¿A quién creer, a Ortega, o a su gobierno? Edmundo – Jarquín

El equívoco del título de este artículo es a propósito. En el gobierno de Nicaragua nada se mueve sin la voluntad de Ortega, pero en un insólito desdoblamiento, ese gobierno ha presentado un Libro Blanco para explicar, con fines de exportación, sus políticas frente a la pandemia.

Ortega mismo, hace exactamente un mes, en la víspera del feriado del primero de mayo, y mientras cancaneaba entre diversas estadísticas, dijo lo siguiente: “…los que han estado con ese discurso, son los mismos que quisieron hundir al País en Abril del año 2018, y que siempre se aprovechan si hay un incendio como el de Indio Maíz; ahora se aprovechan de la Epidemia… y son los del discursito ese”. (Tomado textualmente, con negritas, puntuación y mayúsculas, del oficialista El 19 Digital). Y dos meses antes, el 28 de febrero, la hasta entonces Ministra de Salud de Ortega, había afirmado que “Nicaragua no ha establecido, ni establecerá, ningún tipo de Cuarentena”.

Lo que ha trascendido internacionalmente, y sin duda cala en los gobiernos de los diversos países, es el hecho que mientras todos los países enfrentaban la pandemia, en Nicaragua se promovían aglomeraciones de gente y no se cerraban las escuelas, colegios y universidades públicas, y se negaba la existencia de la enfermedad, o se atribuía a casos importados. El famoso Libro Blanco, frente a la avalancha informativa sobre lo que ha ocurrido en Nicaragua, es tan inútil que ni siquiera ocupará alguna estantería, sin leerse.

En todos los países, frente a la pandemia, hay tensión entre salud y economía. Pero el caso de Nicaragua es diferente: a Ortega no le importa ni la salud de la población, ni la economía del país. Lo único que le interesa es mantenerse en el poder, y por eso, frente al reclamo nacional e internacional para que se adopten medidas sanitarias, compara a la pandemia con las protestas pacíficas de abril del 2018, que fueron masacradas.

A Ortega ni siquiera le importan los pobres, que solamente utiliza para sus discursos. Hace dos semanas, en la escasa prensa independiente, se relató cómo vendedoras ambulantes fueron apresadas por estar vendiendo hojas de Eucalipto, porque la gente las usa en agua caliente para aspirarlas y sentir alivio, desde un simple catarro hasta el coronavirus. Y al apresarlas, un testigo dijo que uno de los policías había afirmado, repitiendo a Ortega, que “aquí no hay coronavirus”.

Sin duda, Ortega saldrá más débil de la pandemia. Internacionalmente, se registró su insensibilidad frente al tema. Nacionalmente, porque el virus, así como no distingue entre clases sociales, tampoco separa a orteguistas de opositores, y todos están muriendo.

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