El poder o la muerte

*Por Oscar-René Vargas | 10 de junio de 2021.

La serpiente es más peligrosa cuando se ve acosada.

1.        El propósito del régimen Ortega-Murillo es uno solo: permanecer en el poder (el poder o la muerte). Puede hacer concesiones para lograr ese propósito; pero concesiones que no pongan en riesgo ese objetivo central. Por lo tanto, actúa como si fuese eterno, la de una vocación de poder inmune. Con ese objetivo ha convertido al país en un territorio custodiado por las unidades militares, policiales y paramilitares favorables su permanencia en el poder.

2.        Es un régimen que combina la política, la represión indiscriminada y selectiva, el sistema judicial (jueces y fiscalía), la persecución a los periodistas independientes y a los defensores de los derechos humanos y utiliza a los medios de comunicación bajo su control para tratar de vender la idea que se está defendiendo de una conspiración extranjera que busca como impulsar un nuevo “golpe de estado”.

3.        No es que las sanciones no le importan; le importan y mucho, pero no lo suficiente como para entregar el poder o como para irse al exilio. Por supuesto que las presiones sobre el régimen pueden arrancar algunas concesiones, pero no está dispuesto a considerar siquiera la posibilidad de irse como resultado de amables conversaciones diplomáticas, aunque tenga como telón de fondo a mayores sanciones a particulares. Las únicas sanciones que le puede hacer cambiar de idea serían sanciones económicas concretas ya que afectaría potenciando negativamente las cinco crisis (económica, social, política, sanitaria e internacional).

4.        En la clase dominante y la comunidad internacional ha habido cierta lentitud en entender que el régimen cambió de naturaleza política y se transformó en una dictadura dispuesta a caerle a garrotazos a sus adversarios, los aprisionan, torturan, persiguen, exilian o matan, según las necesidades.

5.        Es más, Ortega ha construido su propia oposición zancuda a lo largo de los años. No es solamente, como se suele decir, gente comprada –que también hay–, sino que incluye a dirigentes y poderes fácticos que estiman que el régimen llegó para quedarse y que no hay más remedio que convivir con él, aceptando el “orteguismo con Ortega”.

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