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La Mesa Redonda: 14 años de tenacidad, aguante y resiliencia

Por: Sergio Marín Cornavaca

La redacción era una mesa en un café

El frío y el silencio de San José, a pesar de mis cinco años acá, me resulta todavía un tanto extraño; nada que ver con la Managua calurosa, abierta y bulliciosa. Frente a la computadora me ajusto los lentes y observo las métricas de La Mesa Redonda: esos puntos de luz en la pantalla son nicaragüenses dentro del país que, con mucho sigilo, nos ven desde las residenciales y los barrios; y más abajo están los nicas en Miami, los Ángeles, San Francisco, Madrid, San José u otros lugares. Todos han querido conocer lo que ocurre en nuestra tierra.

Debo confesar algo: yo nunca tuve una sala de redacción convencional. Mi redacción siempre fue nómada. Desde antes del exilio, mis oficinas eran las mesas de la cafetería El Molino de la librería Hispamer, La Casa del Café o el Café Las Flores. Siempre andaba moviéndome, no por falta de espacio, sino por la necesidad vital de tomarle el pulso a la calle. Allí, entre el olor a café y el murmullo de las tertulias, convergíamos todos: ejecutivos, profesores, poetas, metafísicos, historiadores y analistas.

La pregunta de los viernes

Desde su inicio en junio de 2012, quise que el programa fuese un espacio de diálogo entre “oponentes” donde nacieran ideas nuevas o al menos quedaran claros los planteamientos. Me he valido de la mayéutica para el desarrollo del pensamiento crítico. Sin embargo, en Nicaragua, el diálogo ha sido un bien que los políticos y otros actores nunca han sabido apreciar.

Recuerdo con especial afecto los viernes. Teníamos una charla fija con dos gigantes de la probidad: el abogado y periodista Danilo Aguirre Solís y el Dr. Alberto Saborío. Con ellos realizamos un segmento que hoy resuena con fuerza profética: ¿Vale la pena la democracia? Ellos fueron artífices de lo que La Mesa Redonda intentó edificar: un país donde la palabra fuera más fuerte que el garrote.

Una voz para la justicia: La mirada de los Derechos Humanos

Este esfuerzo por mantener el pensamiento crítico ha sido reconocido por quienes documentan la tragedia nicaragüense. Gonzalo Carrión, del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más, identifica en nuestra labor un acto de defensa de la vida misma. Para Carrión, estos 14 años tienen el sello de la resistencia: «Los periodistas independientes son defensores de derechos humanos», afirma, agradeciendo la constancia de un medio que se niega a callar a pesar del estado de terror.

El costo de la verdad: De la radio al asfalto

La ruptura definitiva no llegó en 2018, sino en 2016, cuando sostuve que el verdadero ganador de las elecciones fue la abstención. Me cerraron el micrófono en la radio tradicional. No sabía entonces que YouTube y Facebook serían mi única balsa de salvación.

Abril de 2018 llegó como un terremoto. Estuvimos donde la historia ardía: en los pasillos de la UNAN, en las barricadas de Rubenia, en las calles de Masaya, en la noche fatal de la Iglesia La Divina Misericordia. Fuimos testigos de esa consigna que recorría las marchas como un escalofrío: “¿Cuál es la ruta? ¡Que se vaya el hijo de puta!” el propio 30 de mayo, día de Las Madres de Nicaragua..

El cruce de la frontera: 48 horas de vértigo

Junio de 2021 fue el mes de la cacería. El 20 de junio puse mi vida en una mochila y crucé la frontera de Peñas Blancas. Solo 48 horas después, el 22 de junio, encendí la cámara del celular desde San José: «Estoy en Costa Rica, y aquí seguimos».

Pero el exilio tiene un peso que toca la sangre. Mi hijo menor ya se había visto obligado a salir en 2019 tras recibir amenazas directas de la policía: “Decile que su hijo se llama igual que él, y nosotros nos podemos equivocar”. Cuando la amenaza se dirige a tu familia, el periodismo se convierte en una carrera por la vida.

El rostro invisible: Reportar desde la sombra

Mientras nos fortalecíamos afuera, en Nicaragua el periodismo se volvió una actividad de catacumbas. Nuestra colega y colaboradora —cuya identidad protegemos— convirtió lo cotidiano en estrategia. Durante años, nadie fuera de su círculo supo que era periodista. «Mi clandestinaje me servía para trabajar con libertad», confiesa.

En 2025, tras una nueva ola de represión, tuvo que abandonar el país con su familia. El exilio para ella no ha sido romántico; es empezar de cero en un país que se resiste a llamar hogar. Sin embargo, sigue siendo «la mano que mece la cuna» de la información, escribiendo desde la sombra con la convicción luminosa de que cada palabra siembra conciencia.

 El guardián de la imagen y la guerra de los bits

Detrás de la pantalla, nuestro equipo técnico y de diseño libra otra batalla. Para nuestro productor digital, la prioridad es que el mensaje llegue claro a los mayores: que se lea bien, que sea accesible. «Estar desde lejos es nuestra forma de estar en la marcha», dice, mientras gestiona copias de seguridad y plataformas alternativas para burlar los bloqueos.

Pero el ataque es total. Nuestro especialista en seguridad digital confirma que en octubre de 2024 sufrimos un colapso provocado por ataques que provenían de los nodos de ENATREL en Nicaragua. El Estado usa la red eléctrica como arma de ciberguerra. Hoy, la seguridad digital es nuestro chaleco antibalas, especialmente tras el asesinato del analista Roberto Samcam en San José en junio de 2025, un crimen que nos recordó que el terror no conoce fronteras.

Resistir y persistir es la clave: Un llamado a la permanencia

Mientras la propaganda oficial miente sobre supuestos millones entregados a nuestro medio, la realidad de La Mesa Redonda se escribe con las uñas. Sostener este espacio ha sido un milagro diario de gestión que se siente más fuerte en 2026.

No buscamos el lucro, buscamos la permanencia. Invitamos a quienes creen en la democracia a no dejarnos solos. Cada aporte es el combustible para que el servidor no se apague. Nosotros ponemos la palabra y el riesgo; nuestra audiencia pone el hombro para que la historia no se escriba con el guión de la dictadura.

El arte de permanecer

En este 1 de marzo, día nacional del periodista nicaragüense y a tres meses de cumplir sus 14 años, La Mesa Redonda es el símbolo de que el periodismo puede sufrir el exilio, pero no morir. Publicar las noticias y transmitir nuestro programa es el acto de rebeldía más grande de este equipo en este momento. Mientras exista un bit de información viajando desde nuestros servidores, el intento de la dictadura por imponer el silencio habrá fracasado. El periodismo independiente nicaragüense no ha desaparecido: está vivo, firme y sigue, con más tenacidad que nunca.

Con el auspicio del Fondo de Canadá para iniciativas locales de la Embajada de Canadá para Costa Rica, Nicaragua y Honduras.