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Henry Briceño Portocarrero | 15 Agosto del 2025

Uno a uno la criminal dictadura Ortega-Murillo nos está cazando- como venaditos- ante el silencio que ensordece del respetable ciudadano que bien puede detener esta inverosímil cacería. Somos seres humanos que hemos venido a Costa Rica, no por decisión propia sino porque el régimen ase8sino que destruye Nicaragua nos ha desterrado, desnacionalizado, confiscado y humillado bajo el imperio del fusil. Incluso, muchos por segunda ocasión y por las mismas causas gozamos de la simpatía y solidaridad de la gran mayoría de costarricenses.  Eso se agradece.

La primera vez fue cuando, mi generación, enfrentó a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. La tragedia que enfrentamos fue comprendida por los costarricenses y la solidaridad estuvo a prueba. Era la administración de don Rodrigo Carazo Odio y su esposa Estrella. Hay que recordar que durante los días más álgidos de la lucha armada el dictador pretendió penetrar a suelo costarricense con la insana idea de asesinarnos. Las autoridades costarricenses dijeron alto y muchos mensajeros de la muerte fueron aprehendidos y devueltos a Nicaragua.  Se tiene que decir: Nos sentíamos con mayor rango de seguridad. Propia de exiliados. No nos escondíamos y jamás dejamos de asistir a los parques o a cualquier reunión social política.

La hermandad entre nicaragüenses y costarricenses no es de la época somocista a la dictadura deleznable de Ortega-Murillo que no solo toma represiones -esta última- contra sus opositores, sino contra la familia y bienes de estos. Mucho más cruel. La guerra nacional de 1856 las páginas de nuestra historia recogen el valor y sentido de hermandad exhibido contra la dominación foránea. Los costarricenses no toleraron y fueron refractarios ante el intruso en nuestra nación.

Costa Rica y Nicaragua poseen lazos indisolubles sustentándose en sus propias historias. La revolución costarricense de 1948 no fue ajena a muchos nicaragüenses y resto de centroamericanos. Sabemos del heroísmo de los hermanos ticos por instaurar su democracia desde esos días en que ya don Pepe Figueres Ferrer repudiaba la conducta de Anastasio Somoza García, creador de la dinastía somocista.

No se olvida situación como cuando don Pepe Figueres Ferrer se plantó, con pistola al cinto, en la frontera norte, Peñas Blancas y retó a Tacho viejo. Lógico, Tacho calló y evadió el reto. Cobarde como todo dictador, Don Pepe siempre fue firme apoyando las causas contra la dinastía somocista.

El contexto actual es diferente a la época de la guerra nacional de 1856, a la revolución costarricense de 1948 y a los hechos de tristezas y alegrías que se vivieron luchando contra Anastasio Somoza Debayle, el ultimo dictador Somoza durante 1978/1979. Hoy Nicaragua enfrente una dictadura más sanguinaria, refinada en maldad, torturadores de filigrana y asesinos por excelencia. La masacre, durante la insurrección cívica de abril del 2018, ante los ojos del mundo lo puso al descubierto.

Muchos hijos de Nicaragua buscaron el necesario exilio ante la matanza a nivel nacional, otros se resistieron y fueron encarcelados, torturados, desaparecidos y al final otros tantos desterrados. La carga migratoria, para bien o para mal, ha sido mayormente, para la hermana Costa Rica. Quizás por la cercanía, idioma, costumbre o la conocida solidaridad de los ticos ante la desgracia de los nicas.

CACERIA CONTRA DIRIGENCIA DE LA CONTRARREVOLUCION

Ortega-Murillo cazaron (asesinaron) a todos los dirigentes de la contrarrevolución (1998/2010). El sandinismo comenzó asesinando al coronel Enrique Bermúdez Varela, conocido como comandante 3-80,  (León, 1/12/1932 – asesinado en Managua el 16/2/1991 frente al hotel intercontinental. El militar de carrera era el jefe máximo del ejército de la contrarrevolución que hizo posible sentar a la primera dictadura del sandinismo (1979/1990), adelantar elecciones y ganarlas encabezada por doña Violeta Barrios de Chamorro (Rivas 18/10/1929-14/6/2025, San José, Costa Rica. Período presidencial de doña Violeta Barrios de Chamorro del 25 de abril de 1990 al10 de enero de 1997.

Después del asesinato de Bermúdez Varela (impune), uno a uno y en diversas circunstancias y sitios el sello criminal del orteguismo presente en los cuerpos acribillados de los miembros de la otrora Resistencia Nicaragüense, pese a que ya había terminado guerra de la década del 80, fueron cazando uno a uno a los comandantes del FDN -Frente Democrático Nicaragüense). Por ese rumbo y con ese inconfundible sello crim8nal van los ase4sinos orteguistas, en San José, Costa Rica, segando vidas de visibles opositores a la dictadura considerada la más sangu7naria de América Latina.

En la actualidad ningún nicaragüense exiliado en Costa Rica, debido a la brutalidad del régimen cuyos tentáculos crimi4nales transnacionales, se siente seguro. Es evidente que el plan de cazar uno a uno a esos valiosos patriotas esta evidenciado en los crímenes perpetrados contra Jaime Luis Ortega Chavarría en dos mil veinticuatro, Erick Antonio Castillo en dos mi veintitrés, Rodolfo Rojas en dos mi veintidós y Alberto Olivas Aguilar en dos mil veintiuno. El último, el pasado 19 de junio el exmayor e Ingeniero Roberto Samcam Ruíz. Todos asesinados con la saña que caracteriza a Daniel Ortega y Rosario Murillo.

No se puede dejar de mencionar los dos intentos de asesinar al jinotepino Joao Maldonado, el primero en 2021 resultando herido en el atentado y el segundo en 2024 cuando gatilleros del orteguismo le asestaron ocho balazos quien, milagrosamente logró sobrevivir. Su esposa, Nadia Robleto, en este último atentado, resultó con un disparo que le afectó la columna el cual la tiene postrada en una silla de ruedas. Estos dos atentados contra la familia Maldonado-Robleto fueron en San José, Costa Rica.

El silencio sepulcral, por parte del ejecutivo costarricense, ante el brutal asesinato del ingeniero Roberto Samcam Ruíz ha sido tan ensordecedor que huele mal y está invitando a sicarios que adornan salones de la embajada de Nicaragua en San José, Costa Rica a que continúen violando la soberanía costarricense en su afán de seguir derramando sangre en la hospitalaria Costa Rica. Aún es tiempo de salvar vidas de nicaragüenses, particularmente de periodistas y políticos exiliados, es solo una acción del que tiene el poder de hacerla en la tierra de Carlos Luis Fallas, “Calufa”.

Henry Briceño Portocarrero | Desterrado y confiscado

Coto Brus, Costa Rica.