La caída de Nicolás Maduro puso fin a más de dos décadas de alianza estratégica entre Venezuela y Rusia y abrió una nueva fase de repliegue de Moscú en América Latina, marcada por la cautela diplomática y la pérdida de su principal plataforma de influencia en la región.
De acuerdo con fuentes diplomáticas citadas por el medio ABC, en los meses previos a la operación liderada por Estados Unidos, el Kremlin apostó por una salida negociada para evitar una intervención militar directa y contener la inestabilidad regional.
A través del Vaticano y con la mediación del cardenal Pietro Parolin, Rusia trasladó a Washington una propuesta para facilitar la salida de Maduro del poder.
La oferta incluía asilo en territorio ruso y garantías personales de seguridad con respaldo directo del presidente Vladímir Putin. La iniciativa se extendía también a otros altos cargos del chavismo y buscaba preservar canales de interlocución con Estados Unidos en otros escenarios internacionales, incluida Ucrania, además de evitar una intervención militar del presidente Donald Trump.
Sin embargo, la propuesta no prosperó. Maduro rechazó la opción por desconfianza sobre su situación personal en el exilio y por el riesgo de perder el control de activos financieros en el exterior.
Según las mismas fuentes, el dictador venezolano exigía inmunidad y garantías para mantener un nivel de vida acomodado fuera de Venezuela. Con la vía diplomática cerrada, la crisis entró en una fase operativa centrada en su captura.
Operación estadounidense y colapso de las defensas
La operación estadounidense que culminó con la detención de Maduro se desarrolló con un amplio despliegue aéreo y tecnológico. Más de 150 aeronaves participaron en acciones coordinadas que incluyeron ataques selectivos, guerra electrónica, inteligencia y vigilancia, así como el uso de helicópteros en el centro de Caracas.
Las defensas aéreas venezolanas, basadas en sistemas de fabricación rusa como el S-300, el Buk-M2 y el Pantsir, no lograron derribar aeronaves estadounidenses. El presidente Donald Trump confirmó que un avión fue alcanzado, sin precisar el sistema empleado, y que continuó operativo. Estados Unidos no reportó bajas ni pérdidas materiales significativas.
Desde el Pentágono se informó que los sistemas destinados a proteger la capital fueron neutralizados en las primeras fases de la operación. Mandos militares estadounidenses indicaron que las capacidades de radar, mando y control, así como los lanzadores, fueron desactivados o inutilizados con rapidez.
Venezuela había adquirido durante años material militar ruso considerado avanzado en el momento de su compra, aunque parte de ese equipamiento no correspondía a las versiones más recientes. A ello se sumaron dudas sobre el mantenimiento, la integración efectiva de los sistemas y el nivel de formación de los operadores, factores clave para la eficacia de una defensa aérea.
Repliegue político de Moscú
Tras los ataques en Caracas, la reacción política de Moscú fue contenida. El Kremlin confirmó que Vladímir Putin no tiene previsto comunicarse a corto plazo con la presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez.
Los contactos diplomáticos continúan a nivel técnico, sin anuncios de iniciativas políticas de alto nivel ni pronunciamientos públicos sobre la nueva etapa en Venezuela.
La ausencia de un contacto directo contrasta con la relación estrecha mantenida durante años entre Putin y Maduro, caracterizada por encuentros frecuentes y respaldo político explícito. Este distanciamiento coincide con una reducción progresiva del peso ruso en otros escenarios, como Siria, donde Moscú ha priorizado la preservación de posiciones estratégicas con recursos limitados.
Washington gana centralidad en la transición
En paralelo, el nuevo Gobierno en Caracas ha intensificado su interlocución con Washington. Delcy Rodríguez ha cumplido las condiciones fijadas por la Administración Trump y ha recibido a responsables estadounidenses, incluidos altos cargos de Inteligencia, consolidando el papel central de Estados Unidos en la fase inicial de la transición venezolana.
Durante años, Venezuela fue el principal socio político y militar de Rusia en América Latina. Desde Caracas, Moscú proyectaba influencia mediante acuerdos de armamento, cooperación energética y respaldo diplomático a gobiernos críticos con Estados Unidos.
La caída de Maduro reduce de forma significativa esa plataforma y refuerza la centralidad estadounidense en el hemisferio occidental.
En el plano diplomático, el fracaso de la oferta de evacuación y la ausencia de un gesto político posterior hacia el nuevo poder en Caracas reflejan un ajuste de prioridades del Kremlin, condicionado por su implicación en Ucrania y por su decisión de evitar una confrontación directa con Washington, optando por un perfil bajo y la continuidad de contactos técnicos.
