San José, 4 de mayo de 2026. Las cámaras empresariales y el sector exportador de Costa Rica han lanzado este lunes una advertencia crítica: la persistente fortaleza del colón, que se cotiza en niveles de ₡452, ha colocado a las industrias agroexportadoras y turísticas en un punto de quiebre. A solo cuatro días del cambio de mando, los sectores que generan el empleo en las zonas rurales del país exigen al Banco Central una intervención inmediata para evitar que el ajuste de competitividad se traduzca en una ola de despidos masivos antes de que finalice el primer semestre del año.
La rentabilidad en números rojos
El tipo de cambio ha mantenido una tendencia a la baja que ha erosionado la rentabilidad de productos estrella como el café, el banano y la piña. Mientras los costos de producción (salarios, insumos y servicios) siguen indexados al costo de vida local, los ingresos percibidos en dólares por las exportaciones ya no alcanzan para cubrir los gastos operativos en colones.
La Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR) y la Cámara de Exportadores (CADEXCO) han señalado que muchas empresas están operando «a pérdida» solo para mantener sus planillas, una situación que califican de insostenible para el pequeño y mediano productor.
El impacto en la Costa Rica rural
Esta «bonanza cambiaria» para el consumidor de productos importados es la ruina para quienes generan trabajo en las costas y fronteras. La implicación social es directa: si las fincas agrícolas reducen sus jornadas por falta de liquidez, miles de familias —incluyendo a gran parte de la comunidad nicaragüense que es motor de esta mano de obra— se verán desplazadas hacia la informalidad o la pobreza.
El sector turístico también reporta una caída en la competitividad frente a otros destinos de la región que ofrecen precios más atractivos por la depreciación de sus monedas.
Hacia un cambio de política monetaria
Para el economista Gerardo Corrales, el país está sufriendo una «desindustrialización silenciosa». Corrales sostiene que la política del Banco Central ha priorizado el control de la inflación a toda costa, sacrificando la capacidad productiva del país.
La expectativa ahora se traslada al equipo económico de la presidenta electa, Laura Fernández, de quien se espera un cambio de rumbo en la política monetaria. La solución técnica que plantean los expertos es que el Banco Central actúe como un verdadero estabilizador del mercado cambiario, estableciendo un «piso» que devuelva la competitividad necesaria para que el agro costarricense no siga perdiendo terreno frente al resto del mundo.
