El exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua, Rafael Solís, afirmó que Daniel Ortega y Rosario Murillo no consideran, al día de hoy, la posibilidad de renunciar al poder, pese al impacto regional generado por la crisis venezolana y al aumento de la presión internacional sobre regímenes autoritarios en América Latina.
En una extensa entrevista en La Mesa Redonda, Solís —quien formó parte del máximo tribunal nicaragüense durante 19 años antes de exiliarse en 2019— sostuvo que la pareja dictatorial mantiene una hoja de ruta clara para perpetuarse en el poder, basada en tres pilares: endurecimiento represivo, control absoluto de las instituciones y un eventual plan de sucesión familiar.
“Yo no creo que ellos consideren esta posibilidad de la renuncia. Claro que el gran detonante y el gran incentivo ha sido la situación de Venezuela, y ellos quisieran evitar llegar a esa situación… pero que estén convencidos ellos de esa opción de esa salida que es la constitucional a través de la renuncia, estoy claro que no lo están al día de hoy”, afirmó de manera categórica.
El “efecto Venezuela”: miedo, represión y sospechas internas
Solís identificó tres reacciones inmediatas del régimen nicaragüense tras los acontecimientos en Venezuela:
- Endurecimiento represivo, bajo la lógica de la “puerta giratoria” de presos políticos.
- Miedo real a un efecto dominó, que pueda desembocar en una crisis similar en Nicaragua.
- Desconfianza y temor a traiciones internas, incluso dentro del propio aparato de poder.
Según el exmagistrado, estos factores están influyendo directamente en el comportamiento de Ortega y Murillo, quienes perciben la situación venezolana como una advertencia, aunque sin traducirla todavía en una apertura política real.
Tres escenarios en disputa
Solís detalló tres escenarios políticos que, a su juicio, el régimen evalúa actualmente:
- Sucesión dinástica, mediante uno de los hijos de la pareja, una opción que calificó como “poco vendible”, incluso dentro del sandinismo, pero que “es seguro que están apuntados a ese” escenario.
- Reformas cosméticas, adelanto de elecciones controladas y diálogo con partidos colaboracionistas, una vía que considera destinada al fracaso.
- Salida política negociada, mediante reformas constitucionales profundas y renuncia de Ortega y Murillo, el único camino que permitiría evitar un desenlace violento.
No obstante, advirtió que el tercer escenario es el más lejano, debido a la resistencia del régimen a ceder el control.
Mensaje de fuerza y cierre total del sistema
El exmagistrado interpretó las recientes reformas legales sobre la eliminación del derecho de la doble nacionalidad como un mensaje explícito de fuerza y advertencia, dirigido principalmente contra opositores desnacionalizados y exiliados.
“El mensaje que mandó la dictadura es que ellos siguen en su curso, tienen su hoja de ruta… eso está dirigido, eso tiene nombre y apellido, precisamente a los 222, los 94 y todos los que de facto hemos quedado en ese limbo jurídico”, aseguró.
Solís subrayó que Nicaragua carece hoy de condiciones mínimas para un diálogo nacional, debido al control absoluto del régimen sobre el Legislativo, el Judicial, el Ejército y la Policía.
La propuesta de salida: reforma constitucional y transición política
Como alternativa, Solís planteó una reforma constitucional mínima pero clave, que incluya:
- Restituir facultades a la Asamblea Nacional.
- Permitir el nombramiento de nuevas autoridades ejecutivas de transición.
- Recortar el actual período presidencial.
- Establecer un calendario electoral creíble.
- Definir un marco de justicia transicional.
El objetivo, explicó, sería evitar escenarios de violencia, que podrían provocar “sangre, destrucción y luto” en el país.
Ejército y riesgo de escenarios violentos
Sobre el papel de las fuerzas armadas, Solís fue claro:
al día de hoy, el Ejército permanece alineado con Ortega y Murillo, sin señales visibles de fractura en la cúpula militar.
Aunque no descartó totalmente escenarios de fuerza —internos o externos—insistió en que esa no es una salida deseable para Nicaragua.
“El uso de la fuerza sería grave, me parece que no es lo correcto, que no es lo más sano para Nicaragua”, advirtió.
Nicaragua vuelve al radar de Estados Unidos
Solís destacó que la reciente iniciativa legislativa presentada en el Congreso estadounidense confirma que Nicaragua ha vuelto al radar político de Washington, debilitando la tesis de un eventual “arreglo” entre Ortega y Estados Unidos.
A su juicio, resulta poco probable que la administración estadounidense acepte una continuidad indefinida del régimen, ya sea bajo Ortega o mediante una sucesión familiar.
Un país en punto de inflexión
El exmagistrado concluyó que Nicaragua se encuentra en un punto de inflexión histórico, similar a otros momentos críticos de su pasado, y que la negativa del régimen a explorar una salida política podría conducir a escenarios impredecibles.
“Mi opinión al día de hoy, siento que la opción de ellos sigue siendo mantenerse en el poder, mantener cerrados los espacio, ir con el esquema de la sucesión y si acaso hacer una reforma política muy pero muy cosmética” concluyó.
