Economía China: Imposibilidad y Exclusión

La quimera del mundo unipolar, construida con la caída del Muro de Berlín y la implosión del socialismo, es uno de los tantos globos desinflados que a base de triunfalismo y euforia, fueron creados por los grupos económicos, que desde los paises centrales y aprovechando la  interconectividad y globalización de los mercados, diseminaron, con el éxito que el desarrollo histórico permitió, la idea del fin de las hostilidades socioeconómicas, ideológicas y políticas, idealizando un contexto mundial controlado por las fuerzas del mercado, la democracia representativa y el papel facilitador del Estado.

Pero las barreras construidas para evitar ese idealizado mundo de paz y progreso incontenible, siguieron tan fuertes como antes; a escala global, los desequilibrios de los términos de intercambio, el proteccionismo y la concentración de recursos financieros en manos de un puñado de instituciones controladas por poderosos grupos corporativos, y a nivel regional, la persistencia de los mismos fenómenos del pasado: frágiles modelos democráticos, corrupción mancomunada entre las élites políticas y económicas, primacía de un modelo de desarrollo territorial marcadamente pro urbano y una vergonzosa  distribución del ingreso, que en el caso de Latinoamérica y el Caribe, la ha convertido en la región con el mayor desequilibrio, institucionalizando una enorme brecha generadora de creciente desigualdad económica y depauperación progresiva de grandes masas poblacionales.

La multipolaridad se ha convertido en una de las «canciones» favoritas de la dictadura orteguista, destacando la facilidad de condiciones geoeconómicas para romper los vínculos económicos y comerciales con Estados Unidos; para llevar a la práctica ese sueño sandinista, la dinastía en ciernes, se ha concentrado en profundizar las relaciones comerciales con la República Popular China, segunda economía del mundo, a través de un Tratado de Libre Comercio, que hasta hoy sólo cuenta con un preliminar paso, a través de la firma en julio pasado del Acuerdo de Cosecha Temprana, instrumento que permitirá la identificación de las mercancías de interés mutuo y que eventualmente pudieran ser incluidas en las canastas de intercambio, bajo condiciones arancelarias ventajosas para ambos países. Sin embargo, las declaraciones vertidas por Andrea Pérez Espinoza, especialista nicaragüense en Relaciones Internacionales y militante del oficialismo, publicadas por la revista rusa Sputnik, son elocuentes al afirmar que, el Acuerdo de Cosecha Temprana representa un «acto de confianza» del gobierno chino, afirmando a continuación que dicho Acuerdo, «establece un margen de tiempo que favorecerá a Nicaragua en el aumento de la obtención de insumos como carne bovina, miel, pieles, azúcar y mariscos»; la deriva lógica de tales afirmaciones es que los períodos de tiempo en materia económica no pueden ser reducidos a voluntad, y que más bien exigen condicionalidades, que para el caso de Nicaragua pudieran ser superadas en un horizonte temporal de medio y largo plazo; las diferencias culturales como el idioma, las diferencias horarias y la distancia, son entre otros, elementos desacelerantes para impulsar el intercambio comercial, y si a eso sumamos factores infraestructurales que actúan en la misma dirección, tal como la insuficiente capacidad portuaria en el Pacífico nicaragüense, la reducida oferta agroexportadora de productos frescos con alto potencial, como frutas tropicales diversas, así como productos pecuarios, que tendrían que ser reorientados hacia el gigante mercado asiático, constituyen un escenario bastante alejado del triunfalismo dictatorial.

El Tratado de Libre Comercio Costa Rica-China, después de diez años (2020), alcanzó un valor exportable de $287 millones de dólares, equivalentes a un 2% del total de exportaciones de nuestro vecino del Sur, que contando con una dinámica económica superior a la nuestra: mayor oferta y variedad exportadora, mayor estabilidad económica y política, oferta financiera de mayor flexibilidad hacia los sectores económicos de interés exportador y mejores condiciones de infraestructura relacionados con la logística agroexportable, nos vaticina luces de reducido voltaje, de lo que nos espera ante el ansiado giro radical de nuestro mercado exportador.

La complicación del entramado económico descrito, lo refuerza con creces el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, durante su ponencia ante la 77 Asamblea General de Naciones Unidas el pasado sábado, al afirmar que, «el desarrollo es crucial para resolver cuestiones difíciles y para que nuestros pueblos tengan vidas felices, el desarrollo tiene que ocupar un lugar central en la agenda internacional», a continuación remarcó la posición de su gobierno expresando, «…hay que mantener un enfoque abierto y evitar el aislamiento en la arena mundial, así como abogar por la cooperación y luchar contra la confrontación».

Ubicando en ese contexto a la dictadura sandinista, con una agenda unitemática que consiste en sostenerse en el poder a cualquier costo y que su desempeño económico, aun con la complicidad de la élite económica y la complacencia de una clase política colaboracionista, está lejos de establecer una estrategia de desarrollo económico, y más lejos aún de lograr la paz social, tal a como lo sugiere el canciller chino; la estabilidad sociopolítica y económica necesaria para enfrentar los retos actuales y futuros tanto internos como externos, se tornan un poco más que inalcanzables. Eso lo saben los inquilinos de El Carmen.

Ezequiel Molina  

Septiembre 26, 2022.

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