Henry Briceño
Jamás la historia de Nicaragua había registrado tantas familias destruidas por un gobierno, pese a que la nación ha sido sometida a desmanes de déspotas que han confundido al país con su finca familiar. El desgobierno brutal de Rosario Murillo y Daniel Ortega ha superado con creces la bestialidad histórica, la crim7nalidad, robos y sadismo en perjuicio de miles de familias nicaragüenses.
Rosario Murillo, una mujer enferma con poderes omnímodos, con un esposo de camas separadas manejado como cualquier títere de feria pobre, en eso terminó Daniel Ortega. Un ser que se va cayendo a pedazos ante ojos de sus víctimas que fácilmente superan la mitad de la población de un país flagelado por sus cuatro costados.
Rosario Murillo no tuvo empacho en arrebatarle sus bienes a su propio padre -Don Teódulo- y conducirlo a la muerte, Rosario Murillo que no dudó en ensañarse con su hija Zoila América violada por Daniel Ortega. Rosario, a su hija, víctima de Ortega al final la expulsó de Nicaragua en el marco de la violencia. Sigo refiriéndome a Rosario Murillo, esa mujer cadavérica que ordenó la “Operación Limpieza” mediante una protesta cívica en abril del 2018 provocando casi medio millar de asesinados por su guardia personal. Que demuestre lo contrario el “generalito” Julio Avilés y el beodo “Primer Comisionado” Paquito -así de diminuto-Díaz.
Continuó con ese engendro del mal que destroza familias enteras en su afán inexplicable de acumular riquezas, poder y, por supuesto, odio. Porque Murillo se ha empecinado en crearse odio con sus abusos desmedidos. En Nicaragua no existe una sola familia que no haya sido lastimada, directa e indirectamente, por la ilegal copresidenta. Que callen muchas ante la represión es otra cosa.
La historia ya recoge las atrocidades de Rosario Murillo y Daniel Ortega. La primera por autora intelectual y el segundo -también- por autor inmediato de tantos crím7nes, robos, violaciones, destierro, desnacionalizaciones y exilio de casi un millón de nicaragüenses. Son, repito, miles de familias que han sido despojadas de sus bienes materiales por la violencia institucional de Murillo y Ortega.
Fortunas legalmente adquiridas han sido arrebatadas por la dictadura sin que haya un atisbo de justicia en estos malignos procederes. El pueblo nicaragüense está a merced de un par de enfermos, ancianos decrépitos que a pesar del arrastre de sus pies por los pocos metros que transitan la capital no reflexionan sobre el futuro inmediato de sus hijos, también desalmados vagos de profesión y buenos para nada. Menos que la insensible codictadora dedique un segundo a pensar sobre sus más de cuarenta nietos.
Rosario, ya no Daniel porque este “está más para allá que para acá”, debería pensar que muy pronto no habrá escoltas menos Colegio Alemán con transporte y vigilancia pagada por el sacrificado país para sus decenas de nietos. El poder nunca es eterno, además, Nicaragua no es una finca con el fierro ilícito de Rosario Murillo y Daniel Ortega. Nicaragua es de los nicaragüenses.
De nada le sirve a Rosario Murillo cubrir sus escuálidas carnes en proceso terminal de descomposición con sabanas multicolores. En la medida que se queda sin dientes aumenta su maldad. Se incrementa la causa penal que la conducirá, más temprano que tarde, al banquillo de la justicia en pos de una cárcel que espera ávida por castigar a este infame personaje que ha llevado la desdicha a la gran familia nicaragüense.
Tanto Murillo como Ortega continúan con sus ansias de crim7nalidad arrebatando vidas a presos políticos en cautiverio, violando jovencitas en las miserables cárceles diseñadas para la tortura practicada por asesinos de profesión. Igual profundizan las confiscaciones con causas inventadas visibles por todo el país. Familias en la calle sin protección jurídica, niños, ancianos, mujeres…no existe el mínimo respeto a la condición humana y aun así el esqueleto andando sigue manoseando la figura y nombre de Dios. ¡Hasta cuando!
Sacerdotes de la iglesia católica continúan siendo perseguidos, encarcelados, interrogados violándoles sus derechos jurídicos y humanos. Muchos desterrados. Rosario Murillo no puede con una iglesia históricamente fuerte y firme, aunque -en Nicaragua-permeada ligeramente ante la debilidad de un par de ojos que se abren ante la riqueza ofrecida -caso Sándigo- o bien ante la amenaza real de los déspotas -caso Brenes-.
Rosario ha ordenado quemar viva a la familia Velásquez Pavón (Bo. Carlos Marx 16.6.2018, Managua) donde fallecieron calcinadas seis personas entre ellas dos niños. El Colectivo de Derechos Humanos “Nicaragua nunca más”, el 01.6.24, denuncio que al menos 29 niños, niñas y adolescentes fueron asesinados en el marco de la crisis social y política que vive este país centroamericano. Todas las ordenes en materia de violencia emanan de Rosario Murillo.
La dictadura somocista (1934/1979), resultó pírrica en materia de provocarle daño a la familia nicaragüense. La maldad de Murillo y Ortega trasciende el umbral del odio hacia aquellos que se atreven a disentir de sus desaciertos tan recurrentes. Rosario Murillo, sin límites en su maldad, desconfía hasta de su sombra esta misma que la ha convertido en una paranoica sin igual.
Enferma al extremo de humillar públicamente a sus hijos y desconfiar de ellos, menos que crea en su “generalito” y primer comisionado mayor con abdómenes abultados. Que los use a cambio que se hagan millonarios es otra historia. Estos últimos son tan responsables de la debacle nacional como Murillo y Ortega. Estos, los que mantienen a la crim7nal dictadura bajo el imperio de las armas y la represión, también, enfrentaran la justicia.
Dictadores al igual aquellos y aquellas que han obedecido ordenes provocando llanto y luto en la población, pagaran por el dolor provocado a tantos miles de familias dentro y fuera del país. No habrá venganza menos odio porque nada de ello ronda por nuestros entornos, pero sí, habrá justicia y reparación de daños. Eso sí es seguro.
