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La justicia transicional tiene que tener un espacio de respeto a los derechos de las víctimas, de lo contrario perderá legitimidad, dice experto

El sociólogo peruano Eduardo González Cueva, experto en derechos humanos, señaló que la justicia transicional en cualquier país con un conflicto sociopolítico como el que ocurre en Nicaragua, debe “tener un espacio de respeto a los derechos de las víctimas”, pues de lo contrario “esa transición desde el día uno perderá legitimidad”.

En entrevista con La Mesa Redonda, el experto abordó el polémico tema de la justicia transicional para dar luces sobre lo que las sociedades deberían de hacer en torno a las violaciones de derechos humanos y el tratamiento a los opresores y víctimas de crímenes de lesa humanidad.

La justicia transicional es lo que hacen las sociedades cuando están enfrentando la transición de una dictadura a una democracia, o la transición de un conflicto armado a la paz”, explicó González Cueva.

El sociólogo señala que el reto de la justicia transicional radica en la respuesta que se la dará a las violaciones de derechos humanos que se han cometido. En ese sentido, asegura que las víctimas “tienen derechos irrenunciables”, y que deberá haber justicia, reparación y no repetición.

Lo que dice el Derecho es que las víctimas de las más graves violaciones de los derechos humanos, por ejemplo la persecución política, las ejecuciones, la tortura, la violencia sexual, esas víctimas tienen derechos irrenunciables, que son derecho a saber sobre lo ocurrido, a recibir una reparación justa por lo que han sufrido y a buscar la posibilidad de justicia en un Tribunal; y además que el Estado tiene la obligación de no repetición”, expuso.

Lo que hay que buscar en cualquier discusión sobre la justicia transicional es una mirada equilibrada y realista, firme en el derecho de las víctimas y comprender los parámetros políticos que fijan una transición”, añadió.

Una transición mal cerrada en Nicaragua

El experto mencionó el caso de Nicaragua con los conflictos de los años 70 y 80, donde los líderes sandinistas obtuvieron “facilidades para retener ciertas propiedades, lo que popularmente se conoció como ‘La Piñata’, para que pudieran encontrar un puente hacia su salida del poder”, pero que permitió la continuación de la existencia del FSLN.

González Cueva asegura que se trató de una transición “mal cerrada” que provocó inestabilidad y a una democracia floja, pero que sobre todo “no cerró ciclos” y las víctimas no fueron tomadas en cuenta.

El siglo XX nicaragüense está marcado por ciclos de violencia y autoritarismo, ninguno de los cuales se cierra bien. No se cierran bien porque se cierran en las características del cierre militar del conflicto, o sea una derrota o un acuerdo, y no el cierre psicológico y cultural del conflicto”, dijo.

Agregó que en Nicaragua no hubo una comisión de la verdad genuina al cierre del conflicto armado. “No se trata de un proceso de justicia transicional, se trata meramente de un proceso desarme, reintegración y desmovilización, eso es todo. Entonces, al no ocurrir eso de un proceso de reparación para todas las víctimas y un proceso de justicia contra las peores atrocidades, nadie se olvida y se acumula el trauma de generación en generación y se vuelve a encender 30 años después”, anotó.

Una nueva transición “difícilmente ocurrirá”

En las condiciones actuales de Nicaragua, que vive una crisis sociopolítica desde 2018, con más de 300 asesinados, más de 100 presos políticos, miles de exiliados y una continua represión de la dictadura de Daniel Ortega sobre la población nicaragüense; el experto advierte que una transición “difícilmente ocurrirá”, debido a que no existe una “alternativa al régimen” si este sale del poder.

Para que pueda haber un espacio transicional, sea por negociación, sea por colapso del régimen, esa transición difícilmente ocurrirá si es que no hay alternativa al régimen saliente y no puede haber alternativa al régimen saliente si todas las partes alternativas presionan cada una su propia posición”, explicó.

El sociólogo indicó que “los regímenes se quedan en la medida que ocurran topos: la primera es que el bloque de poder se mantenga unido y no se rompa; y la segunda, es que el bloque opositor se junte o se mantenga unido”.

Destacó que la “competencia” entre los grupos opositores “puede resultar en darle un poder adicional a la represión ya ejercida por el régimen”, y que “si los actores están desunidos, pierden”.

También comenta que “es mejor dialogar que agarrarse a puñazos”, pero que “la pregunta es, quién va a discutir y qué se va a discutir, en qué condiciones se sienta a discutir”.

Pero que “la transición sea en la forma que sea, tiene que tener un espacio de respeto a los derechos de las víctimas, de lo contrario esa transición desde el día uno perderá legitimidad”.