El sacerdote nicaragüense Benito Martínez aseguró que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo atraviesa uno de sus momentos más frágiles, al punto de —según sus palabras— estar “pidiendo cacao” en medio de contactos y posibles negociaciones con Estados Unidos.
Martínez reaccionó a las declaraciones de la periodista mexicana María Idalia Gómez —quien afirmó que existen contactos de negociación entre Estados Unidos y Laureano Ortega.
“Pedir cacao”: señal de debilidad
Para Martínez, el hecho de que existan acercamientos entre el régimen nicaragüense y actores estadounidenses no es una señal de fortaleza, sino todo lo contrario.
“Un gobierno que sin haber sido tocado directamente está pidiendo cacao”, afirmó, utilizando una expresión popular nicaragüense para describir una solicitud desesperada de negociación.
El sacerdote interpretó este escenario como evidencia de desgaste interno y aislamiento internacional, en un contexto regional donde, según su análisis, los principales aliados del oficialismo también atraviesan crisis profundas.
“Ya cayó Venezuela, Cuba está ofreciendo algo vergonzoso después de décadas de miseria… y Nicaragua sabe que puede ser la siguiente”, sostuvo.
Efecto dominó en la región
Martínez vinculó la situación de Nicaragua con el deterioro de regímenes aliados en América Latina, particularmente en Venezuela y Cuba, lo que —a su juicio— ha dejado a Ortega y Murillo sin respaldo político ni económico sólido.
Según explicó, la crisis en esos países ha evidenciado el fracaso de un modelo que ya no puede sostenerse.
“Cuando un pueblo está sin luz, sin agua, sin comida… y después de todo eso vienen a negociar, eso demuestra que no funcionó”, señaló.
En ese contexto, considera que Managua estaría buscando una salida anticipada ante un eventual colapso mayor.
Negociaciones: no es la primera vez
El sacerdote también reveló que estos acercamientos no son nuevos. Indicó que anteriormente ya habían existido intentos de negociación por parte del régimen nicaragüense, pero que no prosperaron debido a la desconfianza de Estados Unidos.
“Ya había intentos, pero no habían recibido luz verde. Esto confirma que el régimen no es fuerte”, afirmó.
A su juicio, la posibilidad de un desenlace político podría adelantarse incluso antes de lo previsto. “Creo que esto no llegará a diciembre, puede ser antes”, dijo.
Mensaje a los militares
En su declaración, Martínez también envió un mensaje directo a las fuerzas armadas, cuestionando su papel en el sostenimiento del régimen.
“Los militares tienen que entender inteligentemente que ellos no pueden estar defendiendo a un par de viejos enclenques que aparentemente tienen fuerza, pero no tienen fuerza de ninguna de ninguna clase. O sea, ¿qué militar honesto, inteligente es aquel que va a querer apostar su vida para defender una causa totalmente desfasada, impidiéndole a sus hijos vivir en una Nicaragua libre, por defender a un gobierno que no tiene futuro?”, cuestionó.
Incluso afirmó que el país se encuentra en una fase crítica: “El gobierno está en los estertores de la muerte”.
Presión sobre la oposición
El sacerdote advirtió, sin embargo, que el desenlace no dependerá únicamente del debilitamiento del régimen, sino también de la capacidad de la oposición para actuar con cohesión.
Recordó que desde Estados Unidos se ha insistido en la necesidad de una oposición unificada y con propuestas claras.
“El Departamento de Estado quiere resultados. No puede escuchar versiones distintas de cada grupo”, señaló.
En ese sentido, lanzó una advertencia: si la oposición no logra articularse, podría quedar al margen de cualquier proceso de negociación.
Riesgo de un acuerdo sin la oposición
Martínez expresó preocupación ante la posibilidad de que se alcance un acuerdo directo entre Washington y Managua sin tomar en cuenta a los actores opositores, aunque consideró poco probable ese escenario debido a la falta de credibilidad del régimen nicaragüense.
“Sería una grosería ignorar el esfuerzo de la oposición, pero también es cierto que la oposición tiene que estar a la altura”, concluyó.
En medio de este escenario, el sacerdote plantea que Nicaragua atraviesa un momento decisivo, donde el debilitamiento del régimen y la presión internacional podrían acelerar un cambio político, siempre que exista una oposición capaz de responder con unidad y estrategia.
