La excarcelación de al menos 24 presos políticos en Nicaragua, por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, es visto por opositores nicaragüenses como un gesto hacia Estados Unidos, que exigió la excarcelación, pero no un cambio real hacia la democratización del país.
El Mecanismo para el Reconocimiento de Personas Presas Políticas de Nicaragua informó este domingo que, según los últimos datos confirmados con las familias, el número de presos políticos excarcelados el sábado asciende a 24 (20 hombres y cuatro mujeres), entre los que había seis que no tenían en la lista oficial de 62 detenidos, “lo que confirma la existencia de un subregistro”.
La liberación se produjo cuando el régimen nicaragüense anunció el sábado el regreso “a sus hogares y familias (de) decenas de personas que permanecían en resguardo de las autoridades pertinentes”, sin aportar más detalles.
Pero la oposición recordó que se produjo un día después de que la embajada de Estados Unidos en Managua advirtiera que tras el “paso importante” dado por Venezuela para liberar a “un gran número de presos políticos”, en Nicaragua también hay “más de 60 personas” que siguen “injustamente detenidas o desaparecidas”.
El mismo sábado, la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, publicó otro mensaje, en el que denunciaba que “la brutal dictadura Murillo-Ortega” celebraba 19 años “de lo que debía haber sido un mandato democrático de cinco”: “Los nicaragüenses votaron por un presidente en el 2006, no por una dinastía ilegítima vitalicia”.
Un gesto hacia Trump
Para el dirigente opositor Juan Sebastián Chamorro, el gesto del régimen tiene una lectura clara.
“Esta medida de los presos es efectivamente un mensaje a Trump de decirle que pueden negociar con ellos y que tienen cosas que dar, que son los presos políticos y nada más que eso, pues no le veo más posibilidades que eso”, afirmó Chamarro.
El opositor sostiene que la liberación no implica un compromiso real del régimen sandinista con el cambio: “Echan presa a la gente y luego simplemente la liberan como moneda de cambio, pero no para un compromiso de cambio democrático”.
A su juicio, aunque el escenario internacional “abre una etapa en la cual la dictadura podría tomar algunas acciones”, Ortega, de 80 años, “está muy viejo y muy cerrado en su esquema como para pensar a estas alturas en tener en su mente una estrategia de apertura democrática”.
