Henry Briceño Portocarrero | Agosto 4 del 2025
El sicario falló con Joao Maldonado y su esposa Nadia Robleto, pero con Roberto Samcam no. Fueron necesarios ocho balazos para terminar con la vida de un gran ser humano. El gatillero de Daniel Ortega y Rosario Murillo no podía cometer el error que cometió con los esposos Maldonado y la orden de Ortega y su mujer a Julio Avilés Castillo fue determinante: “Asegúrense que el operativo sea exitoso”. Así fue.
Fue con saña que el gatillero de la dictadura disparó en ocho ocasiones sobre la humanidad indefensa del escritor jinotepino en su propia residencia del condominio No. 6 de Naples, en Moravia, San José. Cayó pensando en su Nicaragua. Fue el jueves diecinueve de junio del dos mil veinticinco. Una fresca mañana josefina cuando el tentáculo criminal del orteguismo, nuevamente, violó la soberanía de Costa Rica. Otro crimen trasnacional de Daniel Ortega y Rosario Murillo que al parecer nadie los detiene en su vorágine de sangre.
Roberto Samcam Ruíz era exiliado político en Costa Rica y, además, gozaba de nacionalidad española al momento de caer bajo las balas asesinas del orteguismo. Roberto jamás dejó de denunciar el estado de criminalidad que vive Nicaragua bajo la dictatura de Ortega y Murillo. Menos, en su condición de exalto militar, marginó el involucramiento directo del ejército orteguista bajo el mando de Julio César Avilés Castillo en el asesinato de más de trecientos cincuenta nicaragüenses, en su mayoría jóvenes, durante la insurrección cívica del diecinueve de abril de dos mil dieciocho.
Roberto, al momento de su caída, había escrito cuatro libros vinculantes a la conducta equivocada del ejército nicaragüense que sirve de sostén a la dictadura Ortega Murillo. Los libros publicados por el exmilitar, entre ellos son, “Editoriales”, ¿“Que pasó en Nicaragua?,” Editoriales parte II”, “Ortega, el calvario de Nicaragua” y muchos ensayos que ponen al descubierto la realidad de una Nicaragua ultrajada. Lo anterior es parte de la obra de este ejemplar ciudadano nacido en Jinotepe, Carazo, el primero de noviembre de mil novecientos cincuenta y ocho.
Ortega y Murillo insisten en pretender silenciar las voces que denuncian, desde el exilio, las atrocidades que cometen contra el pueblo nicaragüense a diario. No han podido y con seguridad no podrán. Claudia Vargas, viuda de Samcam, ha emprendido una cruzada de denuncia en su condición de socióloga defensora de derechos humanos y sin duda no descansara hasta que se haga justicia por el crimen contra su marido.
El asesinato del ex mayor (r) Roberto Samcam es parte del patrón de criminalidad de Daniel y Rosario. También, en Costa Rica, en 2021 y 2024, atentaron contra el jinotepino Joao Maldonado, quien sobrevivió a los dos atentados. En el último intento de asesinar a este otro nicaragüense su esposa, Nadia Robleto, resultó herida la cual ha sido condenada a vivir el resto de su vida en una silla de ruedas.
No se puede dejar de mencionar las muertes, no esclarecidas, de los nicaragüenses Jaime Luis Ortega Chavarría en dos mil veinticuatro, Erick Antonio Castillo en dos mil veintitrés, Rodolfo Rojas en dos mil veintidós y Alberto Olivas Aguilar en dos mil veintiuno. Todos estos crímenes con el sello inconfundible de la dictadura Ortega Murillo.
El crimen transnacional es una práctica perversa del régimen autoritario e irrespetuoso del derecho internacional por parte de Ortega y Murillo. Hay que recordar que el Grupo de Expertos en Derechos Humanos para Nicaragua (GHREN), advirtió en el informe que emitió en febrero de este año, sobre la gravedad de este tipo de persecución en contra de los exiliados nicaragüenses.
Las células creadas por Valdrack Jaentschke, actual canciller de Ortega, al seno de la embajada de Nicaragua en San José han dado sus macabros frutos. Expertos en criminología han advertido de la posibilidad de más asesinatos de nicaragüenses en Costa Rica por parte de la dictadura orteguista, más aún con el monumental silencio del gobierno costarricense ante esta monstruosidad.
La forma como fue asesinado Roberto Samcam Ruíz despeja cualquier duda en cuanto a la represión trasnacional y presencia de células orteguistas en Costa Rica. Daniel y Rosario se equivocan al pretender, con estos crímenes, sembrar el terror entre el exilio nicaragüense. Tampoco podrán silenciar las voces que hoy más que nunca se alzan en memoria de Roberto Samcam. El cambio en Nicaragua la dictadura, por mucha represión interna y externa que implemente, no podrá detener y la instauración de la democracia en suelo nicaragüense será más temprano que tarde.
La planificación, organización y ejecución que han empleado en todos los crímenes, particularmente en los casos de Joao Maldonado, su esposa Nadia y Roberto Samcam indica que la dictadura orteguista está dispuesta a seguir asesinando a nicaragüenses en suelo costarricense. El silencio ensordecedor del actual gobierno de Costa Rica invita a Ortega y Murillo a seguir con este absurdo baño de sangre en tierra de Juan Santamaria.
Henry Briceño Portocarrero | Desterrado y confiscado
Coto Brus, Costa Rica.
