Carta al comandante extorsionista Daniel Ortega

*Por Paolo Luers |Guerrillero del Fmln después Periodista, de origen alemán y hoy nacionalizado salvadoreño.

Increíble hasta donde usted ha llegado: de combatiente por el derrocamiento de la dictadura de Somoza a presidente de Nicaragua, a dictador y ahora a extorsionista que toma rehenes y ofrece canjearlos contra el levantamiento de las sanciones financieras que Estados Unidos impuso a toda su familia.

Esto es exactamente lo que usted mandó a su hijo Laureano a ofrecer al gobierno Biden. Lo pudimos leer hoy en el New York Times. Con esto queda confirmado lo que muchos hemos sostenido siempre: los presos políticos que usted tiene encarcelados bajo condiciones inhumanas son sus rehenes y usted es un vil extorsionista.

¡Qué vuelta irónica y cínica de la historia! Cuando usted estuvo en la cárcel de Somoza, también fue rehén. El dictador ofreció liberarlo en canje para salvar la vida a su hermano, el general José Somoza. Este, junto con otras figuras famosas del régimen, estuvo de fiesta en la casa de José María Castillo Quant, cuando fue interrumpida por un comando guerrillero. Usted salió libre y pudo vivir la caída de la dictadura para décadas después levantar otra…

Para ser más preciso: 45 años después de su liberación, usted encarceló a Hugo Torres, uno de los compañeros que comandaron este operativo guerrillero. Hugo ya no pudo entrar en la lista de rehenes que ustedes ahora ofrecen al gobierno de Estados Unidos porque usted lo dejó morir en su cárcel.

Cuando usted comenzó a encarcelar a todos los posibles candidatos que hubieran podido complicarle su reelección presidencial -y luego a cualquier opositor que levantó la cabeza-, toda la comunidad internacional, incluyendo gobiernos que durante años le han ayudado y financiado, le pidió la libertad de estos rehenes. Ninguna petición, ninguna negociación, ninguna gestión diplomática tuvo resultado. ¿Por qué? Porque para usted la libertad y la vida de sus presos no era un problema moral o político, el cual podría resolverse políticamente. Desde el inicio, estos presos políticos, los mejores hombres y las mejores mujeres de Nicaragua, eran sus rehenes. Eran fichas en una futura negociación extorsionista. Porque usted bien sabía que Estados Unidos y Europa iban a aplicarle duras sanciones que le impedirían a usted y a su todo su clan de gozar de las inmensas riquezas acumuladas en cuentas bancarias internacionales.

Obviamente, para usted y sus familiares no era suficiente vivir como reyes en Nicaragua. Querían vivir como los oligarcas rusos viajando por todo el mundo. Querían invertir su dinero robado, así como lo hacen los miembros de las familias reales de Arabia.

Vivir en Nicaragua, Cuba o Venezuela, sin poder salir, incluso para los multimillonarios familiares de los dictadores es como vivir en una cárcel, aunque sea dorada. Esta es la lógica de las sanciones que Estados Unidos aplica a los dictadores, sus familiares y sus cómplices. Funcionan. Duelen. Tanto que de repente están dispuestos a hacer arreglos extorsionistas con “el imperialismo”.

Espero que este ‘deal’ le funcione, por más criminal y cínico que sea. Espero que sus rehenes no tengan que morir en sus cárceles. Nicaragua los va a necesitar, una vez que usted y su régimen de tiranía caigan. Y van a caer, con o sin las sanciones.

Guarde estas palabras.

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