En una entrevista exclusiva con el programa La Mesa Redonda, el sociólogo y excarcelado político Freddy Quezada ofreció un análisis profundo sobre la situación actual de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.
El espacio, conducido por el periodista Sergio Marín Cornavaca, abordó temas clave como el control militar, las dinámicas internas del régimen, la posibilidad de transición tras la muerte de Ortega, y el papel de la oposición.
Una dictadura que proyecta poder, pero asentada “en el aire”
Quezada, exiliado político con trayectoria académica en filosofía y metodología de la investigación, señaló que el régimen Ortega-Murillo “proyecta una estabilidad aparente”, sostenida únicamente por tres pilares: la Policía, el Ejército y los paramilitares.
“Es una estabilidad soportada en el aire… en un aire venenoso: el de las armas”, advirtió, haciendo énfasis en la naturaleza coercitiva del control dictatorial.
El ascenso militar y la sospecha de conspiraciones
Durante la conversación, Quezada analizó el reciente ascenso de oficiales militares señalados por crímenes de lesa humanidad. Según explicó, este movimiento podría responder a intentos por “destrabar el tapón” dentro de las fuerzas armadas y prevenir posibles conspiraciones internas, especialmente en la Fuerza Aérea, históricamente más educada y crítica. Recordó que las conspiraciones en Portugal y Chile se originaron justamente en este cuerpo castrense.
¿Qué pasaría tras la muerte de Ortega?
Consultado sobre un posible escenario post-Ortega, Quezada fue categórico: “Los hijos de Ortega no están preparados para tomar el poder. Serían carne de hienas”.
En su opinión, la gran debilidad del dictador ha sido no formar un relevo político dentro de las estructuras del poder, a diferencia de lo que hizo la familia Somoza.
También criticó el papel de Rosario Murillo, a quien calificó como “una figura con olfato político maquiavélico, pero sin formación ni capacidad para sostener el régimen por sí sola”.
Programas de gobierno vs. programas de lucha
Uno de los aportes más relevantes del sociólogo fue su diferenciación entre “programas de gobierno” y “programas de lucha”. Aseguró que los primeros son pactos de élites basados en repartición de cargos, mientras que los segundos nacen desde abajo, con consignas simples y poderosas como “justicia”, “repatriación” o “nueva constituyente”.
En ese contexto, destacó positivamente el llamado del padre Benito Martínez a la unidad opositora en Miami, donde prohibió hablar de candidaturas presidenciales como medida preventiva ante el oportunismo político.
El silencio como forma de resistencia
Quezada también reflexionó sobre lo que denominó el “silencio estratégico” del pueblo nicaragüense, especialmente de los sectores estudiantiles y étnicos. Para él, este silencio no necesariamente indica pasividad, sino una forma de desorientar al enemigo y proteger la organización interna.
“Las cosas se cocinan en el silencio y de pronto ¡pum!, explotan”, afirmó, citando como ejemplo los movimientos sociales que han surgido de manera inesperada en otras latitudes.
La dictadura frente al ajedrez geopolítico
En el plano internacional, Quezada ironizó sobre la supuesta alianza de Nicaragua con potencias como Rusia y China.
“Una mosca no puede aportar nada a un dragón o a un oso. El águila ni siquiera la ve”, dijo, utilizando una analogía ilustrativa sobre la irrelevancia del régimen nicaragüense en el tablero global.
Las variedades del poder: nueva publicación desde el exilio
La entrevista cerró con la presentación del nuevo libro de Quezada, “Las variedades del poder”, una obra desarrollada durante su encierro político.
El texto plantea una visión filosófica del poder, contrastando las ideas de Montesquieu, Maquiavelo y Foucault con perspectivas orientales, en especial las enseñanzas del Zen.
“El poder no se elimina, se educa. El mayor poder es vencerse a uno mismo”, concluyó.
