La agencia calificadora de riesgo Fitch Ratings confirmó la calificación crediticia de Nicaragua en ‘B’ con perspectiva estable, según informó este martes el Banco Central de Nicaragua (BCN). El informe destaca una política fiscal “prudente”, superávits sostenidos en las cuentas fiscales y externas, y una acumulación de reservas.
Sin embargo, economistas independientes advierten que estas cifras “no reflejan la realidad estructural” de la economía del país, marcada por el autoritarismo, la contracción del mercado interno, la pérdida de capital humano y el estancamiento productivo.
Lo que dice Fitch Ratings
En su evaluación, Fitch señala que el crecimiento económico se desaceleró en 2024, pero continúa impulsado principalmente por el consumo. También destaca una recuperación notable de la inversión pública y un incremento significativo en la inversión privada.
La agencia resalta además la reducción de la inflación, la continuidad de una tasa de deslizamiento cambiario del 0 % y el crecimiento del crédito en un contexto de estabilidad del sistema financiero.
De acuerdo con el BCN, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 3,6 % en 2024, tras un aumento de 4,4 % en 2023 y de 3,6 % en 2022. Para 2025, se proyecta un crecimiento entre 3 % y 4 %, con una inflación controlada entre 2 % y 4 %.
Economistas advierten sobre “realidad maquillada”
Para economistas nicaragüenses independientes, las cifras que destacan organismos como Fitch no cuentan toda la historia. El economista Enrique Sáenz ha señalado que la aparente estabilidad macroeconómica se construye sobre una base frágil, sin garantías democráticas ni condiciones para un desarrollo inclusivo.
“Un crecimiento económico, para ser de verdad, al menos debe generar los siguientes efectos: crear empleo estable y de calidad, elevar los salarios e ingresos de la población y aumentar las utilidades y la capacidad de inversión del tejido empresarial. Además, debe asentarse, en lo fundamental, en alzas sostenidas de la productividad. Si esos resultados se logran es lógico esperar que mejoren los niveles de bienestar de la población y el progreso general del país. ¿Ha ocurrido esto bajo el régimen de Ortega? Absolutamente no”, señaló en un artículo de opinión titulado “El fracaso económico del orteguismo”.
Otros expertos como Manuel Orozco de Diálogo Interamericano señalan que el crecimiento económico está concentrado en sectores poco generadores de empleo, como zonas francas o agroexportaciones, mientras la informalidad sigue siendo la norma para la mayoría de la población económicamente activa.
La economía nicaragüense, aunque muestra indicadores positivos en sus cuentas externas, opera en un entorno de represión política, cierre de organizaciones sociales, migración masiva y aislamiento internacional.
“Este crecimiento está divorciado de cualquier recuperación económica en beneficio de los nicaragüenses: éstos perciben menos ingresos, pagan más impuestos, son expulsados de su país, sus negocios extorsionados y el clientelismo es financiado con préstamos internacionales. Principalmente el crecimiento económico del país se atribuye al aumento en más del 30 por ciento de las remesas de familiares, a la inversión pública oxigenada por préstamos internacionales ya un gasto de gobierno apoyado en la extorsión tributaria”, dice su informe “La verdadera economía de Nicaragua está en declive”.
