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“Implosión en marcha”: Vargas advierte que Murillo podría ser “la ficha a sacrificar”

El sociólogo, economista e historiador Óscar René Vargas sostiene que Nicaragua atraviesa un punto de quiebre, marcado por un proceso de “implosión” interna del poder que, a su juicio, ha debilitado profundamente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En un análisis reciente en La Mesa Redonda, Vargas plantea que el sistema político nicaragüense enfrenta una descomposición generalizada producto de tres factores clave: las contradicciones internas, el fracaso del modelo económico y la creciente presión internacional.

Un régimen “agrietado por el miedo”

Según el analista, la estructura de poder que gira en torno a El Carmen —centro del poder político en Nicaragua— ya no se sostiene con la solidez de años anteriores.

El proceso de implosión continúa”, afirma, al señalar que el miedo ya no solo afecta a la población, sino también a los propios círculos de poder, incluyendo sectores empresariales y militares.

Vargas sostiene que este cambio en la “psiquis” de los llamados poderes fácticos está generando movimientos internos orientados a buscar una salida política ante la falta de perspectivas de mejora en el país.

Desigualdad y fracaso económico

Uno de los elementos más contundentes de su análisis es la brecha económica. Vargas subraya que el modelo de “capitalismo de amiguetes” ha profundizado la desigualdad.

Como ejemplo, cita datos oficiales: mientras los banqueros han registrado ganancias millonarias mensuales en los últimos años, los maestros apenas perciben salarios que rondan los 250 dólares mensuales.

A esto se suma una realidad social crítica: el salario promedio no cubre la canasta básica y, según datos citados por el analista, una parte significativa de la población no logra cubrir sus necesidades básicas.

Murillo, “ilegítima” y en el centro de la presión

Vargas considera determinante el cambio en la postura de Estados Unidos, que ha señalado a Rosario Murillo como una figura “ilegítima”.

Para el analista, este hecho marca un antes y un después, comparable —según su lectura— a momentos históricos que precipitaron cambios de régimen en América Latina.

A partir de ahí, sostiene, Murillo se convierte en el principal obstáculo para una eventual transición y, por tanto, en la “ficha política a sacrificar” dentro del sistema.

La señora Murillo se transforma en ilegítima para asegurar la transición y es a partir de ahí que entonces los diferentes sectores sociales, tanto los que están alrededor de lo que yo he venido llamando la chayo burguesía, comienzan a pensar también la necesidad de buscar una alternativa que garantice su permanencia en una cuota de poder”, afirmó.

Escenarios de transición: desde dentro del poder

El análisis de Vargas apunta a que Nicaragua no estaría aún en una transición, pero sí en el inicio de ese proceso.

Entre los escenarios posibles, destaca uno en el que actores del propio régimen —incluyendo figuras cercanas al poder— podrían encabezar una transición “en frío”, controlada y sin estallidos sociales.

Incluso menciona la posibilidad de que figuras del círculo oficialista, como Laureano Ortega, jueguen un rol similar al de líderes que en otros países facilitaron transiciones desde dentro del sistema.

Presión internacional y cálculo geopolítico

Vargas también advierte que la presión internacional seguirá en aumento, especialmente desde Estados Unidos, en un contexto donde Nicaragua adquiere relevancia geopolítica por factores como recursos naturales y disputas de influencia global.

En ese escenario, considera que las potencias podrían apostar por una transición negociada que garantice estabilidad, incluso si no responde plenamente a las aspiraciones democráticas de la oposición.

Un sistema sin margen de maniobra

El diagnóstico final es contundente: el régimen enfrenta un “jaque mate”.

Cualquier movimiento que hace no gana, pierde”, resume Vargas, al describir un régimen que, según su análisis, actúa con retraso frente a los cambios políticos internos y externos.

Para el analista, Nicaragua entra en una etapa decisiva, donde el miedo cambia de lado y los actores del poder comienzan a moverse no para sostener el sistema, sino para sobrevivir a su eventual transformación.