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Elvira Cuadra advierte: régimen de Ortega busca negociar su supervivencia ante presión de EE.UU.

La socióloga e investigadora Elvira Cuadra, directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), afirmó que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa un momento de alta vulnerabilidad política y económica, lo que estaría empujándolo a buscar canales de negociación con Estados Unidos para garantizar su permanencia en el poder.

Durante una entrevista en La Mesa Redonda con Sergio Marín Cornavaca, Cuadra sostuvo que, tras los recientes acontecimientos geopolíticos en la región, el oficialismo nicaragüense ha adoptado una postura “pragmática”, marcada por movimientos diplomáticos discretos y señales de contención, pese al discurso público confrontativo de Ortega.

Ellos van a adoptar una actitud pragmática en todo lo que sea necesario para sostenerse en el poder”, explicó Cuadra al analizar los posibles contactos indirectos con Washington.

Discurso agresivo, estrategia cautelosa

La investigadora subrayó la aparente contradicción entre la retórica beligerante de Ortega —que ha reivindicado la llamada “paz del fusil”— y las señales de maniobra política que revelan preocupación dentro del círculo de poder.

Según Cuadra, esta dualidad podría responder a una estrategia para ganar tiempo mientras se exploran salidas que reduzcan la presión internacional.

Entre los indicios de esta cautela mencionó el nombramiento de Denis Moncada en Washington, interpretado como un intento de abrir un canal de comunicación de alto nivel con la administración estadounidense.

El talón de Aquiles: la economía

Uno de los puntos más sensibles para el régimen, según el análisis, es la creciente presión económica. Cuadra advirtió que Nicaragua no cuenta con salvavidas financieros sólidos por parte de Rusia o China, y que la economía nacional depende en gran medida de su relación comercial con Estados Unidos.

No es asunto fácil decir que hoy exporta un porcentaje mayoritario de carne a Estados Unidos y que mañana alegremente se la vamos a mandar a otro lado. ¿A dónde? ¿A quién?”, cuestionó.

Este escenario limitaría el margen de maniobra de Rosario Murillo en un contexto donde las sanciones o medidas arancelarias podrían convertirse en un factor de desestabilización interna.

Sucesión dinástica en riesgo

Cuadra también abordó el tema de la sucesión dinástica dentro del oficialismo. Recordó que la reforma constitucional que instauró la figura de la “copresidencia” colocó a Rosario Murillo en igualdad formal de poder con Ortega, consolidando su control político. Sin embargo, advirtió que un eventual proceso de negociación internacional podría alterar ese plan.

Aunque Murillo ha construido las condiciones para garantizar su continuidad, la experta señaló que Estados Unidos podría exigir cambios dentro de la estructura de poder, lo que abriría escenarios aún inciertos.

Oposición en riesgo de quedar al margen

Uno de los señalamientos más críticos fue hacia la oposición nicaragüense. Cuadra alertó que, si se repite un modelo de negociación directa entre Washington y actores del régimen, la oposición podría quedar relegada a un papel secundario.

El régimen siempre ha reconocido como interlocutor al gobierno de Estados Unidos, no a la oposición”, explicó, subrayando el desafío que enfrentan los sectores democráticos para articularse y tener peso en cualquier escenario de transición.

Pragmatismo o atrincheramiento

La entrevista dejó abierta la gran interrogante sobre el rumbo inmediato del país: ¿optará el régimen por ceder estratégicamente para sobrevivir o se encerrará en una postura de mayor represión y aislamiento?

Para Cuadra, la respuesta dependerá de la intensidad de la presión internacional y de las fisuras internas dentro del bloque de poder, donde actores económicos y militares podrían inclinarse por una salida que proteja sus propios intereses.

El análisis completo del CETCAM está disponible en sus plataformas oficiales. La coyuntura nicaragüense, concluyó la investigadora, se mueve más rápido que las certezas, y el 2026 podría convertirse en un año decisivo para el futuro político del país.