Expertos y líderes políticos analizan el impacto político del asesinato del mayor en retiro Roberto Samcam en Costa Rica y el mensaje de intimidación del régimen nicaragüense hacia la oposición en el exilio.
El reciente asesinato del mayor en retiro y opositor nicaragüense Roberto Danilo Samcam Ruiz en Moravia, Costa Rica, ha encendido las alarmas sobre la intensificación de la represión transnacional por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
En la última edición de La Mesa Redonda, conducida por el periodista Sergio Marín Cornavaca, se abordó en profundidad el impacto político de este crimen, con la participación del politólogo y dirigente opositor José Antonio Peraza.
Durante el programa, se denunció la existencia de estructuras de vigilancia y sicariato político que operan desde embajadas y redes afines al régimen en el exilio.
“Esto no fue obra de un gatillero común”, advirtió Peraza. “Fue una operación planificada con inteligencia militar, diseñada para enviar un mensaje de miedo a toda la oposición en el exilio”.
El programa también recogió reacciones de figuras internacionales como la congresista estadounidense María Elvira Salazar, así como expresidentes de América Latina agrupados en el foro IDEA, quienes condenaron el crimen y exigieron una investigación internacional independiente.
Asimismo, líderes costarricenses como Laura Chinchilla y Luis Guillermo Solís criticaron la pasividad del gobierno de Rodrigo Chaves y pidieron reforzar la protección a personas refugiadas en Costa Rica.
Sergio Marín destacó el contexto geopolítico que, según los analistas, ha sido utilizado por la dictadura para “apretar el gatillo” en un momento en que la atención internacional está enfocada en conflictos mayores como Ucrania, Irán o Gaza.
Sin embargo, el efecto ha sido contrario: Nicaragua vuelve al foco internacional y el asesinato ha generado una ola de solidaridad, unidad y movilización entre sectores de oposición.
“El régimen creyó que eliminando a Samcam silenciaría una voz crítica, pero lo que ha provocado es una indignación generalizada que podría traducirse en mayor cohesión de la oposición”, enfatizó Marín.
El programa concluyó con un llamado a la unidad de las fuerzas democráticas en el exilio y la construcción de una propuesta común de país, con el objetivo de fortalecer la presión interna y externa para desmontar el aparato represivo que hoy desgobierna Nicaragua.
