El gobernador blanco y el dictador mestizo

La crueldad del juego político del gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, quien al amanecer del 25 de Diciembre envió varios autobuses con decenas de migrantes, entre ellos nicaragüenses, del Sur de Texas a la casa de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, en Washington, donde fueron abandonados con temperaturas bajo cero, con vestimentas inadecuadas y acompañados de niños, los que tuvieron que ser auxiliados y rescatados por organizaciones de ayuda humanitaria, pareciera complementarse con el odio que el dictador Ortega tiene para sus connacionales; tampoco es remoto considerar que la fuerza de la inhumana triada dictatorial Díaz-Canel, Maduro y Ortega facilite que trogloditas como Abbott, a sabiendas que ninguno de los tres sanguinarios dictadores reclamarán por el trato dado a los migrantes, y que más bien en un evidente acto de barbarie obligan a miles de personas a huir de sus propios países, con la seguridad que eso les agenciará dos grandes beneficios: deshacerse de opositores, activos o potenciales, y recibir dólares frescos en calidad de remesas, las que servirán para dinamizar la economía y cubrir las necesidades que sus desgobiernos son incapaces de suplir.

El caso de Nicaragua es el más patético de todos, y esto pudiera obedecer a dos factores que Cuba y Venezuela no poseen; el primero es la virtual política pública sandinista de convertir el país en zona de rechazo de sus propios habitantes, aunque debemos recordar que ésta es una práctica sandinista con antecedentes históricos, cuando unos 12 mil pobladores misquitos fueron expulsados hacia territorio hondureño en la década de los 80, y miles más de nicaragüenses se vieron obligados a huir de la represión y del Servicio Militar Obligatorio (SMO); el segundo factor relevante es la cercanía demográfica de Nicaragua con Estados Unidos en virtud de las decenas de miles de nicaragüenses que iniciaron el éxodo hacia el país del Norte, primero con la caída de la dictadura somocista, después durante la dictadura sandinista, y que dicho flujo migratorio continuó con el desplome de la primera dictadura sandinista a inicios de los años 90, convirtiendo a miles de nicaragüenses en ciudadanos o residentes permanentes de Estados Unidos, los que evidentemente apoyan a parientes y amigos para que puedan trasladarse y establecerse, en muchos casos sin considerar el retorno a Nicaragua.

El incesante, masivo y amplio flujo migratorio de nicaragüenses hacia el exterior alcanza niveles nunca antes vistos, ello se refleja en las últimas cifras proporcionadas por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, quienes reportan casi 60 mil nicaragüenses detenidos por las autoridades fronterizas en sólo dos meses (Octubre y Noviembre 2022), cifra superior a los 50,722 nacionales detenidos en el período de un año (Septiembre 2021-Septiembre 2022). Esta avalancha migratoria amenaza a Nicaragua con un deterioro productivo de las actividades agrícolas, industriales y de servicios; pareciera que el país se dirige hacia una dependencia estructural de las remesas y el creciente endeudamiento externo. Pero la amplitud de la emigración está referida a que no sólo se trata de migrantes económicos u opositores al régimen; según pesquisas realizadas en varias ciudades del país, principalmente en Masaya, los llamados Pueblos Blancos y los núcleos urbanos de la Meseta de los Pueblos, cada día se suman más reconocidos militantes sandinistas, hijos de éstos y paramilitares, a la fuga masiva en busca de otros horizontes; ¿desencanto?, ¿decepción?; no lo sabemos, pero seguramente los estudiosos lo definirán en su momento.  

De lo que si estamos seguros es que el dictador Ortega enfrentará un aciago panorama en 2023, muy a pesar de los más de 40 mil hombres oficialmente armados que le protegen y defienden, además de las fuerzas paramilitares que están prestas a cualquier llamado para integrarse a cualquier tarea de represión que les sea encomendada; éstas podrían debilitarse ante cualquier escenario imprevisto como podría ser la salida parcial de Nicaragua del Tratado de Libre Comercio (DR-CAFTA), el bloqueo al acceso de fondos de las principales fuentes financieras e impulsoras del régimen (BCIE, BID, FMI, BM), o el persistente fracaso de las promesas de ayuda de China y Rusia; pero la principal fuente de peligros, y la más volátil, seguirán siendo los cerca de 250 reos políticos que mantiene en sus mazmorras, y los más de 6 millones de nicaragüenses que podrían ver colmada su paciencia frente a los abusos, la represión y el alto costo de la vida.

El gobernador Abbott, podrá seguir rechazando migrantes, alentado por sentimientos supremacistas o de otro orden, y puede que ello le ayude en su proyección política; pero Ortega nos sigue demostrando que su desprecio por mestizos e indígenas, que son la mayoría de nicaragüenses, supera a cualquier supremacista blanco; es otra de sus facetas que lo ubican en un nivel de afectación a su sanidad mental, y es que su comportamiento en general lo hace altamente sospechoso; al final puede que su carrera de dictador no termine como es de esperarse, y más bien se extinga en una institución mental. El tiempo lo dirá.

Ezequiel Molina

Diciembre 27, 2022

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