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Despedida en el exilio: Familia Chamorro promete repatriar los restos de Violeta Barrios cuando Nicaragua “vuelva a ser república”

La expresidenta de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro, fallecida el sábado a los 95 años, fue despedida este lunes 16 de junio en una misa fúnebre celebrada en el templo del Sagrado Corazón de Jesús, en San José, Costa Rica.

En un acto cargado de simbolismo político y emotivo, su familia prometió repatriar sus restos “cuando Nicaragua vuelva a ser república”.

La urna que contenía los restos de la exmandataria —quien derrotó en las urnas al dictador Daniel Ortega en 1990 y condujo una transición pacífica hacia la democracia— fue cubierta con una bandera nicaragüense.

A la ceremonia asistieron tres de sus cuatro hijos Claudia, Cristiana y Carlos Fernando Chamorro, junto a nietos, exiliados nicaragüenses, el expresidente costarricense y premio Nobel de la Paz Óscar Arias, el cantautor Luis Enrique Mejía Godoy y otras personalidades de la región.

Su hijo Pedro Joaquín no pudo asistir debido a que se encuentra en Estados Unidos.

Cristiana Chamorro, agradeció al pueblo costarricense por acoger a su madre y permitirle una “sepultura digna”.

Por su parte, el periodista Carlos Fernando Chamorro cerró su mensaje con una promesa: “Gracias mamá por tu inmenso ejemplo de amor y generosidad. Y te prometo que cuando Nicaragua vuelva a ser república, regresarás a descansar en paz en tu patria”.

Primer funeral de Estado en el exilio

La ceremonia religiosa se convirtió en un acto de memoria histórica y de denuncia implícita al actual régimen de Ortega y Murillo.

Nicaragua, desgobernada por el exguerrillero sandinista desde 2007, no permitió a la familia despedir a Barrios de Chamorro en su país. Tampoco decretó duelo nacional.

De ama de casa a presidenta de la paz

Violeta Barrios de Chamorro fue la primera mujer en ser elegida presidenta por voto popular en América. Gobernó Nicaragua entre 1990 y 1997, liderando la transición del país desde un modelo autoritario y de economía estatizada hacia un sistema democrático y de libre mercado.

Su incursión en la política ocurrió tras el asesinato de su esposo, el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en 1978, crimen atribuido a la dictadura de Anastasio Somoza. La tragedia la empujó a convertirse en una figura pública clave en la resistencia cívica.

La exmandataria falleció tras una larga enfermedad agravada por un diagnóstico de Alzheimer y una embolia cerebral sufrida en 2018. Desde octubre de 2023 se encontraba en Costa Rica, acompañada por sus hijos, todos desterrados por el régimen de Ortega.