El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa uno de sus momentos más críticos desde 2018, marcado por una profunda crisis de legitimidad, aislamiento internacional, deterioro económico y fracturas internas, afirmó la opositora y activista nicaragüense Haydée Castillo, al analizar el actual contexto político de Nicaragua y los posibles escenarios de negociación con Estados Unidos.
Según Castillo, el orteguismo se encuentra en un “estado terminal”, no por una coyuntura aislada, sino por la convergencia de múltiples factores que han dejado al régimen sin base social, sin respaldo internacional sólido y sin capacidad real de reinventarse.
“Están en un estado terminal porque la principal sustancia está en esa población que te puede respaldar” y “el pueblo dice ‘basta ya’”, aseguró.
La activista subrayó que la ilegitimidad del régimen ha sido reiteradamente señalada por la comunidad internacional y recientemente reafirmada por Estados Unidos, lo que ha intensificado la presión política y económica.
A ello se suma la dependencia estructural de la economía nicaragüense del mercado estadounidense y de las remesas, las cuales —advirtió— comienzan a disminuir como efecto de las nuevas políticas migratorias y de deportación.
Aislamiento de aliados y fragilidad geopolítica
Castillo destacó que los aliados estratégicos del régimen —China, Rusia e Irán— no representan hoy un respaldo real. Señaló que ninguno de estos países reaccionó en defensa del régimen venezolano tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas, lo que envía un mensaje inequívoco a Managua.
“Ellos le estaban vendiendo al pueblo de Nicaragua que la seguridad se las daba China, Rusia e Irán… Ninguno de los tres salió a defender a Maduro y a su esposa. Entonces, si no lo hicieron por Venezuela, ¿lo van a hacer por Daniel Ortega?”, cuestionó.
En ese contexto, explicó que Irán enfrenta una grave crisis interna, Rusia mantiene su prioridad en la guerra en Ucrania y China está concentrada en su disputa geopolítica con Estados Unidos, lo que deja al régimen Ortega-Murillo sin una red de apoyo efectiva.
Rosario Murillo y la sucesión en juego
Uno de los elementos centrales del análisis es el papel de Rosario Murillo, quien —según Castillo— encabeza un proceso de sucesión dinástica que hoy se ve seriamente afectado por el nuevo escenario regional.
La caída de Maduro y la demostración de fuerza de Estados Unidos han alterado “todo el tablero político latinoamericano” y añadido una complejidad decisiva a las aspiraciones de Murillo de concentrar plenamente el poder.
Castillo no descartó que, ante una eventual negociación con Washington, Rosario Murillo acepte condiciones impuestas desde Estados Unidos para preservar el control del aparato estatal.
“El interés del régimen es sobrevivir a como sea. Porque está en la cuerda floja y porque está con una soga… al régimen no le queda alternativa”, añadió.
Mensajes contradictorios y señales de negociación
La activista también llamó la atención sobre los discursos recientes de Daniel Ortega, en los que por primera vez habló de diálogo “entre nicaragüenses” y evitó su tradicional retórica confrontativa directa contra Estados Unidos.
Para Castillo, estos mensajes reflejan miedo y una búsqueda desesperada de salidas, aunque advirtió sobre el riesgo de falsas negociaciones, una práctica recurrente en la historia política del país.
“El régimen puede intentar un diálogo para ganar oxígeno, legitimar una salida controlada o reciclarse sin cambios reales. Por eso el pueblo y la oposición deben estar alertas”, señaló.
El reto de la oposición y la comunidad internacional
Castillo subrayó que este escenario también representa un desafío para la oposición nicaragüense, que debe fortalecer su articulación y su interlocución internacional para no quedar marginada ante un eventual proceso de negociación, como ocurrió —dijo— con sectores de la oposición venezolana.
Asimismo, insistió en que cualquier salida debe evitar repetir pactos y componendas del pasado.
“No se trata solo de que se vayan, sino de qué país vamos a construir después. Una mala negociación hoy puede significar pan para hoy y hambre para mañana”, advirtió.
Finalmente, reiteró que, pese a su debilidad, el régimen sigue siendo peligroso, pues conserva el control de las estructuras armadas. No obstante, aseguró que el deterioro interno, la pérdida de respaldo y la presión internacional colocan al orteguismo en una situación sin retorno.
“El régimen está ya en cuidados intensivos, es un régimen que no tiene futuro”, concluyó.
