El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aseguró este miércoles que la Administración del presidente Donald Trump no tiene intención de ejecutar una nueva acción militar en Venezuela, aunque dejó claro que Washington no descarta ninguna opción si el régimen interino encabezado por Delcy Rodríguez no coopera con las autoridades estadounidenses.
“Les puedo asegurar con total certeza que no estamos preparando, ni tenemos la intención ni esperamos tener que tomar ninguna acción militar en Venezuela en ningún momento”, afirmó Rubio durante una audiencia ante el Senado, en la que expuso la estrategia de la Casa Blanca hacia el país suramericano.
Las declaraciones se produjeron luego de que Rubio remitiera por escrito a la Cámara Alta un documento oficial en el que no excluye “el uso de la fuerza” como mecanismo para obligar a las autoridades venezolanas a colaborar con la Administración Trump, lo que generó inquietud entre legisladores demócratas.
Durante la audiencia, el jefe de la diplomacia estadounidense aclaró que la única presencia militar de Estados Unidos en Venezuela actualmente corresponde a infantes de Marina encargados de resguardar la embajada. No obstante, subrayó que el presidente Trump, en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, “nunca descarta sus opciones” para proteger los intereses nacionales.
“Si aparece una fábrica de drones iraníes que amenaza a nuestras fuerzas en la región, el presidente conserva la opción de eliminarla”, ejemplificó Rubio, al defender la postura de flexibilidad estratégica de la Casa Blanca.
Consultado sobre si el Congreso sería informado en caso de una futura acción militar, Rubio respondió que la Administración no prevé una operación que implique una presencia sostenida de tropas en Venezuela, por lo que no consideraría necesario notificar previamente a los legisladores. “Todo se está desarrollando en una trayectoria muy diferente en este momento”, sostuvo.
Rubio también defendió la decisión de la Casa Blanca de no solicitar autorización del Congreso para el operativo del 3 de enero en Venezuela, que culminó con el derrocamiento de Nicolás Maduro y la captura del líder chavista y de su esposa, Cilia Flores, ambos trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico.
Según el secretario de Estado, la acción no constituyó una “guerra” ni una “ocupación” de un país extranjero, sino una operación judicial destinada a arrestar a personas requeridas por la justicia estadounidense.
En la misma audiencia, Rubio afirmó que Estados Unidos espera restablecer “pronto” una presencia diplomática en Venezuela, como parte de una estrategia para acompañar el proceso político posterior a la caída de Maduro.
Indicó que un equipo estadounidense ya evalúa el terreno y que la reapertura permitiría contar con información en tiempo real y mantener contacto tanto con autoridades del régimen interino como con la sociedad civil y sectores de la oposición.
La diplomática Laura Dogu estará a cargo de esta misión. Dogu fue embajadora de Estados Unidos en Nicaragua desde 2015 y asumirá inicialmente la Unidad de Asuntos Venezolanos en Bogotá, antes de trasladarse a Caracas, según confirmó Rubio.
Transición venezolana
El secretario de Estado reconoció que la transición venezolana será compleja y prolongada.
“No estoy aquí para decirles que esto vaya a ser fácil o sencillo”, señaló, al comparar el proceso con experiencias de transición democrática en países como España y Paraguay. “Estamos tratando con gente que ha vivido durante años en un paraíso de gánsteres”, afirmó.
Rubio citó como señales de avance la liberación de presos políticos y la reforma de la legislación de hidrocarburos impulsada por el régimen interino, que abre la industria petrolera a la inversión privada. Sin embargo, admitió que persisten tensiones, especialmente tras declaraciones de Delcy Rodríguez en las que rechazó lo que calificó como “órdenes de Washington” sobre la política interna venezolana.
En el plano geopolítico, Rubio defendió la nueva doctrina de seguridad nacional impulsada por Trump —conocida como “doctrina Donroe”— que reivindica el derecho de Estados Unidos a intervenir en América Latina si considera que la región se alinea con intereses enemigos.
Finalmente, Rubio abordó el papel de la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, asegurando que “puede formar parte” del proceso de transición, aunque reconoció que actualmente el control de las armas y de las instituciones permanece en manos del aparato heredado del chavismo.
Rubio confirmó que tiene previsto reunirse con Machado en el Departamento de Estado, tras el reciente encuentro de la opositora con el presidente Trump en la Casa Blanca, en un escenario político venezolano que Washington describe como frágil, pero en evolución.
