El movimiento opositor nicaragüense Renacer abogó este miércoles para que se garantice un retorno seguro de los exiliados a Nicaragua con respaldo internacional, ante una posible transición en ese país.
“La transición debe entenderse como un proceso de reconstrucción institucional que desmonte estructuras de control y prevenga regresiones, sostenido por una ciudadanía organizada”, planteó el miembro del directorio de Renacer, Alejandro Moraga, en un escrito enviado a los medios.
Para el opositor deben haber condiciones mínimas indispensables para un proceso de transición, entre las que mencionó la liberación inmediata de los presos políticos, la restitución de libertades civiles y políticas, la derogación de leyes represivas, y el fin del Estado policial.
También garantías de no represalias, retorno seguro del exilio con respaldo internacional, y la restitución de nacionalidad y bienes confiscados.
Para Renacer, Nicaragua está ante una transición inevitable debido a que ha entrado en una etapa marcada por transformaciones geopolíticas que están modificando el escenario político en América Latina.
“Los procesos recientes en la región han reactivado expectativas, prudentes pero reales, de transición democrática. Estos cambios están reduciendo los márgenes de maniobra de la dictadura sandinista, que enfrenta signos visibles de desgaste político, económico e institucional”, valoró Moraga.
Según ese movimiento político, ante un escenario de cambio, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, “intentará recurrir a sus métodos habituales para preservar cuotas de poder o administrar su salida mediante aperturas que le permitan sobrevivir políticamente”.
Ese nuevo contexto obliga a la oposición nicaragüense a actuar con responsabilidad, anotó Moraga, para quien los opositores “no podemos repetir los errores del pasado ni construir acuerdos coyunturales sin rumbo”.
“La transición democrática no dependerá solo de factores externos, sino de nuestra capacidad de organización política y social y de la reconstrucción de instituciones democráticas sólidas”, razonó.
Reconoció que “el fin de una dictadura no significa automáticamente democracia”, y recordó que el derrocamiento del régimen somocista, en 1979, “no condujo a la libertad, sino a otro sistema autoritario”.
Tampoco la derrota electoral del sandinismo, en 1990, completó la transición, porque los pilares del autoritarismo sobrevivieron dentro del Estado.
Por tanto, a juicio de Renacer, existe una oportunidad histórica para pasar de la intención a la voluntad política y construir una alianza estratégica capaz de representar a la ciudadanía y conducir el proceso democrático.
