La cientista social y defensora de derechos humanos Haydée Castillo aseguró que la condena contra el histórico comandante sandinista Bayardo Arce no puede leerse únicamente como un caso de corrupción, sino como una decisión política de alto calibre impulsada directamente por Rosario Murillo, en el marco de una purga interna destinada a eliminar cualquier sombra de poder dentro del Frente Sandinista.
En entrevista con La Mesa Redonda, Castillo sostuvo que, si bien Arce ha sido históricamente uno de los principales operadores económicos del régimen y ha estado vinculado a redes de corrupción y alianzas con el gran capital, el trasfondo de su caída responde a un temor profundo de Rosario Murillo ante la falta de respaldo interno y el descrédito que arrastra incluso dentro de las filas sandinistas.
“Rosario Murillo vive aterrada, porque sabe que su ambición desmedida la obliga a ponerse como se está poniendo al frente de la dictadura. Ella teme ante la falta de respaldo, ante todo el desprestigio del que ella goza en las filas de lo que queda del Frente Sandinista”, afirmó.
Arce como amenaza política, no solo económica
Según el periodista Sergio Marín Cornavaca, Bayardo Arce no es una figura cualquiera dentro del sandinismo histórico. A diferencia de otros exdirigentes apartados, Arce conservaba liderazgo, contactos, carácter y un “pedigrí histórico” que aún le otorgaba respeto entre sectores de la base sandinista y cuadros intermedios, incluidos retirados del Ejército.
Ese capital político lo convertía, a juicio de Marín, en una potencial figura articuladora de un movimiento interno contra Rosario Murillo, especialmente ante la eventual ausencia de Daniel Ortega.
El periodista recordó que Arce fue uno de los dos comandantes históricos que permanecieron respaldando a Ortega hasta el final, junto con Tomás Borge. A diferencia de otros miembros de la Dirección Nacional —exiliados, presos, marginados o fallecidos— Arce nunca rompió públicamente con el poder, lo que lo hacía más peligroso políticamente.
En ese contexto, la caída de Arce representa, según Marín, el corte definitivo de cualquier liderazgo histórico que pudiera disputar la conducción del partido a la familia Ortega Murillo.
“Aquí Rosario Murillo corta de tajo cualquier sombra que pudiera reagrupar a militantes históricos y disputar el poder a la familia”, explicó.
Miedo, silencio y efecto dominó dentro del régimen
Haydée Castillo describió un clima de pánico y silencio dentro de las instituciones del Estado, donde nadie se siente a salvo. La persecución contra Arce, señaló, ha enviado un mensaje inequívoco: nadie es intocable.
“Hoy fue Bayardo Arce, mañana puede ser cualquiera”, advirtió.
La analista alertó sobre el efecto dominó que genera la caída de una figura de ese nivel, afectando no solo a dirigentes, sino a familias, trabajadores, testaferros, empleados y estructuras completas ligadas a los feudos internos del poder.
El régimen como estructura de lavado de dinero
Uno de los señalamientos más graves de Castillo es que el caso Arce deja al descubierto que el Estado nicaragüense opera como una estructura de lavado de dinero a gran escala, con la complicidad del sistema financiero.
La cifra atribuida a Arce —casi 5 mil millones de dólares—, explicó, supera el presupuesto anual de la República, lo que hace imposible que esos recursos se hayan movido sin la participación del Banco Central, los bancos privados y otras instituciones estatales.
“Nadie puede mover esa cantidad de dinero sin que el sistema financiero esté involucrado. Aquí el Estado entero está al servicio del crimen organizado”, afirmó.
Castillo comparó la situación con los últimos años de la dictadura somocista, cuando el poder comenzó a volverse contra sus propios aliados económicos para proteger intereses familiares.
Corrupción selectiva y cinismo oficial
Para Marín, el discurso oficial que presenta el caso Arce como una lucha contra la corrupción es una falacia.
“Si quisieran combatir la corrupción, tendrían que empezar por Rosario Murillo, por sus hijos, por los millonarios del Ejército y del Frente Sandinista”, señaló.
Mencionó otros megacapitales construidos desde el poder, como los vinculados a altos funcionarios del Estado, alcaldías, el sector salud y la Asamblea Nacional, subrayando que la población conoce el origen súbito de esas fortunas.
“Si se ha movido semejante cantidad de plata es porque Nicaragua está lavando plata y lo está admitiendo el mismo gobierno a través de eso”, agregó.
Impacto social y fractura del tejido nacional
Más allá de las cifras, Castillo enfatizó que esta dinámica de persecución y paranoia está destruyendo el tejido social nicaragüense, sembrando desconfianza, delación y miedo incluso dentro de las familias.
“La dictadura ha convertido a hermanos en enemigos y a vecinos en vigilantes”, lamentó.
La defensora advirtió que el caso Arce es solo el reflejo visible de una realidad que afecta a miles de familias anónimas en todo el país, donde el exilio, la cárcel o la desaparición se han vuelto una amenaza cotidiana.
Un llamado a reconstruir desde lo humano
Finalmente, Castillo hizo un llamado a reconstruir el tejido social desde la base, apelando a la solidaridad, el reconocimiento mutuo y la ruptura consciente con la lógica del odio promovida por el régimen.
“No es cierto que el poder lo tienen ellos (Ortega y Murillo). El poder reside en la conciencia el valor, el sistema de valores de cada persona nicaragüense”, afirmó.
Sostuvo que Nicaragua atraviesa un momento decisivo, con condiciones internas y externas favorables para un cambio democrático, pero que la clave está en la acción colectiva desde lo cotidiano, sin reproducir las divisiones históricas que han beneficiado a las élites.
“Somos todos los nicaragüenses, no tenemos por qué estar supeditados, subordinados. Y este es el momento que digamos todos ‘basta ya’. Construyamos este movimiento nacional en contra de la dictadura y por Nicaragua, porque también tenemos que ser positivos. Estamos a favor de esa paz que nunca hemos conocido… Y si todos nos ponemos de acuerdo en este nuevo acuerdo nacional, te aseguro que los días de la dictadura están más contados que nunca”, concluyó.
