Este 9 de febrero se cumplen tres años del destierro forzado de 222 presos políticos nicaragüenses, excarcelados de las cárceles del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo y enviados al exilio en Estados Unidos, en lo que fue denominado por Washington como la “Operación Nica Bienvenidos” o “Nica Welcome”.
Aquel día, 222 nicaragüenses —189 hombres y 33 mujeres— abandonaron Nicaragua a bordo de un avión Omni Air 767, financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), en un vuelo que fue descrito como “el vuelo de la libertad”, pero que también marcó el inicio de una nueva forma de castigo político: el destierro y la desnacionalización.
El gobierno de Estados Unidos informó entonces que el régimen de Daniel Ortega “decidió unilateralmente” excarcelar a los presos políticos y enviarlos en un vuelo privado a Washington, donde las autoridades estadounidenses los recibieron para brindarles atención médica de emergencia y apoyo humanitario.
Entre los desterrados había defensores de derechos humanos, aspirantes a la presidencia, líderes políticos, religiosos, periodistas, estudiantes y empresarios, todos encarcelados tras procesos sin garantías judiciales y en condiciones denunciadas internacionalmente como tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Libertad incompleta
A tres años de aquel hecho, los excarcelados coinciden en que la libertad sigue siendo incompleta. Desde el exilio, varios de ellos han recordado que no se puede hablar de libertad plena mientras se les impida regresar a su país, se les arrebate arbitrariamente la nacionalidad y Nicaragua continúe convertida en una gran cárcel para quienes permanecen dentro.
Juan Sebastián Chamorro, uno de los desterrados, recordó la experiencia carcelaria y subrayó que la prisión le dejó una enseñanza central: no aceptar la injusticia ni resignarse.
Chamorro afirmó que la esperanza fue inseparable de la lucha por la libertad y aseguró que, aunque hoy se encuentra en el exilio, mantiene la convicción de que Nicaragua vivirá cambios que permitirán dejar atrás lo peor del sufrimiento.
Por su parte, Félix Maradiaga advirtió que la excarcelación no significó una libertad plena. Señaló que no puede hablarse de libertad cuando se impide el regreso al país, se anula arbitrariamente la nacionalidad y Nicaragua continúa siendo una “gran cárcel” para quienes permanecen dentro del territorio sin garantías para expresarse, reunirse o ejercer derechos básicos.
Maradiaga expresó su gratitud a quienes apoyaron las gestiones por la liberación y reafirmó que, pese al destierro, no ha perdido la esperanza.
El líder campesino Medardo Mairena también se sumó a las conmemoraciones, agradeciendo a la diáspora nicaragüense y a Estados Unidos por haber recibido a los excarcelados.
Desde el exilio, reiteró la demanda de libertad para todos los presos políticos, justicia para las víctimas y la democratización de Nicaragua, asegurando que el espíritu de lucha permanece inquebrantable.
Destierro y apatridia como política de Estado
El Colectivo Nicaragua Nunca Más recordó que el destierro de los 222 presos políticos en 2023 marcó el inicio de una política sistemática de desnacionalización, que posteriormente alcanzó a otras 229 personas, incluidos religiosos, periodistas, defensores de derechos humanos y líderes sociales. En total, al menos 452 nicaragüenses han sido despojados arbitrariamente de su nacionalidad.
La organización Liberales Nicaragua recordó los tres años del destierro de 222 presos políticos, al señalar que esta acción evidenció el uso del exilio como mecanismo de castigo político por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y reafirmó que la expulsión forzada de ciudadanos no resolvió las causas del conflicto político en el país ni apagó las demandas de justicia, libertad y restitución de derechos.
Organismos como la CIDH, ACNUR y el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua han advertido que estas prácticas constituyen graves violaciones a los derechos humanos y podrían encuadrarse como crímenes de lesa humanidad, al tratarse de una persecución por motivos políticos.
A tres años del llamado “vuelo de la libertad”, las voces de los desterrados coinciden en una exigencia común: libertad plena, restitución de la nacionalidad, devolución de bienes y el retorno seguro a Nicaragua, mientras el exilio sigue siendo, para cientos de personas, la única forma de sobrevivir fuera de la cárcel.
