La Liga de Fútbol Indígena Nicaragüense en el exilio, integrada por jóvenes miskitu y mayangna que residen en Costa Rica, culminó su torneo anual con una jornada que reafirmó el papel del deporte como espacio seguro de organización comunitaria, cuidado mutuo y preservación cultural.
Más de 30 integrantes y su coordinador, Reynaldo Francis, subrayaron que la liga nació para responder a desafíos concretos de la juventud indígena en el exilio —precariedad, barreras de acceso a servicios, desarraigo y duelo— y que el fútbol se ha convertido en una herramienta práctica para sostener vínculos, fortalecer habilidades y proyectar un futuro con dignidad.
“Este torneo se transformó en una verdadera celebración de identidad, unidad y esperanza”, señaló Francis. “Cada partido es símbolo de orgullo y resistencia; una forma de decir que seguimos soñando y construyendo, incluso lejos de nuestras comunidades”.
Durante la temporada, la liga promovió valores de compañerismo, liderazgo juvenil y prevención de riesgos, a la vez que fomentó actividades culturales y espacios de diálogo sobre la realidad de los pueblos indígenas nicaragüenses desplazados por la represión.
El lema que los acompaña —“Jugamos para resistir, jugamos para adaptarnos”— resume su espíritu: competir para cuidarse, organizarse y servir.
Al cierre del torneo, la Liga de Fútbol Indígena Nicaragüense en el Exilio expresó su agradecimiento por el apoyo solidario recibido para la adquisición de trofeos, en particular a la Fundación para la Libertad de Nicaragua y a Félix Maradiaga, cuyo gesto acompañó esta celebración comunitaria sin ser el centro de ella.
