El panorama 2023 para el régimen Ortega-Murillo

*Por Echo25

2023 traerá consigo importantes desafíos globales, y el régimen Ortega-Murillo cuenta con una de las configuraciones de poder más vulnerables, considerando el creciente costo que supondrá el resguardo del estatus quo en Nicaragua. Con alianzas internacionales cada vez más incapaces diplomáticamente y en franco declive económico, el régimen sandinista ha colocado a Nicaragua en línea con regímenes extensivamente cuestionados y cuya propia continuidad se encuentra en riesgo en el largo plazo.

La Endeble Institucionalidad Dictatorial y su Elevado Costo

Si bien la dictadura en Nicaragua mantiene un control político y social con el que otros autócratas solo sueñan, uno de los principales desafíos que la dictadura enfrentará en 2023 estriba en mantener dicho control. El Carmen sabe que, a diferencia de los regímenes de Cuba y Venezuela, su aparato estatal no cuenta con el nivel de consolidación institucional que sí tiene la dictadura en Cuba, y más importante todavía, no tiene las fuentes de ingresos que sí tiene el régimen de Maduro en Venezuela. En su lugar, la dictadura en Nicaragua se apoya en una endeble institucionalidad prebendaria. Es decir, no existen ni los mantras ideológicos ni los niveles de adoctrinamiento que podrían mitigar el riesgo de un colapso masivo o incrementar la tolerancia a los fracasos del mando autocrático, siendo que estos se vuelven cada vez más visibles.

Si consideramos que 2023 está enrumbado a ser el primer año de una posible recesión, es de esperar que las fracturas institucionales sean no solo cada vez más evidentes sino más estructurales, al tiempo que la dictadura vea mermada su capacidad clientelar, diezmada ahora por la galopante inflación (11.9% en 2022). Es de esperarse que cada vez más colaboradores esenciales del régimen hagan cálculos para salvar sus propios intereses, y en secreto al inicio y públicamente después deserten, lacerando la credibilidad interna del régimen en el proceso. Esto sin contar las crecientes presiones incluso ético-religiosas que suponen para los pocos sandinistas que perviven en el país presenciar las incesantes restricciones contra toda y cualquier forma de institución social fuera del control dictatorial.

El Modus Operandi como Debilidad Estratégica

Al momento de escribir estas palabras existen amplias protestas en Venezuela, presionando incluso desde el mismo chavismo por el incremento de salarios y una mayor apertura democrática. Participan en esas protestas, incluso sindicatos tradicionalmente controlados por el chavismo dentro de los sectores de educación pública, transporte, y hasta de PDVSA. Esto con el hostigamiento de los colectivos que fungen como grupos de choque con el amparo de los servicios de seguridad. A pesar de esto, la evaluación del riesgo percibido permite a la ciudadanía venezolana salir a las calles a protestar con algún grado de certeza de que no serán encarcelados o asesinados. El régimen de Maduro, no menos criminal que el de Ortega-Murillo, y aunque cuenta con considerablemente mejores capacidades de represión, espionaje, y control social, no reprime a disidentes y opositores con la extrema intolerancia que se atestigua en Nicaragua. De forma más o menos similar, en Cuba, aunque existen inaceptables niveles de represión y persecución contra disidentes, todavía se escuchan potentes voces críticas desde dentro de la isla.

En el caso de Nicaragua, la inmoderación represiva del régimen le ha llevado a adoptar una estrategia de tolerancia cero a cualquier forma de discrepancia, ni hablar de disidencia o abierta oposición. Es justamente esa inmoderación represiva lo que está generando un rápido desgaste en la capacidad de ejercer por tiempo indeterminado la intimidación psicológica masiva necesaria para preservar el control autoritario de país. 2023 podría ser el año en que esa lógica represiva deje ver fracturas cada vez más significativas dentro del aparato sandinista, y es que tarde o temprano los seres humanos se adaptan y aprenden a gestionar el riesgo percibido incluso en ambientes altamente opresivos.

Política Exterior de Estados Unidos

Las sanciones de Washington al sector minero de Nicaragua tienen también un componente orientado a dejar claro a la dictadura Ortega-Murillo que van a seguir una lógica de desgaste económico y limitación en el acceso a fuentes de ingresos. Es de esperar que, en 2023 Washington continúe expandiendo la severidad y alcance de las sanciones. Las crecientes presiones sobre las exportaciones de oro, que han sido ya señaladas de constituir un esquema de reexportación de oro extraído ilegalmente de Venezuela, podrían mermar la confianza de los inversionistas que actualmente operan en el país, especialmente si las sanciones empiezan a alcanzar otros sectores, como mercados financieros y otras exportaciones.

2023 con Menos Amigos

La política exterior es el eslabón más débil de la dictadura, y es que esta no ha sido capaz de unirse a la parcial vuelta a la izquierda de la región, para celebrar en las mesas de Petro, Boric, AMLO, y especialmente Lula da Silva.

El eje de la izquierda a la que está adscrito la dictadura Ortega-Murillo forma parte de una hambreada coalición marginada incluso por la propia, aunque un poco más democrática, izquierda latinoamericana. Ortega y Murillo están conscientes de que el bloque del cual forman parte junto con Cuba y Venezuela se encuentra profundamente desprestigiado, hasta el punto de que otros presidentes de izquierda en la región, como Boric, Petro, y hasta el recientemente depuesto Castillo en Perú, han marcado distancia del gobierno sandinista. Petro ha dejado claro que existen clara desavenencias con el régimen, debido a su empecinamiento con retener el poder por cualquier medio. López Obrador, aunque con sus propias tentaciones autocráticas, no es capaz de “quemarse” con tan malas amistades. Y probablemente lo que más ha lastimado la sensibilidad simbólica del régimen ha sido el inmediato y claro rechazo del presidente Lula da Silva. Así, Ortega y Murillo se han convertido en un símbolo de desprestigio, violencia autoritaria, y corrupción con el que ni sus correligionarios regionales desean ser asociados.

Economía

Según proyecciones de Banco Mundial (04/10/22) se espera que la desaceleración de la economía nicaragüense llegue a 2%, en contraste con el 4.1% en 2022, en concordancia con la desaceleración económica mundial.

Cifras de inflación indican que Nicaragua ya tiene los niveles más altos de Centroamérica (11.9%), también el nivel más alto en el país desde 2008, según datos del Banco Mundial. Esto inevitablemente llevará a una disminución del consumo, siendo que además el porcentaje de desempleo estimado se encuentra en pleno crecimiento desde 2017. Es previsible que estos factores, aunados con la propagación de las expectativas de un incremento continuo de la inflación disparen la misma a nuevos niveles, lo cual ejercerá crecientes presiones sobre la dictadura Ortega Murillo.  

Probablemente el indicador más iluminador sea de migraciones, y es que tan solo en 2022 4.9% de la población de Nicaragua abandonó el país. Esto más que indicar el deseo de nuevas aventuras, señala una creciente pérdida de confianza acerca del futuro del país y las opciones para tener una vida decente.

Por una parte eso podría entusiasmar las ansias del régimen por captar más ingresos por vía de remesas, sin embargo una de las principales preocupaciones de El Carmen va en dirección de la previsible y dramática reducción de exportaciones oro, tanto por vía de las recientes sanciones de Washington a dicho, pero también porque el negocio de triangulación o reexportación del oro ilegalmente extraído en Venezuela y otros países nebulosos, anuncian una inevitable reducción de la actividad económica del país.

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