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Manuel Orozco: “En Nicaragua hay oposición, pero bastante fragmentada y débil”

Manuel Orozco, experto en migración y desarrollo señala que el cambio político en Nicaragua está estancado por la debilidad opositora, la represión estatal y la falta de cohesión estratégica. Desmantela los mitos sobre el cambio político en Nicaragua y apunta a una oposición fragmentada, un régimen blindado por las armas y una comunidad internacional que ha perdido interés.

El analista nicaragüense Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo del Diálogo Interamericano, advirtió que en el contexto político de Nicaragua “hay oposición, pero bastante fragmentada y débil”, debido a una combinación de factores estructurales, estratégicos y culturales que impiden una transición democrática.

Según Orozco, el cambio político en Nicaragua depende de cuatro factores clave: el económico, el internacional, la estructura del círculo de poder y la oposición.

Actualmente, dijo, el peso de estos elementos está desbalanceado. “La oposición tiene menos de un 5% de todo el peso del balance de poder, el círculo de poder tiene más de un 40% de peso decisionador influyente en la vida cotidiana en Nicaragua, la captura de Estado que es el pilar económico básicamente tiene casi un 30% del control, y lo internacional ha venido perdiendo mucha fuerza, pero se ha disminuido un 25%. Entonces lo que ves realmente es que la oposición nicaragüense realmente tiene un peso muy débil”, declaró.

El experto describió el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como un sistema autoritario basado en cinco pilares: la represión violenta, la captura económica del Estado, el aislamiento internacional, la criminalización de la democracia y un aparato ideológico sustentado en la censura y la desinformación.

En el caso de Nicaragua, con la construcción prácticamente de un talibanismo tropical, los pesos realmente sobre la oposición nicaragüense son nulos, son prácticamente cero”, dijo.

Aunque reconoce que existen actores cívicos activos, Orozco señaló que su fragmentación, falta de legitimidad y carencia de recursos los hace ineficaces como fuerza transformadora.

En ese sentido mencionó que no hay cohesión, no hay una estrategia común ni liderazgo consensuado. “Para países como Nicaragua el tema fundamental no empieza por el líder, empieza por la estrategia de resistencia política que vos querés tener y eventualmente vas construyendo un liderazgo dentro del país”, afirmó.

Además, apuntó a una cultura política nociva dentro del país: “La cultura política nicaragüense es tan atomizante que es ‘yo le serrucho el piso a todos’, esa es la mentalidad del actor político nicaragüense; y una vez que le han cerrado el piso a todos vos decís ‘pero quedo yo escójanme a mí’. Pero cuando te das cuenta que ni vos tenés la capacidad, entonces lo que hacés es buscar a un tercero y el tercero se llama Estados Unidos, y así no funciona el proceso de oposición”, criticó.

También cuestionó la demonización del sector privado, al que muchos opositores acusan de “complicidad” con la dictadura. Orozco diferenció entre sobrevivir en un régimen autoritario y colaborar activamente.

Hay un consenso bastante abierto que el gran capital es un cómplice de Ortega y básicamente si vos decís lo contrario te caen encima con una crítica de que sos parte del círculo de esas personas. La realidad es mucho más compleja, pero se reduce en que no hay complicidad y personalmente yo sí estoy dispuesto analíticamente a defender esa diferencia. El que un empresa haga negocios en Nicaragua tiene mucha valentía y mucho riesgo que alguien que se fue del país; y aún los mismos empresarios que se han tenido que ir reconocen esa valentía de las personas”, opinó.

Uno de los puntos más críticos de su análisis es la falta de interlocutores políticos legítimos dentro y fuera del país.

Sin ánimo de ofender a los colegas que están en los grupos cívicos, realmente ellos carecen de legitimidad porque no representan a muchos sectores sociales de Nicaragua”, afirmó.

Orozco propuso al menos cuatro pasos para comenzar a reconfigurar el escenario opositor: reconocer la necesidad de cohesión política real, integrar actores internos, desarrollar estrategias de resistencia simbólica o cívica, y presentarse ante la comunidad internacional como interlocutores legítimos.

Yo que es tomarse en serio lo que significa trabajar democráticamente y yo creo que ahí es donde ha habido un déficit muy grande. Pero, eso no es garantía, aún aunque vos llegués a reunir esos cuatro elementos, no es garantía de que vas a entrar en una transición democrática, pero sí cambiaría los términos de referencia sustancialmente”, aseveró.

Para Orozco hay que “entender lo que significa realmente construir una posición política que no es unidad, sino es construir una masa crítica de actores políticos que tienen legitimidad, representatividad, popularidad, un plan de acción, con una estrategia de resistencia, eso es vital”, concluyó.