitución de la República.
Tampoco pretende, salvar las responsabilidades históricas de la revolución sandinista y de los crímenes que se cometieron en su época y en su nombre. No jugamos al “sandinismo bueno” vs. el Orteguismo y el Murillismo porque desgraciadamente hay vasos comunicantes innegables, de la misma forma que el padre no puede negar que por las venas del hijo criminal, corre la misma sangre, aunque sean dos personas distintas, con responsabilidades diferenciadas ante la sociedad y el mundo en que han vivido.
Dicho esto, empecemos.
Hoy en Nicaragua, no hay graduación universitaria, acto público, velada de colegio, ni oficina gubernamental en la que no presida el escenario, la bandera roja y negra como símbolo de un nuevo concepto patriotero consignado en la “ Constitución de alcoba “ (término usado por otro articulista), del 2025 . Con ello, cualquiera pudiese pensar que la nueva familia gobernante cree en el sandinismo , como los árabes creen en el Islam y su profeta Mahoma.
Pero en realidad, se trata de un juego de espejos que ya conocimos en el reinado anterior de la familia Somoza. La dinastía familiar somocista escogió al liberalismo como su fuente de legitimidad política y representación partidaria. Pero la dictadura creada sobre el cadáver de Sandino en 1934 no tenía de liberal, más que el color rojo de su bandera por un problema sencillo de contradicciones estructurales. Nadie puede imaginarse a la Dictadura de los Somoza, respetando el Estado de Derecho, la división de poderes, la independencia de los jueces, y el sufragio electoral , (instituciones básicas del liberalismo), porque entonces, su modelo de poder dinástico, hereditario, absolutista y totalitario simplemente no hubiese podido existir.
Así, en el somocismo, la realidad política y material de su modelo , representaba una contradicción ostensible con las banderas ideológicas que le servían de disfraz , escudo , excusa y justificación narrativa.
En la nueva etapa neo monárquica de dinastía familiar que atraviesa Nicaragua , el escenario de la simulación política, se repite como herencia conductual de la Dictadura desplazada en 1979.
Así, se vende un modelo de “sandinismo en su segunda etapa” que se pretende preñado de “socialismo, cristianismo y solidaridad” con una visión que mezcla retazos de ideas políticas, invocaciones místicas, prácticas esotéricas y por supuesto, semblanzas plañideras de héroes que se revuelcan en su tumba sabiéndose utilizados como lampazo para limpiar las miserias de un régimen que encarna todo aquello contra lo cual en su momento, lucharon hasta el sacrificio de sus propias vidas.
En ese escenario , es obvio que el proyecto político de la familia Ortega y Murillo, es antisandinista por su propia naturaleza, entendiendo el sandinismo como el conjunto de ideas originarias que constituyeron la partida de nacimiento histórica suscrita por Sandino y su ejército campesino, diferenciándolo de manera natural de los acentos que le imprimieron Carlos Fonseca y la generación de hombres y mujeres que conformaron el FSLN en los años sesenta, y no por malos o por buenos, sino por diferentes en su esencia y contextualización, de la misma manera que el pensamiento político de Sandino, era cualitativamente diferente al pensamiento político de Farabundo Martí, su contemporáneo en las luchas de liberación de Centroamérica en la primera mitad del siglo pasado.
Así el nuevo modelo dinástico habla de los pobres en esa lógica narrativa, pero mantiene a los trabajadores nicaragüenses, en el nivel más bajo del salario mínimo centroamericano.
Habla de soberanía nacional y anti imperialismo, pero vienen entregando el país en concesiones mineras , leyes con exoneración fiscal, y zonas completas del territorio, en manos de chinos, rusos, o cualquier otro que se constituya en sombrilla política internacional para su modelo dinástico de poder.
Hablan de la lucha contra “los ricos y capitalistas” pero en la práctica, han convertido a los grupos financieros de Nicaragua, en la élite económica, que mayores ganancias ha obtenido en toda Centroamérica, sobre la base de la expoliación y el abuso contra los usuarios de los servicios bancarios del país, en un contubernio y maridaje lleno de capítulos en los que los cónyuges (Grupos financieros y Dictadura de Murillo y Ortega) amenazan con divorciarse, pero terminan siempre, compartiendo la alcoba nocturna por los réditos que ambos obtienen de ese matrimonio mal habido.
Se llenan la boca, sus catedráticos hechos de barro en la Paz Centro en sus conferencias sobre el “pequeño ejército loco” de Sandino mientras el ejército pretoriano a su servicio, persigue y reprime a las familias campesinas , los obligan al exilio y al refugio en el extranjero y usurpan sus tierras y fincas con el pretexto de resguardar territorialmente las fronteras en el norte y el sur del país.
En pocas palabras, usan la narrativa originaria del sandinismo (Soberanía Nacional, defensa de los pobres, autodeterminación,) mientras su práctica política se mueve exactamente en la dirección contraria, dejando en calzoncillo argumentativo a quienes desesperadamente tratan de defender a la Dictadura, desde una silla de diputado, o desde los programas “periodísticos” de tele alcantarilla que grafican de forma elocuente, la reserva moral del régimen actual en Nicaragua.
A esas alturas, incluso quienes ingenua y decentemente, en una primera etapa, estaban convencidos de la premisa de la “continuidad de la revolución sandinista” hoy guardan un silencio sepulcral ante la imposibilidad de negar el verdadero carácter neo monárquico, reaccionario, y absolutista del modelo de la nueva dinastía familiar, que lucha por legitimarse, bajo las banderas de un sandinismo enterrado por quienes lo enarbolan, en una mezcla de consigna política y anuncio comercial.
La nueva familia en el Poder, por eso ha visto, en el sandinismo, un enemigo peligroso, al cual extirpar mientras se le alaba y utiliza como bandera y narrativa. Ellos no tienen ningún mérito político o histórico que presentar y por eso tienen que eliminar del panorama a toda costa a quienes fueron protagonistas de esa etapa, incluyendo a algunos que les sirvieron de cómplices iniciales y aliados. En la carrera por consolidar su dominación sanguínea y filial ante la decadencia política y biológica de su progenitor, tienen que limpiar todos los obstáculos aceleradamente , y es importante entender que la naturaleza del sandinismo originario es una de las más grandes contradicciones que enfrentan para consolidar su modelo .
Por esa misma razón, los sandinistas que no tienen un pasado del cual avergonzarse, o que no estuvieron jamás disfrutando de las mieles del poder y que hoy no tienen, ni riquezas mal habidas, ni sangre en las manos, no tienen ninguna obligación de mantenerse al lado de un régimen que en el fondo los desprecia, más allá de las difíciles circunstancias de vida que seguramente, les impide adoptar momentáneamente, una decisión final que los pueda salvar ante el juicio implacable y certero de la historia.
Adrián Meza Soza | Profesor universitario
