google.com, pub-9466889741542306, DIRECT, f08c47fec0942fa0

En la antigua Roma las clases dominantes distribuían pan a la plebe para tenerla tranquila y le ofrecían en el circo cruentos espectáculos de gladiadores y matanzas colectivas o carreras de cuadrigas en las que los espectadores desahogaban su odio reprimido y apoyaban al carro adversario del equipo del emperador oponiéndose así a éste, pero de un modo inofensivo. Quien ofrecía el espectáculo gratuito obtenía en cambio popularidad y prestigio.

El régimen Ortega-Murillo sabe utilizar la industria del espectáculo como herramienta para la dominación. Tal es el papel para nada ingenuo de los campos de futbol, los parques de diversiones (por ejemplo, el Salvador Allende en Managua), las luces, los chayopalos y el control de los canales de televisión en manos del poder, que refuerzan y promueven los valores del consumismo, deforman y ocultan los problemas reales, conquistan las mentes y moldean los gustos y consumos de los asalariados, de los trabajadores informales y de la población en general.

Ese papel culmina con el béisbol y los estadios que se construyen en algunos municipios. Éste atrae la atención de las mayorías de los jóvenes, tengan o no equipos de su simpatía en el campeonato y, mientras dura, coloca en segundo plano los problemas realmente importantes, permitiendo así que la clase dominante del país haga pasar sus planes y medidas mientras la inmensa mayoría de la población mira y comenta los resultados deportivos.

Para colmo, la población en general, a diferencia de la antigua Roma, pagan este nuevo circo alienante con sus impuestos y financian la construcción de los estadios municipales o los árboles metálicos (chayopalos) que absorben el dinero que debería ser destinado a viviendas populares, mejorar los servicios de drenaje o para disminuir las pérdidas en la distribución del sistema eléctrico que no se hacen porque el presupuesto estatal es desviado para confundir a la gente común y permitir grandes negocios a una minoría.

Además, mientras la desocupación, la subocupación y la pobreza alcanzan altas cifras, los escasos fondos presupuestarios se despilfarran en cosas absolutamente inútiles para la mayoría de los problemas de la población pobre. Hay, por consiguiente, más circo, pero menos pan que en la antigua Roma y la tendencia es que habrá menos en el futuro previsible.

Aclaro que no confundo el deporte con el circo, el cual sirve antes que nada para hacer aceptar la ideología capitalista y hacer negocios a costa de la ingenuidad popular.

Pero lo que sucede es que no se crean polideportivos donde todos puedan practicar gratuitamente el futbol o el béisbol o algún deporte como parte de su formación integral, sino que, por el contrario, el poder político que controlan los estadios, para gente pasiva que va al estadio o que, peor aún, cerveza en mano, sigue los acontecimientos deportivos desde el asiento de su casa. El deporte hay que practicarlo, para que no sea parte del circo.