Por Echo25
Las recientes intervenciones de José Antonio Peraza han revivido un debate recurrente dentro de la oposición democrática nicaragüense: ¿se debe priorizar una unidad monolítica a toda costa, o aceptar un pluralismo competitivo? Peraza argumenta que iniciativas como Ruta del Cambio, encabezada por Félix Maradiaga, y el relanzamiento de Ciudadanos por la Libertad (CxL) bajo la coordinación de Juan Sebastián Chamorro, constituyen una “competencia electoral prematura” que amenaza la cohesión opositora en el exilio. Según su diagnóstico, estos movimientos generan desconfianza interna y se oponen al supuesto clamor de unidad de la oposición.
El problema es que esta lectura cae en tres errores fundamentales. Primero, omite que el ecosistema político en que opera la oposición ha sido moldeado por la represión estatal, exilio forzado, desnacionalización, persecución transnacional, precariedad migratoria y fracturas ideológicas. Segundo, no considera que el objetivo de seguridad política prioritario de la dictadura es la exacerbación sistemática de las diferencias entre líderes y organizaciones de la oposición, así como la aniquilación de su credibilidad. Tercero, omite que la oposición nicaragüense opera en un entorno regional que se aproxima a una transformación estratégica significativa. Ignorar este contexto no es solo un fallo analítico, sino que lleva a conclusiones completamente erradas.
1. Unidad, pluralismo y la realidad operativa de la oposición
Peraza afirma que CxL y Ruta del Cambio constituyen proyectos ilegítimos por no cumplir los requisitos de la Ley Electoral, y concluye que cualquier intento de articulación política fuera del país es una distorsión del mandato electoral. Pero este planteamiento desconoce que ninguna de estas organizaciones pretende competir en elecciones bajo las reglas del régimen Ortega-Murillo. Su objetivo es muy distinto: construir un tejido político, articular visiones programáticas y posicionarse como alternativas de poder ante un eventual colapso dictatorial.
La experiencia reciente deja lecciones claras:
La unidad no se construye sin considerar las limitaciones coyunturales. La simple oposición al régimen no ha sido suficiente incentivo para eliminar las contradicciones ideológicas ni solventa la diversidad política. El mapa opositor incluye corrientes democráticas de izquierda, liberales, conservadoras y nuevas derechas, cada una con historias, prioridades y tensiones propias. Pretender una unidad homogénea es ignorar la naturaleza poliárquica del exilio, sobre todo cuando infiltrar y exacerbar dichas diferencias es prioridad de seguridad interna en el exterior para la dictadura.
El régimen ha explotado sistemáticamente las divisiones. La estrategia de medidas activas del sandinismo está diseñada para amplificar diferencias, reabrir viejas disputas y erosionar credibilidades e infundir terror. Una oposición monolítica —aunque potencialmente fuerte— sería un blanco fácil para el régimen. El pluralismo, en cambio, distribuye riesgos y obliga a la dictadura a dislocar sus activos de inteligencia y medidas activas.
2. ¿Competencia prematura o preparación estratégica?
El argumento central de Peraza —que los movimientos en el exilio representan una carrera electoral prematura— confunde la forma con el fondo. En la coyuntura actual, la oposición no compite por votos, sino por relevancia, estructura y capacidad de respuesta política.
La región se encamina hacia un posible reordenamiento geopolítico, en el que la administración Trump persigue la reafirmación de su vecindario regional. Si en Venezuela se consolida un escenario de colapso del régimen, con o sin intervención militar —selectiva o multimodal— de Estados Unidos, el impacto golpearía directamente al sostén estratégico del castrismo en Cuba y al régimen Ortega-Murillo en Nicaragua. Un debilitamiento simultáneo del eje Caracas–La Habana–Managua abriría un vacío de poder inédito que podría afectar al resto de Centroamérica, con efectos que se encuentran fuera de los intereses manejables de Washington.
Ignorar este horizonte sería irresponsable. Para aprovechar esa ventana estratégica, la oposición debe demostrar organización, credibilidad y capacidad de gestión anticipada. Eso implica estructuras diversas, liderazgos visibles y acumulación de capital político internacional. Leer estas iniciativas como “competencia electoral” refleja una falta de interés en interpretar la coyuntura realistamente.
3. Legalidad, legitimidad y el quiebre del orden constitucional
Peraza sostiene que Ruta del Cambio y CxL carecen de legitimidad por no ajustarse a las normas de la Ley Electoral. Pero este razonamiento parte de una premisa falsa: que en Nicaragua existe un orden jurídico funcional. La ruptura definitiva ocurrió en 2018, cuando el régimen ejecutó violaciones sistemáticas y generalizadas de derechos humanos, documentadas por el GIEI y por organismos como el GHREN. El uso de fuerza letal contra manifestantes desarmados, ejecuciones extrajudiciales, tortura, detenciones arbitrarias y persecución política constituyen crímenes de lesa humanidad y representan un acto de insurrección del Estado contra su propia Constitución.
Desde entonces, el régimen no opera dentro del marco constitucional, sino contra él. Reformas posteriores no corrigen este quiebre, sino que profundizan la ilegitimidad del sistema jurídico y político fáctico. En ese contexto, apelar a la Ley Electoral como criterio de legitimidad equivale a aceptar el andamiaje de una dictadura que rompió el pacto constitucional.
Es precisamente por eso que las fuerzas opositoras deben construir legitimidad desde fuera del marco jurídico capturado por el régimen. La oposición organizada en el exilio no es una anomalía; es una necesidad derivada de la destrucción deliberada del Estado de derecho.
Conclusión
La crítica de Peraza descansa en premisas que no resisten el escrutinio estratégico. La oposición nicaragüense necesita pluralismo, iniciativa y estructuras preparadas para un escenario de transición que podría acelerarse por factores regionales. Confundir organización estratégica con competencia electoral prematura es un error de diagnóstico que distorsiona el impacto estratégico de la oposición en el exilio.
En un momento de potencial reconfiguración regional, la oposición debe actuar con visión, no con miedo a la diversidad y las contradicciones no resueltas. Frente a una dictadura que rompió el orden constitucional y desmanteló cualquier posibilidad de retorno a la democracia, construir alternativas políticas ágiles y con sentido de gestión estratégica desde el exilio no solo es legítimo: es indispensable.
