En una audiencia pública de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), titulada “Nicaragua: nuevos patrones de represión”, la activista feminista y defensora de derechos humanos, Claudia Vargas, denunció el asesinato de su esposo, el mayor en retiro y analista político Roberto Samcam, como parte de una escalada represiva del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo que trasciende las fronteras de Nicaragua.
“Lo mataron por hablar, por pensar en voz alta, por denunciar, por no callar”, afirmó Vargas ante los comisionados.
Samcam fue asesinado el 19 de junio de 2025 en su residencia en San José, Costa Rica. El crimen conmocionó a la comunidad exiliada nicaragüense y levantó sospechas sobre una operación de carácter político y transnacional.
Durante su intervención, Vargas señaló que el asesinato de su esposo no solo representó la pérdida de una vida, sino que también “vulneró la soberanía de un país de refugio y evidenció el alcance transnacional de la represión de Estado”.
“Roberto fue un mayor en retiro del Ejército, un analista político comprometido con la democracia, un defensor de derechos humanos. Desde 2018 enfrentó hostigamientos sistemáticos, amenazas directas y campañas de odio promovidas por el régimen de Nicaragua”, recordó.
Crimen político transnacional
Vargas subrayó que la Fiscalía costarricense ha reconocido la complejidad del caso y elementos que apuntan a una posible planificación, lo que —en su criterio— obliga a investigar no solo a los autores materiales, sino también a quienes ordenaron, financiaron y facilitaron la ejecución.
“Se trata de un crimen político que requiere una respuesta proporcional a su gravedad y dimensión transnacional. Costa Rica tiene hoy una oportunidad histórica de honrar su tradición democrática investigando este caso a fondo. No es solo un deber jurídico, es una obligación ética”, afirmó.
La activista llamó a la CIDH y a otros organismos internacionales a acompañar el proceso judicial en Costa Rica, brindar protección a defensores de derechos humanos en el exilio y reconocer que el asesinato de Samcam es parte de un patrón más amplio de represión transfronteriza.
“Si no se detiene, si no se nombra ahora mismo, si no se juzga, el exilio político deja de ser un refugio y se convierte en una trampa”, advirtió.
Vargas propuso que se elabore un informe técnico específico sobre los patrones de represión transnacional y se active un mecanismo especial de seguimiento, como el MESENI, para documentar estos casos.
También exigió respuestas por otros crímenes en el exilio, como el asesinato del opositor nicaragüense Rodolfo Rojas en Honduras, y demandó medidas cautelares para líderes exiliados en Costa Rica.
“Este crimen nos alerta sobre un patrón que persigue más allá de la frontera. Hoy hablo no solo por Roberto, sino por cientos de voces que desde el exilio siguen siendo blancos de vigilancia, criminalización y silenciamiento”, denunció.
Cerró su intervención reafirmando el legado de Samcam como símbolo de resistencia democrática.
“Roberto sigue siendo una amenaza para los tiranos, incluso después de su asesinato. Su palabra y su memoria se han convertido en símbolos de resistencia democrática. Nicaragua volverá a ser república”, concluyó Claudia Vargas.
