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Henry Briceño Portocarrero | Julio 28 del 2025

Atento y cariñoso con mis hijos. Pláticas diáfanas entre mi esposa, mis hijos y Roberto cobijados por aquellas tardes friolentas con olor a cafetal jinotepino. Era el restaurante “Sardina” o bien cualquier otro alejado del bullicioso Jinotepe. Tanto a Roberto como a mi persona nos ha gustado la quietud.

Nos gustaban los buñuelos de “pura yuca” como postre en el restaurante de Agustín Lara entre Nandaime y Jinotepe. En este lugar resolvíamos los problemas de Nicaragua. Eran pláticas amplias, sobre todo lo que llegaba a nuestras mentes cargadas de tantas vivencias. Sobre personajes presentes y ausentes de nuestro querido Jinotepe. Lo que hizo él, Roberto, y yo para derrocar a la dictadura somocista. Cada uno desde su trinchera.

La jocosidad acompañaba a Roberto. Aquella morena sonrisa jinotepina de ojos chispeantes jamás desapareció de su rostro mediante aquellos almuerzos campestres. Coincidíamos con esos ambientes y el respeto de Roberto hacia mi familia jamás pasó desapercibido por mi persona. La salud de su padre lo inquietaba y desde Nicaragua hablaba con él sobre la salud del que le dio el ser. Adoraba a Claudia y sus hijos -los sigue adorando-, era expresivo en lo referente a la familia. Yo sentía que amaba a la mía.

Cuando la dictadura orteguista me desterró -24.11.24- junto a mi familia y nos arrebató todos nuestros bienes el primer amigo que llegó al refugio donde pernoctábamos en San José, Costa Rica, fue, precisamente, Roberto Samcam. Llegó cargando un saco lleno de comida, ropa, zapatos y un gran abrazo. Muy fuerte. Nos brindó ayuda emocional y material y, además, me recordó que no era la primera vez que estábamos en esta situación y que más temprano que tarde derrotaríamos a la dictadura. Al despedirse extrajo su billetera y me entregó ayuda monetaria. Lloré. Me quebré. Nuevamente me abrazó y dijo: “Los jinotepinos no lloran, vamos a salir adelante”. Así era Roberto Samcam.

Luego las necesarias reuniones clandestinas en San José. Roberto siempre atento al estado de mi familia. Samcam era hombre de familia. Muy “querendón” por eso está junto a Dios. Yo he jurado que la dictadura Ortega-Murillo va a pagar por haber asesinado a Roberto Samcam, también van a rendir cuentas por tantos atropellos y dolor infringido a tantas familias nicaragüenses. No los vamos a perdonar.

Henry Briceño Portocarrero, desterrado y confiscado

Coto Brus, Costa Rica.