El sociólogo y especialista en prospectiva política Juan Carlos Gutiérrez Soto advierte que la situación actual de Nicaragua ha dejado de ser únicamente un conflicto político interno para convertirse en una pieza dentro de un tablero geopolítico más amplio, donde los intereses estratégicos de potencias como Estados Unidos pesan más que las consideraciones democráticas.
Según el analista, el uso de argumentos de “seguridad nacional” ha sido históricamente manipulado por distintas administraciones para justificar acciones internacionales, y en el caso nicaragüense no sería la excepción.
En ese contexto, señala que la estrategia del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de acercarse a aliados como Rusia respondió a la búsqueda de respaldo económico y político, pero hoy esos movimientos podrían estarse revirtiendo ante una política exterior estadounidense más frontal.
Gutiérrez Soto subraya que la dinámica internacional reciente —incluyendo los casos de Venezuela y Cuba— demuestra que las decisiones de Washington responden principalmente a intereses geopolíticos y económicos, más que a una agenda de democratización.
A su juicio, esto abre la posibilidad de que Nicaragua sea abordada bajo esa misma lógica, como parte de un “triángulo” estratégico en la región, con implicaciones incluso en la política interna estadounidense, especialmente de cara a elecciones.
“Nicaragua puede llegar a tener un rédito en términos de la política doméstica de Estados Unidos, porque es parte del triángulo que ellos mismos denominaron anteriormente, ‘el triángulo del mal’. Han dicho, Cuba, Venezuela, Nicaragua, la región centroamericana la han llegado a controlar… Entonces, Nicaragua podría significar un elemento simbólico con lo cual genere una tranquilidad en la masa votante latina en Estados Unidos”, opinó.
Presión externa e incertidumbre interna
En el plano interno, el experto destaca que el régimen enfrenta un creciente nivel de incertidumbre dentro de sus propias estructuras de poder. Explica que, cuando un sistema pierde capacidad de garantizar estabilidad, sus propios actores comienzan a cuestionar su lealtad, generando fisuras.
A esto se suma —según el sociólogo— una dinámica de purgas, detenciones y reacomodos dentro del oficialismo que ha debilitado la cohesión interna.
La eliminación de figuras históricas, así como la persecución de funcionarios intermedios, ha incrementado la desconfianza dentro del mismo aparato estatal.
“Cuando tu eje de seguridad está debilitado y tu capacidad de sostener el sistema se viene debilitando, cada quien comienza a hacer sus valoraciones propias. Entonces esa inestabilidad lo que plantea es un incremento de la incertidumbre dentro de su mismo sistema. Y esa incertidumbre se agrava cuando a nivel internacional plantean que ellos dos (Ortega y Murillo) son un problema”, explica, al señalar que esto abre tanto riesgos como oportunidades para una eventual transición.
¿Transición o reconfiguración del poder?
Gutiérrez Soto advierte que una eventual salida a la crisis no necesariamente implicaría una transición democrática. Señala que, en escenarios como el actual, pueden surgir acuerdos de carácter “transaccional”, donde actores internos y externos negocian estabilidad sin transformar el sistema político de fondo.
En ese sentido, considera poco probable que figuras como Ortega o Murillo lideren un proceso de transición, debido a las responsabilidades internacionales que se les atribuyen.
En cambio, apunta a la posibilidad de que surjan actores “blandos” dentro del sistema —con capacidad de interlocución— que funcionen como bisagras en eventuales negociaciones.
No obstante, enfatiza que cualquier proceso de cambio dependerá de tres factores clave: la posición del Ejército, el comportamiento del poder económico y la capacidad de articulación de actores políticos alternativos.
“Aquí la clave es poder tener el enfoque de hacia dónde empujar”, valora.
Economía, clave del desenlace
El analista también resalta el papel determinante de la economía. Asegura que variables como sanciones, remesas, inversión extranjera y acuerdos comerciales pueden erosionar la estabilidad del régimen, afectando tanto a la población como a las élites económicas.
Sin embargo, advierte que Nicaragua, al ser una economía pequeña, puede sostenerse con recursos limitados durante más tiempo, lo que hace impredecible un colapso inmediato.
“El factor económico no actúa solo, sino en combinación con variables políticas e internacionales”, explica.
Oposición y actores sociales
Sobre la oposición, Gutiérrez Soto considera positivo cualquier esfuerzo de articulación, como el reciente encuentro de organizaciones en el exilio, pero advierte que el reto es pasar del diálogo a la construcción de una agenda común.
Asimismo, señala que actores como el gran capital podrían jugar un rol en una eventual transición, aunque movidos principalmente por la necesidad de certidumbre económica.
En contraste, estima que la Iglesia Católica tiene actualmente un papel marginal, debido al debilitamiento de sus canales de comunicación y la represión sufrida en los últimos años.
Un escenario abierto
Finalmente, el experto evita proyectar plazos concretos sobre un posible cambio político en Nicaragua, aunque identifica hitos relevantes como las elecciones de medio término en Estados Unidos y la evolución de conflictos globales que podrían redefinir prioridades geopolíticas.
A su juicio, el desenlace dependerá no solo de factores externos, sino también de la capacidad de los propios actores nicaragüenses de construir una alternativa.
“Como actores sociales y políticos nicaragüenses en Nicaragua o fuera de Nicaragua, tenemos la responsabilidad de apostar sobre una ruta, apostar sobre algunos actores y apostar por una por una por una agenda de transición. La clave no es llegar primero y solo, sino juntos y a tiempo. Y para eso hay que comenzar a trabajar ahora, porque lo contrario las élites que se adelanten, élites de la dictadura y las élites del gran capital, las élites de Estados Unidos, pueden marcar una ruta de transición política y económica, que no necesariamente sea democrática y que no necesariamente sea beneficiosa para toda la población. Quien quienes definimos eso, somos todas y todos juntos y a tiempo”, concluyó.
