Las profundas transformaciones políticas que atraviesa Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro reavivan interrogantes sobre sus posibles efectos en Nicaragua.
Sin embargo, desde el punto de vista económico formal, el impacto actual para el país centroamericano es insignificante, según el economista y analista político nicaragüense Enrique Sáenz, quien subraya que la relevancia de Venezuela para el régimen de Daniel Ortega pertenece, en gran medida, al pasado.
En entrevista con La Mesa Redonda, Sáenz recordó que la cooperación venezolana fue decisiva en la primera etapa de la dictadura orteguista. A través de los créditos petroleros, inversiones y otros mecanismos financieros, Venezuela se convirtió en el principal proveedor de petróleo de Nicaragua, en el segundo destino de sus exportaciones y en una fuente anual de recursos que rondaban los 600 millones de dólares.
“Los créditos petroleros que representaban alrededor de 600 millones de dólares anuales fueron canalizados como capital privado y fue apropiado por Ortega y su grupo a tal punto que le posibilitó amasar una fortuna colosal para el tamaño de Nicaragua”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que “la dictadura de Ortega no podría explicarse sin la venezolana”.
Una relación económica prácticamente extinguida
No obstante, ese vínculo estratégico se diluyó hace varios años. Sáenz señala que, desde hace al menos seis u ocho años, la relación económica entre ambos países prácticamente se esfumó, como consecuencia de la crisis política y económica que golpeó a Venezuela.
“En los últimos años, los flujos petroleros han sido cero, y en consecuencia también los créditos petroleros”, explicó.
El intercambio comercial también colapsó: en 2024, las exportaciones venezolanas hacia Nicaragua no alcanzaron los 2 millones de dólares, mientras que las nicaragüenses hacia Venezuela rondaron los 4 millones, cifras que calificó como “insignificantes”.
Además, Venezuela no figura como origen de remesas, inversiones ni actividades vinculadas a la zona franca, lo que refuerza la idea de que, en términos económicos formales, el impacto actual del proceso venezolano sobre Nicaragua es mínimo.
Las sombras de la economía subterránea
Sáenz advirtió, sin embargo, que existe un terreno opaco difícil de medir: la economía subterránea. En ese ámbito, mencionó irregularidades como el caso del oro, donde Nicaragua exporta más de lo que oficialmente produce, lo que abre interrogantes sobre flujos ilícitos de capital.
“Ahí hay algo turbio”, señaló, aunque aclaró que, al no existir evidencia concreta ni datos verificables, cualquier afirmación al respecto queda en el terreno de la conjetura. “Y la conjetura no es seria”, subrayó.
Ortega ante su mayor vulnerabilidad política
Más allá del impacto económico, Sáenz considera que el proceso en Venezuela tiene profundas implicaciones políticas para el régimen de Daniel Ortega.
A su juicio, el dictador nicaragüense enfrenta hoy su momento de mayor vulnerabilidad, comparable solo con el escenario regional de finales de 1989, tras la invasión estadounidense a Panamá.
“Ortega está familiarizado con las crisis… Probablemente esta es la situación de mayor vulnerabilidad que ha enfrentado Ortega, la más complicada, la más expuesta”, afirmó.
En ese contexto, destacó como rasgo central del dictador su falta de escrúpulos, que —según dijo— le permite actuar sin límites éticos para preservar el poder.
Repliegue interno, represión y señales a Washington
De acuerdo con el análisis de Sáenz, Ortega estaría desplegando tres líneas de acción.
La primera, “apretar las tuercas” dentro de su círculo cercano, vigilando posibles fisuras en su entorno político y militar.
La segunda, mantener activos y alertas los dispositivos represivos, ante el temor —aunque poco probable— de un levantamiento popular.
La tercera, y más relevante, sería un esfuerzo desesperado por enviar señales de acercamiento a la Administración Trump.
Sáenz considera que Ortega estaría dispuesto a ofrecer lo que sea necesario para lograr algún tipo de acuerdo con Washington, desde cooperación en temas migratorios hasta seguridad regional, pese a las sospechas que pesan sobre él en materia de narcotráfico y flujos ilícitos de capital.
“¿Cómo va a ser ahora con su pretensión de ser un aliado estratégico de China?”, cuestionó el economista, al señalar que los próximos movimientos del régimen dependerán de un escenario internacional que cambia con rapidez.
En conclusión, aunque el proceso en Venezuela no tiene hoy un impacto económico directo significativo sobre Nicaragua, sí expone las fragilidades políticas del régimen Ortega-Murillo, que observa con atención un precedente regional que podría redefinir su margen de maniobra frente a Estados Unidos y la comunidad internacional.
