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El Sandinismo como Epicentro de la Inestabilidad Centroamericana

Ezequiel Molina | 21 enero, 2026

El frágil equilibrio sociopolítico de la región centroamericana tiene en la autocracia sandinista su factor institucional de mayor peligrosidad para la estabilidad general. El sandinismo representa el último bastión de un fracasado movimiento de liberación continental, liderado por Cuba, que tuvo su momento cúspide en la década de los ochenta, situando a un pequeño país en el tablero geopolítico mundial como escenario bélico de las dos superpotencias protagonistas de la Guerra Fría: Estados Unidos y la Unión Soviética.

De la “solidaridad” del Kremlin y la Guerra de Baja Intensidad de la Casa Blanca emergió una guerra civil donde miles de nicaragüenses murieron por una causa perdida. Ese conflicto vulneró profundamente el tejido social, llevando a la ruina la estructura económica y corrompiendo el nervio ético-moral de una sociedad ya marcada por dictaduras anacrónicas, invasiones militares estadounidenses, oligarquías oportunistas y caudillos predestinados.

El sandinismo actual, encarnado en Ortega y Murillo, se ha convertido en un valladar infranqueable dentro de los organismos creados para construir una Centroamérica basada en una alianza económica estable y unificada, y en una coordinación sociodemográfica y política que facilite el libre movimiento de mercancías y personas. Esto ocurre en una subregión de 42 millones de habitantes y un PIB de 184 mil millones de dólares (Banco Mundial 2024, excluyendo Panamá y Costa Rica).

La admisión, de China (2023) y Rusia (2024) como observadores permanentes del Parlamento Centroamericano (PARLACEN), precedida por la expulsión de Taiwán y un intenso cabildeo de operadores sandinistas, abrió un nuevo polo de influencia dentro de la estrategia global de ambas potencias autoritarias. Su objetivo: reducir la influencia del orden liberal, promover un sistema multipolar con menor escrutinio internacional y fomentar una cooperación sin condicionalidades democráticas, además de asegurar apoyos en foros multilaterales.

En el plano geoeconómico, China y Rusia apuntan a ampliar su presencia en Centroamérica mediante proyectos de infraestructura estratégica -puertos, aeropuertos, energía y telecomunicaciones-, cooperación militar y de seguridad (Rusia), y la expansión de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (China). Paralelamente, la dictadura sandinista ha sido un factor clave en el bloqueo político y la parálisis operativa del Sistema de Integración Centroamericano (SICA) y sus instituciones, incluida la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA). La vacante en la Secretaría General desde 2023, producto de tres ternas rechazadas por Guatemala, Costa Rica y República Dominicana, y las amenazas de retiro del organismo, han provocado un estancamiento en decisiones administrativas, presupuestarias y de coordinación regional.

El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) también ha sufrido afectaciones en su credibilidad, funcionamiento, transparencia y gobernanza debido a la influencia del sandinismo en su desempeño operativo. La entidad ha terminado funcionando como sostén económico de un gobierno acusado de violaciones de derechos humanos, soslayando estándares internacionales de supervisión, anticorrupción y respeto a los derechos fundamentales, lo que ha deteriorado su credibilidad técnica y lo ha expuesto a riesgos legales y reputacionales.

Si a todo esto añadimos la persecución y los crímenes transfronterizos contra la disidencia cívica, la estructuración de redes internacionales de tráfico de personas y la incorporación de Nicaragua a rutas del narcotráfico, nos encontramos frente a una amenaza que trasciende las fronteras nacionales.

¿Cómo terminará este oscuro episodio de nuestra historia? Entre la ruptura del orden jurídico internacional y las decisiones guiadas por intereses estratégicos y cálculos de estabilidad financiera, resulta imposible anticipar un desenlace. Los ciudadanos aguardamos un golpe de timón que se incline más hacia el final del sandinismo que hacia su continuismo disfrazado. En este océano de calamidades, esperamos encontrar la corriente que nos lleve, no al puerto soñado, sino al puerto posible.