Artilugio numérico del triunfo sandinista

La arquitectura numérica ordenada desde El Carmen y elaborada por el Consejo Sandinista Electoral (CSE), falló estrepitosamente, y siendo que lo único que ha cambiado en esa entidad en los últimos años fue la figura del magistrado Roberto Rivas, ya fallecido y del que sospechamos no descansa en paz, y quien fuera defenestrado inútilmente por el propio Ortega, al convertirse en el primer funcionario sancionado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, podemos creer que la causa del craso error en el «conteo de los votos» se debe a su voluminosa ausencia de la entidad en mención.

Consideremos algunas de las cifras reportadas por la página Facebook de fanáticos sandinistas, Redvolución, cuya fuente es el Consejo Sandinista Electoral (CSE).

Primero, la abstención fue del 43%, es decir de cada 10 votantes habilitados, sólo 6 votaron; segundo, al sumar los votos zancudos (533,338), los votos de los abstencionistas (1,584,730) y los votos nulos (79,968), totalizan 2 millones 811 mil 342 votos, es decir, lo que podría considerarse como el voto no sandinista, alcanzaría el 60% del total de los inscritos en el padrón, y tercero, sólo el voto abstencionista bastaría para derrotar los más de 40 años de ininterrumpida campaña política del sandinismo (1.6 millones de votos opositores, contra 1.5 millones de rojinegros). En esa lógica el sandinismo cuenta sólo con su «histórico» 40%, su denominado «voto duro»; sin abandonar el campo especulativo, ese 40% persigue la peregrina idea de hacer creer a sus adeptos, que la militancia se mantiene firme con la pareja dictatorial, pero la venta de esa idea sólo puede ser creída por fanáticos descerebrados, y voy a preguntar a usted que lee estas líneas, ¿a cuántos sandinistas conoce, que después de la insurrección de 2018, dejaron de serlo?, todos tenemos un número, y generalmente no será 1 ó 2, será mayor seguramente. Debe añadirse en esta perspectiva, que ese 1.5 millones de votos «sandinistas» incluye varias fuentes de dudosa «firmeza», el voto de servidores del Estado obligados a votar, el voto de oportunistas que se ven obligados a votar por los favores recibidos, los policías y guardias del ejército, los fanáticos, que con o sin favores recibidos, dan su voto al orteguismo, ello incluye a los «militontos históricos» y un segmento juvenil que de fiesta en fiesta y de circo en circo, son engañados en la retórica oficial como «protagonistas», «dueños del futuro», y otras mentiras poco piadosas.

Es evidente que frente a los crímenes cometidos, y por cometer, por la pareja dictatorial, este embrollo numérico no tiene relevancia alguna, más bien confirma lo que esperamos la mayoría de nicaragüenses, la radicalización del sandino-fascismo y su impronta de someternos a un modelo cada vez menos tolerante y cargado de una creciente corrupción. La opción que les queda a los inquilinos de El Carmen es la de eliminar estos complicados procesos, en los que tienen que asignar parte del dinero de los contribuyentes a unos cómplices que no dan ningún brillo a la dictadura, y a la larga son de utilidad nula. Nos aproximamos al discurso de «el pueblo ya votó», es el voto del silencio, pero ojo, hay silencios peligrosos.  

Ezequiel Molina

Noviembre 9, 2022  

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