Para la escritora nicaragüense Gioconda Belli, tras la ola de detenciones de sacerdotes en Nicaragua está la mano de Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega, quien aspiraría a instalar una nueva religión en Nicaragua, donde ella sea la sacerdotisa.
“Hace mucho pronostiqué que Murillo buscaba convertirse en la sacerdotisa de una Iglesia inventada por ella. Pregona el fin de quienes se interponen entre ella y ese Dios que ha hecho existir para sí misma e invoca para que avale su desalmado proceder. Su Dios no existe”, escribió Belli en la plataforma X.
Hace mucho pronostiqué que Murillo buscaba convertirse en la sacerdotisa de una Iglesia inventada por ella. Pregona el fin de quienes se interponen entre ella y ese Dios que ha hecho existir para si misma e invoca para que avale su desalmado proceder. Su Dios no existe.
Rosario Murillo ha mostrado una espiritualidad polémica en un país como Nicaragua donde el 80% de la población se considera cristiano, y el 56% de ellos dicen profesar la religión católica.
Entre la población, y en innumerables artículos periodísticos, se le ha llamado a Murillo “bruja”, “diabla”, “hechicera”, o “sacerdotisa”.
Murillo ha sido discípula del controversial gurú indio Sathya Sai Baba y es aficionada a colocar símbolos esotéricos como escudosprotectores en sus espacios.
Carga con múltiples anillos, pulseras y collares de diferentes colores y materiales que funcionan como talismanes, y levantó en todo el país unas 140 gigantescas estructuras metálicas que bautizó como “árboles de la vida” a un costo de 30 mil dólares cada una, según investigaciones periodísticas.
Murillo también intentó realizar un congreso internacional de brujos en Nicaragua en 1990, el cual no se realizó porque Daniel Ortega perdió el poder en las elecciones de ese año frente a Violeta Barrios de Chamorro.
El 24 de diciembre de 2006, poco antes de que Ortega asumiera de nuevo el poder en Nicaragua, Murillo abrió las puertas de su casa al entonces periodista de Canal 12, Arturo McFields, quien mostró por primera vez al público la abundancia de símbolos religiosos y esotéricos de diferentes culturas que mantiene.
“Yo admiro mucho el budismo en tanto que predica el desapego, el desprendimiento, el no apegarse a nada, porque uno no es eterno, uno es movimiento, la vida es eso, la vida es movimiento y uno debe de fluir con ese movimiento y uno debe de ser desprendido y saber que un día estás aquí y otro día estás allá, pero lo único que cuenta es que tu espíritu prevalezca”, dijo para explicar la presencia de una imagen de Buda en su sala.
La trasmisión televisiva también mostró una gran cantidad de ángeles y una figura del guerrillero Augusto C. Sandino, rodeado de candelas encendidas y sal.
“La sal en el día de Navidad, la sal atrae las cosas negativas, porque la sal es el mar, es el infinito, es la inmensidad, entonces esto te sirve para atraer las energías negativas y que no haya negatividad en el ambiente, que haya armonía”, explicó Murillo entonces.
Para el vocero de la Compañía de Jesús en Centroamérica, sacerdote José María Tojeira, “Ortega es un pobre hombre moribundo, Murillo una mujer enloquecida, ebria de poder, Laureano un cantor de ópera aficionado y presunto heredero del poder en Nicaragua. Los tres corruptos enriqueciéndose desde el poder. Persiguen a la Iglesia Católica mientras caminan hacia el fracaso”, expuso en X.
La abogada e investigadora Martha Patricia Molina considera que Murillo tiene la obsesión “de creerse omnipresente, todopoderosa y eterna y hacer de su figura una deidad en donde todos los nicaragüenses deben de rendirle culto y adoración”.
Molina ha publicado un informe sobre 750 ataques que ha sufrido la iglesia católica en Nicaragua desde 2018 hasta diciembre de 2023, y considera que este último año fue “el de más ataques en contra de la iglesia católica en el quinquenio reciente”.
Dice que “el ataque feroz” contra de la Iglesia a final del año se debe a varias situaciones, “que no excluyen otras que puedan tener”: “El miedo que los Ortega-Murillo tienen a la verdad que emana del Evangelio; a la actitud de los obispos y sacerdotes de no rendir pleitesía a Daniel Ortega y Rosario Murillo; a la posición de la iglesia de proteger a los perseguidos y desamparados; y a la obsesión enfermiza que acarrean desde los años 80 de desaparecer el catolicismo del país”.
Hasta ahora los 17 religiosos apresados en fin de año no han sido presentados ni se conoce su paradero ni los cargos que se les imputan. Para la abogada Martha Patricia Molina están en calidad de “secuestrados” en tanto no hay proceso formal en su contra.
Molina cree que Ortega podría estar armando otro paquete de sacerdotes para enviarlos a El Vaticano, tal a como hizo con 12 sacerdotes el 19 de octubre pasado.