Conflicto

Ezequiel Molina

Nicaragua enfrenta una creciente, sistemática y dirigida ola represiva, una galopante alza de precios de los productos de consumo básico, un ambiente cargado de incertidumbres que se traduce en la masiva emigración de personas en edad productiva, sin un horizonte temporal de retorno; en el atosigamiento permanente de falacias del régimen a través de su masiva y obscena ofensiva de su cartel de medios de comunicación, donde la prédica cotidiana está cargada de odio, amenazas y falsedades. La profundización de este escenario, lejos de disminuir el rechazo a la dictadura, provoca cada día, un creciente repudio mayoritario de la sociedad nicaragüense, incluyendo a sus propios seguidores.

Pero, ese panorama puede parecer insignificante, frente a los efectos que la sociedad en general debe encarar ante el eventual colapso de la dictadura Ortega Murillo; Nicaragua ha enfrentado tres momentos históricos, en un lapso de 43 años, que se resumen en dos guerras civiles y un levantamiento popular; al final de los dos primeros se erigieron nuevos gobiernos, aunque con orientación ideológica distinta, identificamos en ambos una profunda debilidad institucional, la que se reflejó a la larga en una cuestionada legitimidad y una conflictividad que se profundizó, primero con el accionar de la Contra, financiada por el gobierno de Estados Unidos, y la segunda con el permanente asedio, extorsión y presión de las huestes sandinistas, lideradas por Ortega, las que a la postre concluyeron con el retorno de un Daniel Ortega, alejado de la mayoría dirigente que lo acompaño por una década, al poder en 2007. El común denominador de ambos conflictos es el que hoy nos llama a la reflexión y a la urgente búsqueda de un consenso social, en el cual orbitan tres fuerzas que hasta donde podemos ver, no tienen interés alguno, o si lo tienen, no lo expresan, lo cual es demostrativo que dichas fuerzas pretenden seguir haciendo politiquería entre cúpulas, sin importar el establecimiento de una paz estable y duradera.

Las tres fuerzas que harán contrapeso a cualquier acción que nos encamine a la senda correcta de paz, libertad y prosperidad, en este tercer episodio, aún  activo, son a saber, Ortega y Murillo, junto a sus bandas depredadoras del erario, las cúpulas de los Poderes del Estado, los cuerpos de seguridad pública y nacional y un cada vez más disminuido núcleo de incondicionales a lo largo y ancho del territorio; después, la cúpula «empresarial» que controla las exportaciones, importaciones, banca y finanzas y otras actividades económicas de alta rentabilidad, y por último, la fragmentada oposición oficial que lejos de plantear una propuesta aglutinadora, democrática y participativa, se diluye en una inmovilidad latente sin encontrar los puntos de convergencia, que la responsabilidad histórica les demanda.

La teoría y praxis sociológica plantea la necesidad de una justicia efectiva, que sane heridas y traumas, muestre la verdad de los hechos, repare a las víctimas, castigue a los perpetradores de violencia y satisfaga a las partes involucradas en el conflicto, respetando sobre todo, el debido proceso; es decir que la sociedad se recomponga lo más cercanamente posible a la paz duradera y a una reconciliación efectiva; si desobedecemos estos preceptos, y volvemos a repetir un modelo de justicia fallida, seguramente, y más temprano que tarde, nos deslizaremos nuevamente hacia el círculo de la violencia, lo hemos comprobado dos veces, y no creemos que la ciudadanía esté dispuesta a reeditar un tercer episodio.

No podemos seguir justificando los desmanes de la clase política, si es que puede ser llamada así, y hacernos los desentendidos frente al futuro del país. No se trata de fatalismos alarmismos o exageraciones; se trata del país que vamos a heredar, ésta es la tercera oportunidad que se nos presenta para hacer las cosas bien; debemos dejar claro a estos grupos que pretenden la toma del poder en sí y para sí, que en consulta permanente con prestigiosos y experimentados académicos en la materia, quienes están dispuestos a colaborar en el diseño de un modelo de Justicia Post Conflicto, basado en la justicia e imparcialidad, en el consenso y la experiencia de procedimientos exitosos, preparamos una propuesta factible, conciliadora y consensuada que nos conduzca a una paz estable y duradera.

La dictadura tiene sus días contados, la sociedad no.

Julio 31, 2022.

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