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Nicaragüense paciente oncológica denuncia falta de atención médica en Costa Rica

Urania del Carmen Castrillo Molina, una nicaragüense de 54 años, refugiada política y exiliada en Costa Rica, compartió con La Mesa Redonda su doloroso testimonio de lucha contra el cáncer de mama invasivo, así como su denuncia por las dificultades que enfrenta por falta de tratamiento médico y la negligencia y maltratos por algunos funcionarios y profesionales médicos costarricenses.

Urania del Carmen Castrillo Molina antes de ser diagnosticada con cáncer de mama

Su historia comienza en abril de 2018, cuando Urania era voluntaria de Cruz Roja Nicaragüense, un servicio que desempeñó durante 34 años. En ese mes, la violencia política en Nicaragua alcanzó niveles insostenibles, y Urania, como otros miembros de Cruz Roja, se vio atrapada en medio de enfrentamientos violentos. Ante la creciente represión, huyó a Costa Rica en octubre de ese mismo año, dejándolo todo atrás en busca de seguridad.

A su llegada a Costa Rica, fue beneficiada con un seguro médico a través de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en el marco de un convenio con la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) destinada a personas solicitantes de refugio, refugiados, en riesgo de apatridia y apátridas.

En mayo de 2024, se presentó a un chequeo médico por molestias en la garganta, pero la doctora que la atendió en el Hospital Nacional de las Mujeres Adolfo Carit Eva descubrió algo más grave: un bulto en su pecho.

Resultado patología

A pesar de que no presentaba dolor ni otros síntomas evidentes, la doctora la derivó de inmediato a la Clínica Carlos Durán Cartín para realizarse una mamografía urgente. Los resultados confirmaron el diagnóstico: un cáncer de mama invasivo de tipo carcinoma ductal en fase agresiva.

Mamografía de Urania del Carmen Castrillo Molina

Negligencia médica y burocracia

Ante la falta de un cardiólogo y de una Unidad de Cuidado Intensivos Coronarios en los anteriores centros sanitarios, Urania fue transferida al Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, donde enfrentó una serie de obstáculos administrativos y de atención.

A la velocidad de la luz me transfirieron a medicina interna para que me hicieran de inmediato la valoración preoperatoria y ahí fue donde comenzó mi calvario cuando me dieron la referencia para ir al Calderón Guardia”, declaró.

Referencia

En su relato, Urania destacó la “sobrepoblación” de pacientes, las demoras en la atención médica y la falta de disponibilidad de personal especializado, como cardiólogos, lo que hizo que su tratamiento se complicara aún más.

Urania reveló que cuando acudió al Hospital Calderón Guardia para su operación, fue informada en Ventanilla que sus documentos se habían “perdido” y que la fecha de su cita se extendería hasta agosto de 2025, lo que la sumió en una profunda angustia.

Cuando ella (funcionaria de Ventanilla) me dice eso yo siento una estocada en la boca el estómago y le digo ‘cómo que se perdieron, si yo se los entregué en su mano’; entonces me dijo ‘no se enoje porque de todas maneras tampoco hay médico para que la atienda porque todos se fueron de vacaciones’. Yo me enojé y le dije ‘y usted qué cree que mi cáncer va a ser vacaciones como la va a tener usted y como la tienen los médicos tiene que haber alguien que me atienda’”, relató.

Pese a la urgencia de su cáncer, su operación fue retrasada debido a la falta de valoración cardiológica, esencial dada su historia clínica previa.

Ante la demora y falta de respuesta por parte del Hospital Calderón Guardia, Urania acudió a ACNUR y la Defensoría de los Habitantes, quienes demandaron a la Caja Costarricense de Seguro Social y al Hospital Calderón Guardia.

Bajo un recurso de amparo presentado ante la Sala Constitucional de Costa Rica, se ordenó al Hospital Calderón Guardia atender a Urania de manera inmediata.

Tras esto, la nicaragüense fue llamada por el hospital antes mencionado, para que se presentara el 2 de enero de este 2025 y le informaron que sus documentos “no estaban perdidos”, sino que una doctora los había dejado “guardados” mientras regresaba de “vacaciones”.

Urania del Carmen Castrillo Molina en el Hospital Calderón Guardia

Urania, asegura que además se encontró con un trato despectivo de parte del personal médico, en especial de una doctora a la que identifica como el apellido de Álvarez, quien, según su testimonio, la confrontó reiteradamente y difundió entre colegas que había “demandado al hospital”.

Me llamaron, fui la última paciente que atendieron, salió una doctora menudita de lentes, después supe que era la doctora Álvarez y me dijo: ‘usted es Urania Castrillo’, Sí señora le digo. ‘Usted es la que nos demandó’. Cuando yo entré al consultorio y a otra doctora que estaba sentada en la computadora le dice ‘ella es la paciente, es la que demandó’”, contó.

Tras ser revisada por otra doctora, pues la primera se negó a hacerlo, le dijeron que llegara el 6 de enero para ingresarla para cardiología.

Llegué el 6 de enero, me recibieron bien en admisión, cuando me ingresaron ya en el cuarto piso, donde iba a buscar la cama veo a la doctora Álvarez y dice ‘a esta la conozco’… Esta doctora comenzó a divulgar entre los médicos y los estudiantes residentes que yo los había demandado y eso creó malestar desde el primer día”, aseveró.

Urania denuncia que mientras esperó días para ser operada –algo que no ocurrió pues fue dada “de alta”— en el hospital se le negó una dieta oncológica adecuada, recibiendo alimentos que podrían agravar su condición, como dulces y grasas. “Pasaron seis días y nunca me hicieron la valoración cardiológica”, agregó.

Alimentos que Urania del Carmen Castrillo Molina recibió en el Hospital Calderón Guardia

Añade que pese a sufrir dolores constantes e intensos, el hospital únicamente le recetó medicamentos inadecuados como acetaminofén y metamizol, y no analgésicos especializados para pacientes oncológicos.

Alimentos que recibía Urania del Carmen Castrillo

Además, señala que por quejarse de los fuertes dolores, fue visitada por dos psiquiatras del hospital. El primero le dijo que no le encontraba “ningún problema psiquiátrico”, pues “sus quejas están acorde a su dolor, a su sentir y al maltrato que usted dice haber recibido”.

Una segunda psiquiatra llegó a hablar con Urania. “Me trató de persuadir de que me disculpara con doctora Álvarez por lo que les había dicho que se quitarán las gabachas y que se calzaran en mis chancletas con mi cáncer, me dice ‘usted está teniendo confrontaciones’ y me insinuó que la demanda también se quitara”, aseguró la nicaragüense.

Esta última psiquiatra la diagnosticó con “trastorno de adaptación”.

No tengo nada en contra del hospital Calderón Guardia, pero sí me siento muy maltratada, violentada. Aquí tengo un documento donde la psiquiatra que se llama María Elena Alvarado Rodríguez, fue la que me trató de persuadir que me disculpara con la doctora (Álvarez) y le dije que no, y me puso que yo tengo un trastorno de adaptación. ‘Sí tengo un trastorno de adaptación’ le dije yo, no me voy a adaptar a vivir con el dolor de un cáncer que me está matando segundo a segundo y que me está comiendo viva”, refiere.

Diagnóstico de «trastorno de adaptación»

Como exiliada, Urania expresó sentirse desprotegida y víctima de xenofobia. Narró incidentes en los que su nacionalidad fue utilizada en su contra por la doctora Álvarez.

Finalmente fue sacada del hospital Calderón Guardia sin su operación y sin un tratamiento adecuado. “El hecho de ser nica o ser costarricense, el cáncer no hace diferencias ni fronteras. Y entonces me sacaron del hospital y me dijeron que no me iban a operar que me fuera al (Hospital) Carit”, denunció.

Eso es maltrato eso es negligencia médica eso es tortura porque nadie sabe cómo duele un cáncer y mi vida está en juego, mi cáncer no se ha detenido yo no tengo ningún tratamiento ahorita, ni quirúrgico ni quimio ni radio; me dieron únicamente nitrofurantoína para la infección renal y acetaminofén de 500 mg. Sigo con mis dolores, considero que es maltrato me considero podría decir hasta torturada dentro del hospital”, añadió.

Así quedó el estómago de Urania del Carmen Castrillo tras las inyecciones de Heparina

Yo estaba alegre porque me iba a operar en cualquier momento, solo me dijeron que estaban esperando al cardiólogo y la valoración para meterme a quirófano, pero conforme se fueron dando las confrontaciones con esa doctora Álvarez no me operaron y me mandaron de alta”, continuó.

Llamado a las autoridades costarricenses

Urania anunció que planea iniciar una huelga de hambre en protesta por la desatención médica y la situación de los pacientes oncológicos en Costa Rica, describiendo la crisis como un “desmadre a nivel nacional” que afecta tanto a costarricenses como a extranjeros.

Yo creo que esto es en pro de la vida, una huelga en defensa de la vida de los pacientes oncológicos porque con esta confrontación que hay de médicos y poderes del Estado va a haber una cantidad de gente muerta, tal vez así se sensibilizan y nos atienden”, dijo la nicaragüense.

Se están violando los derechos, se está maltratando al paciente oncológico, se nos está dejando morir, los cánceres no esperan en cualquier parte del cuerpo que lo tengamos, entonces esto es lo que me ha llevado a luchar en Costa Rica por la vida, como luché en Nicaragua por el derecho a la vida”, zanjó.

Además, solicitó apoyo para ser trasladada a otro país donde pueda recibir tratamiento oportuno, mencionando España y El Salvador como posibles destinos.

Urania busca no solo salvar su vida, sino también visibilizar la precariedad que enfrentan miles de pacientes con enfermedades críticas en Costa Rica.

Posible denuncia colectiva

El activista de derechos humanos Jhoswel Martínez, presidente de la Asociación Intercultural de Derechos Humanos (ASIDEHU) dijo a La Mesa Redonda que se está valorando realizar una “denuncia colectiva” en contra de la Caja Costarricense “por parte de todas estas personas que están siendo víctimas de estos tratos negligentes”, como contra “los médicos puntuales que están haciendo estos diagnósticos y malos procedimientos”.

Asimismo, una denuncia ante el Colegio de Médicos. “Una denuncia penal ante el Colegio de Médicos porque es quien le otorga la licencia a estas personas para poder ejercer la profesión de la salud y se supone que tienen que hacer exámenes prácticas y cumplir con ciertos criterios requisitos y profesionalismo ético”, dijo Martínez.

El mismo código de ética dice que el médico debe de cuidar a sus enfermos tomando en cuenta su condición humana, sin distinción de nacionalidad, religión, raza, ideología, condición económico social, y debe ajustar su conducta a las reglas de la circunspección probidad de honor, debería de ser un médico honorario”, añadió.

Jhoswel Martínez de ASIDEHU

El experto destaca que se buscaría “una acción directa para hacer pena o culpabilizar por los daños ya cometidos”.

Porque aquí hay daños cometidos y hay daños críticos, hay daños graves. Analizando el caso, hay afectaciones físicas, sufrimientos, tratos crueles y degradantes que, incluso se consideran dentro de la declaración universal de Derechos Humanos en su artículo tortura. Esto son prácticas de tortura, pero a través de trates y degradantes, tratamientos negligentes, malos tratos, humillación, discriminación sujeta a chismes, cuando deberías tener intimidad, diligencia médica, al no garantizar la dieta oncológica, la falta de protección del sistema del Estado”, señaló.

Martínez recalcó que “hay una violación a los deberes por parte de la institución de la Caja Costarricense, hay una vulneración crítica a la vida y una violación a la vida que es un derecho humano inviolable, así como unos diagnósticos falsos con el tema de la de la asignación de un psiquiatra para poder valorar si ella está mal solo porque se está quejando y siendo incómoda”.

Apoyo para doña Urania

Urania cuenta que el ACNUR le otorgó una tarjeta de ayuda mensual de 120.000 colones (240 dólares), tienen que pagar 140.000 colones por el alquiler de un cuarto, por lo que no cuenta con dinero para pagar su alimentación, medicinas y otros gastos personales.

Antes de ser diagnosticada con cáncer de mama, la nicaragüense vendía tajadas con queso. Pero ahora, se ha visto en la necesidad de pedir ayuda frente al Hospital San Juan de Dios o sobre el boulevard cercano en San José.

Yo quiero vivir, yo salí de Nicaragua porque quiero vivir, luché por la vida y quiero luchar por la vida aquí también, pero me están dejando morir, ni siquiera tengo un analgésico, solo tengo acetaminofén y nitrofurantoina y me declaran inadaptada social por estos reclamos que hago”, expresó.

Para ayudar a Urania del Carmen Castrillo Molina puede hacer un donativo a sus cuentas bancarias:

Cuenta en dólares de Banco Nacional – CR 16015120820020063180

Cuenta en colones de Banco Nacional – CR 30015124720010067271

Sinpe número: 7183-0763