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Moody’s mantiene a Nicaragua en terreno especulativo y señala que el deterioro institucional frena cualquier mejora

La agencia Moody’s volvió a poner límites claros al relato económico oficial de Nicaragua: aunque el país muestra orden fiscal y acumulación de reservas, la concentración de poder, los riesgos sociales y las sanciones internacionales siguen pesando más que los indicadores macroeconómicos, manteniéndolo en una calificación de alto riesgo.

El más reciente informe de Moody’s confirma que Nicaragua se mantiene en B2 con perspectiva estable, una categoría que refleja capacidad de pago en el corto plazo, pero con una exposición significativa a factores adversos.

Detrás de esa nota, la agencia dibuja un diagnóstico crítico: el principal obstáculo no es económico, sino político e institucional.

Moody’s advierte que la fragilidad institucional continúa siendo el mayor freno para una mejora del perfil crediticio.

La concentración de poder en los co-dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo y los cambios legales recientes han debilitado los contrapesos del Estado, reduciendo la independencia de poderes clave como el Legislativo, el Judicial y el Electoral.

Este escenario, según la calificadora, abre la puerta a decisiones discrecionales que erosionan la confianza de inversionistas y limitan el crecimiento sostenido.

A esto se suma el aislamiento internacional. Funcionarios de Nicaragua permanecen bajo sanciones impuestas por países como Estados Unidos, Unión Europea, Reino Unido y Canadá. Aunque estas medidas no golpean directamente las remesas o exportaciones, sí deterioran la percepción de riesgo y restringen el acceso a financiamiento externo.

Moody’s advierte que un endurecimiento de estas sanciones podría impactar seriamente la economía, especialmente por la dependencia de los flujos desde Estados Unidos.

El componente social tampoco pasa desapercibido. La agencia recuerda que la crisis sociopolítica de 2018 y 2019 evidenció la vulnerabilidad interna del país. Aunque la conflictividad visible ha disminuido, persisten riesgos estructurales asociados a carencias en salud, educación, vivienda y servicios básicos, factores que pueden reactivarse en cualquier momento.

El régimen ha intentado diversificar sus relaciones comerciales hacia China y otros mercados, pero Moody’s considera que la relación con Estados Unidos sigue siendo determinante. Cualquier alteración en ese vínculo tendría efectos inmediatos en la estabilidad financiera.

El informe también introduce riesgos ambientales como un factor creciente. La ubicación de Nicaragua en el Corredor Seco la expone a sequías, inundaciones e incendios forestales, fenómenos que afectan directamente a la agricultura, un sector clave para el empleo y la economía.

La perspectiva, por ahora, se mantiene estable. Pero el mensaje es claro: sin reformas profundas y sin una reducción de las tensiones políticas y sociales, Nicaragua seguirá atrapada en un perfil crediticio especulativo, donde los números macroeconómicos no logran compensar los riesgos estructurales.