Nicaragua se ha convertido en uno de los países más peligrosos de América Latina para ejercer el periodismo, de acuerdo con el informe “Voces desplazadas: radiografía del exilio periodístico latinoamericano 2018–2024”, que documenta 913 casos de comunicadores forzados al exilio en la última década. El estudio identifica a Nicaragua, junto con Venezuela y Cuba, como los principales países expulsores de periodistas en la región.
Desde 2018, al menos 268 periodistas nicaragüenses han huido del país para proteger sus vidas y libertades, cifra que representa casi un tercio del total regional.
Costa Rica: refugio y plataforma del periodismo exiliado
La mayoría se ha asentado en Costa Rica, seguida por Estados Unidos y, en menor medida, España. La cercanía geográfica, los lazos históricos de migración y la existencia de medios nicaragüenses en el exilio han hecho de Costa Rica el principal refugio.
Además, en San José operan varios de los principales medios independientes que continúan cubriendo la realidad nicaragüense desde el exilio.
El informe —resultado de una investigación desarrollada durante 2024— advierte que el desplazamiento forzado de periodistas constituye un fenómeno de alcance continental que amenaza seriamente el derecho a la libertad de expresión.
Se estima que más de 900 comunicadores de estos tres países han cruzado fronteras desde 2018 debido a la persecución política, la violencia estatal y las amenazas del crimen organizado.
De acuerdo a la estimación, Venezuela (477), Nicaragua (268) y Cuba (98) son los países con el mayor número de personas obligadas a cruzar fronteras para proteger sus vidas.
En el caso nicaragüense, el informe detalla que el punto de quiebre ocurrió en 2018, cuando el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desató una feroz represión contra los medios por su cobertura de las protestas sociales.
Ese año se documentaron detenciones arbitrarias, agresiones físicas y allanamientos contra periodistas. Según la CIDH, la represión dejó un saldo de 355 muertos y más de 100.000 exiliados.
Un oficio amenazado
Desde entonces, Nicaragua ha vivido un progresivo cierre del espacio cívico. Medios como La Prensa, Confidencial y 100% Noticias fueron confiscados o clausurados, y decenas de periodistas han perdido su nacionalidad, su medio de vida y su patria.
“La práctica periodística en el exilio es admirada pero profundamente desafiante”, señala el informe.
Obstáculos legales, discriminación, xenofobia y precariedad económica obligan a muchos profesionales a abandonar la profesión, generando zonas de silencio y desiertos informativos en sus países de origen.
El documento también enfatiza que el periodismo en el exilio no es solo una labor informativa, sino una forma de resistencia democrática, preservación de la memoria histórica y reconstrucción identitaria para quienes han sido desplazados.
Las historias recogidas en “Voces desplazadas” evidencian que cada exilio es único, pero con patrones comunes: salidas abruptas, motivadas por amenazas directas, visitas intimidatorias de la policía o detenciones sin justificación. Muchos de estos desplazamientos ocurren sin planificación, con alto riesgo para los comunicadores y sus familias.
A pesar de ello, desde el exilio, el periodismo nicaragüense continúa documentando, denunciando y desafiando el silencio impuesto por la dictadura. Su persistencia es, según el informe, un testimonio del poder transformador de la palabra en tiempos de oscuridad.
