Por: José Alberto Montoya | 19 junio 2025
No nos mataron a un ex militar cualquiera, nos mataron a un amigo, a un referente, a un guía moral, a un mentor, a un padre, a un pedazo enorme de este triste exilio. Lo mataron como suelen matar a las referentes de nuestro país, como a Pedro Joaquín y Carlos Guadamuz, de una forma cobarde, creyendo que pasando el tiempo lo vamos a olvidar y no, no olvidamos, no este asesinato.
Roberto Samcam mayor en retiro del Ejército Popular Sandinistas, fue uno de los constructores del periodo revolucionario que enfrentó con valentía y acervo patriótico la guerra patrocinada por la injerencia estadounidense, luego, tras conocerse los hechos de la “piñata” desertó de las fuerzas castrense para incorporarse a la vida civil y desde ahí seguir luchando por sus ideas y por el país que quiso legarnos.
Se destacó como líder territorial haciendo un enorme trabajo político desde el Movimiento Renovador Sandinista del que fue parte hasta 2017. Un año después, en el estallido de la crisis sociopolítica, jugó un papel clave, en la resistencia cívica frente al régimen en su departamento, lo que lo llevó a partir al exilio en compañía de su esposa, Claudia Vargas; ambos de manera casi instantánea ocuparon un rol significativo en la diáspora refugiada en Costa Rica, sobre todo, entre las juventudes.
El Roberto que particularmente yo recuerdo, fue el amigo, a quien acudí siempre en estos casi ocho años, en las distintas etapas de mi vida, para buscar un consejo y simplemente para decirle: “Roberto, hoy no tengo que comer”. Me heredó unos lindos trajes de casimir una vez que regresó de Estados Unidos y me dijo — “Hombre, Chepito jodido, creo que a vos te van a quedar mejor que a mí, eso sí, no sigás engordando” — yo me reía de cada una de sus ocurrencias, y en secreto, también nos burlamos de los disparates de nuestros líderes políticos. Fueron muchas las conversaciones incluso por llamada telefónica cuando él estaba en Estados Unidos, en las que inventamos nuevas formas de seguir haciéndole bulla a la dictadura.
La última conversación que tuve con él fue la semana pasada, donde entre risas me contó que algunos sectores de la oposición nos acreditaron la autoría de una carta que circuló en redes sociales donde se proponía un Estado de transición, en esa llamada, alcancé a contarle que estaba a punto de ser papá, don Roberto como en cada alegría me felicitó, se rió conmigo y me dejó unos consejos que me los quedaré, los guardaré en mi corazón y los usaré siempre que los vea necesarios.
Hoy, jueves diecinueve de junio de 2025, un sicario, haciéndose pasar por repartidor, llegó hasta la puerta de su casa y delante de su esposa le dio ocho tiros en su pecho; nuestro amigo, nuestro compañero, quedó en el piso envuelto en su propia sangre. No dejó de pensar en Claudia, justo, la miré hace unos días en la misa de cuerpo presente de doña Violeta, ella estaba llorando y la abracé fuerte, siempre he sentido de ellos dos, el deseo profundo de que Nicaragua vuelva a ser una democracia, y ahora, su “Bobby” como siempre le llamó, no está más con nosotros.
Quisiera pensar que el consuelo es ver a Roberto como un héroe más y nombrar una obra grande con su nombre en el futuro pero nada de eso nada, nos devolverá al mayor ni el deseo que tuvo de regresar a un país distinto del que dejó cuando salió al exilio.
Te queremos Roberto y te juro, te juro, Mayor, que haremos justicia, te lo juro, amigo.
